Ni
el “voto no positivo” de Cleto el 17 de julio de 2008 en contra
de la Resolución 125 ha logrado superar esta debacle con punto
hacia el final.
El jueves pasado, cuando a las 18.23 hrs. la diputada justicialista disidente
Graciela Caamaño solicitó a su par Lidia
Satragno comenzar la sesión, aún sin la presencia
del Frente para la Derrota,
estos diputados arriados por Néstor Kirchner decidieron entrar
al recinto y debieron cumplir con el acuerdo entre Agustín Rossi
y los jefes opositores sobre el nombramiento de autoridades de la Cámara
y la conformación de las Comisiones con mayoría opositora.
Todo
conducía, antes de la pateada al tablero del pretenso tirano, a
cumplir a respetar el acuerdo interbloques sobre los miembros de la Cámara
Baja. Pero la irracionalidad de Kirchner echó todo lo pactado para
atrás y llevó a las puertas del colapso institucional que
hubiera surgido de la votación lisa y llana de los 143 diputados
que esperaron sentados una hora y media para comenzar la sesión.
Ésa
es la misión de Kirchner en su incómoda banca entre 253
restantes; no logra interpretar que la historia política ha cambiado
desde el 28 de junio y que de ahora en más existirá un cogobierno
entre el Ejecutivo (ejercido por su secretaria marital) y el Congreso
de la Nación, mal que les pese.
La nueva mayoría tuvo la
grandeza de respetar el acuerdo preexistente antes que Kirchner pateara
el tablero y eligieron autoridades de la Cámara y de las Comisiones
en orden a lo acordado bajo palabra antes del caos pretendido por el régimen.
Poco
les queda para gobernar como lo han hecho durante estos seis años
y medio.
Se
acabó el “dedo del rey” o
de la “princesa” para dictaminar
las normas que regirán en la Argentina.
Como después de Caseros
en 1852, dependerá de la racionalidad democrática que la
Argentina renazca.
No
será tarea fácil, pero será tarea patriótica.
En ellos está nuestro futuro.
Que no lo desperdicien.
Humberto Bonanata
Buenos Aires, Diciembre
06 de 2009
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