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porque confluyen en el mismo mecanismo de la “guerrilla comunicacional”
del dictador petrolero Hugo Chávez y encienden una llama que todos
sabemos como comienza pero nadie como puede terminar.
Cuando
Manfred Schôenfeld, uno de los periodistas
más prestigiosos, valientes y honorables que nos brindara el diario
La Prensa en la segunda mitad del siglo pasado supo criticar la interna
del poder militar de principios de los ochenta que culminara con
“la gran Viola” para separar de su cargo al
presidente de facto de entonces, Roberto Viola, recibió como respuesta
de los alienados de entonces un manoplazo que destrozó su cara.
Recuerdo la tibia reacción
de pocos de sus colegas al reivindicar el derecho a informar la verdad
por encima de la dictadura. Muchos jóvenes no habrán conocido
su nombre y acudirán a sus mayores para preguntarles quién
fue el periodista que con mayor valor enfrentó ciertos desquicios
del proceso.
Y
hoy, treinta años después, vemos como una enferma de odio
acompañada por el decadente poder de turno confluye en los mismos
mecanismos de aquella etapa oscura, con el agravante que el lanzamiento
de las “guerrillas comunicacionales”
chavistas y el amparo explícito de los Kirchner dividen bajo una
profunda grieta de eventuales enfrentamientos a la sociedad argentina.
Tanto es así que luego de
la aprobación en el Senado por unanimidad del Proyecto de Declaración
de repudio a estos mecanismos persecutorios, no se logró un proyecto
unívoco en la Comisión de Libertad de Expresión de
la Cámara de Diputados.
La
caradurez y soberbia (por ahora sólo dialéctica y no armada)
al tratar de justificar lo injustificable: “repudiar un acto de
libertad de expresión es coartar la libertad de las “madres”
en su acto de “juicio a los periodistas opositores” (Dante
(a) “El Canca” Gullo dixit. caracteriza fielmente
la raíz ideológica del régimen.
El miércoles el plenario
de la Cámara baja tratará los dos dictámenes; el
de mayoría que repudia ese acto y el de minoría que lo convalida.
Seguramente, otra vez volverá a triunfar el sentido común.
No
queda al margen de esta sistemática persecución “operación
desgaste” llamada por el kirchnerismo contra el Vicepresidente de
la Nación, Julio César Cleto Cobos.
Desde los incumplimientos en la palabra empeñada en la Comisión
de Labor Parlamentaria por parte de Miguel Pichetto hasta las pequeñas
miserias humanas que Kirchner les ordena a sus legisladores, la consigna
de la hora es evitar que el Congreso de la Nación funcione para
desgastar a los legisladores opositores como ineficientes e incumplidores
de la palabra empeñada con la ciudadanía el 28 de junio
pasado.
A pesar de ello, y de la exigua
diferencia numérica en el Senado de la Nación nadie que
no viva las angustias in situ logrará valorar esta difícil
tarea.
Como
muestra de ello, el miércoles pasado fracasó la sesión
en Diputados porque Vilma Ibarra y Martín Sabatella
llegaron minutos después de caída la sesión por falta
de número e impidieron la segura aprobación de la media
sanción venida del Senado respecto a la coparticipación
del impuesto al cheque.
De estos personajes no debe olvidarse
la ciudadanía a la hora de votar. De aquellos que por millones
de razones entregan su alma y honor… ¿honor? por treinta
monedas.
Como
bien dice Elisa Carrió “es muy difícil
salir del fascismo”. “Debemos vencer con nuestra
perseverancia los oprobiosos tentáculos de la caja oficial.”
Saber esperar sin bajar los brazos
es la consigna ciudadana.
Alegrarse
con las victorias y aprender de las derrotas traicioneras (vgr. Carlos
Menem) será la consigna que estudiará la historia en las
puertas del Bicentenario.
Humberto
Bonanata
Buenos
Aires, Mayo 02 de 2010
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