Editorial
 
-Aprender de los errores; deponer la soberbia
Por Humberto Bonanata

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Cuando hace veinte días la oposición del Senado logró imponer su número mayoritario de 37 legisladores para establecer las mayorías en las Comisiones de Estudio del cuerpo, muchos de ellos pueden haber creído que tras esa meta, el futuro sería una comunidad dentro de la heterogeneidad de esa mayoría circunstancial, que aunque se repetirá y se superará en varios temas, no procede de un criterio monolítico ideológico, sino de un arca meramente opositor al régimen.

 
El pasado jueves, tras la exposición en la Comisión de Asuntos Constitucionales de la Dra. Mercedes Marcó del Pont, quien puede ser criticada por haber incurrido en supuestos delitos por los cuales fue denunciada, expuso su criterio justificativo del supuestamente ilegal acatamiento al D.N.U. que la secretaria de Kirchner clavó como puñal en las espaldas de la Asamblea Legislativa que comenzaba su período ordinario de sesiones.

La crédula oposición creyó que al día siguiente en el recinto los 37 senadores no sólo darían quórum sino que votarían con disciplina castrense. No supieron, no pudieron o no quisieron imaginar que el aparato del gobierno movería sus tentáculos para convencer voluntades que cambiaran las mayorías y aseguraran el rechazo a través del cambio de opinión de la peronista independiente Roxana Itatí Latorre y de la rionegrina –comprovinciana de Pichetto- María José Bongiorno.

Esa decepción componedora de la oposición llevó al Senador Carlos Menem a exaltar las virtudes culturales de Marcó del Pont y a adelantar su eventual abstención en la votación del miércoles.

“Nos perdonaron la vida, se lamentaba un importante miembro del peronismo federal. Si hubieran bajado las dos cambiantes legisladoras hubieran contado con quórum y con 38 votos para confirmar el pliego de la Presidente del Banco Central.” Murmuraba con bronca e impotencia.

Mientras tanto el jefe de bloque radical, Gerardo Morales, dio la cara en nombre del conjunto y advirtió que hasta fines de este gobierno deberemos acostumbrarnos de los cambios de números, según fuera el tema a tratar. Tan ciertas son estas palabras como las maniobras que realizará Néstor Kirchner para “poner un palo en la rueda” en las mayorías opositoras de ambas cámaras.

¿Quién puede creer que la dispersión parlamentaria puede servir para un efectivo funcionamiento institucional?

Y ésta será la política del régimen: destruir los mecanismos parlamentarios como medio de contralor a las tropelías que sigan naciendo de la turbada mente de Olivos. Sabemos todos que la palabra “instituciones” nunca fue conjugada en estos casi siete años de despotismo no ilustrado y que a través de ello avasallaron las garantías constitucionales de los poderes independientes, o que quisieron pero no pudieron serlo.

Otro frente de batalla del déspota es el Poder Judicial. Las barbaridades fluidas de boca de la mujer de Kirchner no sólo fortificaron a la histórica corporación sino que amalgamaron rechazos de todas las entidades ligadas al derecho.

La Iglesia no quedó atrás y pidió bajar los improperios oficiales contra los dos poderes, hoy independientes.

Y qué mencionar de la inflación de la canasta básica alimentaria, -la más alta en los últimos ocho años- que analistas privados ya proyectan en un 35% para este año y agrupaciones gremiales ya reclaman esa cifra para firmar sus convenios colectivos.

Detrás…muy detrás, está la gente, como dice Serrat.

Cuanto más baja institucionalidad, más poder fuego del kirchnerato.

Cuanto más kirchnerato, más disgregación nacional.

Agua y ajo…y a no bajar los brazos que sólo faltan 19 meses para octubre de 2011. Ya hemos soportado casi 82.

Humberto Bonanata

Buenos Aires, Marzo 14 de 2010

 
 
 
 
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