El
pasado jueves, tras la exposición en la Comisión de Asuntos
Constitucionales de la Dra. Mercedes Marcó del Pont, quien puede
ser criticada por haber incurrido en supuestos delitos por los cuales
fue denunciada, expuso su criterio justificativo del supuestamente ilegal
acatamiento al D.N.U. que la secretaria de Kirchner clavó como
puñal en las espaldas de la Asamblea Legislativa que comenzaba
su período ordinario de sesiones.
La crédula oposición
creyó que al día siguiente en el recinto los 37 senadores
no sólo darían quórum sino que votarían con
disciplina castrense. No supieron, no pudieron o no quisieron imaginar
que el aparato del gobierno movería sus tentáculos para
convencer voluntades que cambiaran las mayorías y aseguraran el
rechazo a través del cambio de opinión de la peronista independiente
Roxana Itatí Latorre y de la rionegrina –comprovinciana de
Pichetto- María José Bongiorno.
Esa decepción componedora
de la oposición llevó al Senador Carlos Menem a exaltar
las virtudes culturales de Marcó del Pont y a adelantar su eventual
abstención en la votación del miércoles.
“Nos perdonaron la vida,
se lamentaba un importante miembro del peronismo federal. Si hubieran
bajado las dos cambiantes legisladoras hubieran contado con quórum
y con 38 votos para confirmar el pliego de la Presidente del Banco Central.”
Murmuraba con bronca e impotencia.
Mientras tanto el jefe de bloque
radical, Gerardo Morales, dio la cara en nombre del conjunto y advirtió
que hasta fines de este gobierno deberemos acostumbrarnos de los cambios
de números, según fuera el tema a tratar. Tan ciertas son
estas palabras como las maniobras que realizará Néstor Kirchner
para “poner un palo en la rueda” en las mayorías opositoras
de ambas cámaras.
¿Quién puede creer que la dispersión
parlamentaria puede servir para un efectivo funcionamiento institucional?
Y ésta será la política
del régimen: destruir los mecanismos parlamentarios como medio
de contralor a las tropelías que sigan naciendo de la turbada mente
de Olivos. Sabemos todos que la palabra “instituciones” nunca
fue conjugada en estos casi siete años de despotismo no ilustrado
y que a través de ello avasallaron las garantías constitucionales
de los poderes independientes, o que quisieron pero no pudieron serlo.
Otro frente de batalla del déspota
es el Poder Judicial. Las barbaridades fluidas de boca de la mujer de
Kirchner no sólo fortificaron a la histórica corporación
sino que amalgamaron rechazos de todas las entidades ligadas al derecho.
La Iglesia no quedó atrás
y pidió bajar los improperios oficiales contra los dos poderes,
hoy independientes.
Y qué mencionar de la inflación
de la canasta básica alimentaria, -la más alta en los últimos
ocho años- que analistas privados ya proyectan en un 35% para este
año y agrupaciones gremiales ya reclaman esa cifra para firmar
sus convenios colectivos.
Detrás…muy
detrás, está la gente, como dice Serrat.
Cuanto
más baja institucionalidad, más poder fuego del kirchnerato.
Cuanto
más kirchnerato, más disgregación nacional.
Agua
y ajo…y a no bajar los brazos que sólo faltan 19 meses para
octubre de 2011. Ya hemos soportado casi 82.
Humberto Bonanata
Buenos Aires, Marzo 14
de 2010
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