Se
acerca el Bicentenario que refleja nuestra triste realidad como Nación.
Rivadavia
que renuncia a la primera presidencia luego de entregar la Banda Oriental
al Brasil y ordena pagarle los gastos del conflicto, a pesar que durante
la gobernación de Manuel Dorrego y bajo la comandancia militar
de Carlos de Alvear obtuvimos un triunfo; su fusilamiento por parte de
las tropas de Lavalle que luego sería vencido por Rosas e instauraría
durante 29 años la primera tiranía en nuestro territorio;
la Batalla de Caseros en manos del libertario Urquiza, la Carta Magna
que nos legara Juan Bautista Alberdi en 1853/60…el intelectual más
preciado de nuestra pobre historia bicentenaria…
Las
presidencias conservadoras de Roca, Sáenz Peña, Sarmiento,
Pellegrini que forjaron las bases fundacionales de una República
abierta al mundo de la ilustración y la inmigración europea
que nos legara las bases de nuestra nacionalidad….
Las
revoluciones radicales que lograron la libertad y apertura del sufragio
secreto y obligatorio y la incorporación de las clases medias como
pilar del sacrificio y el crecimiento de la escala social en base al esfuerzo…
El
centenario que coronaba el futuro de una Nación próspera
que crecía inserta en un mundo civilizado…
La
presidencia de Marcelo T. de Alvear como representación de un país
amante de la libertad y enemigo de los totalitarismos de entonces (fascismo,
nazismo y stalinismo)…
La
ruptura sustancial del orden constitucional por parte del nefasto Uriburu
que reflejaba las tendencias totalitarias que arrasarían a Europa
y que denostaban todo aire de libertad y democracia plena…
El
nacimiento del peronismo desde el Grupo de Oficiales Unidos (G.O.U.) comandado
por el Cnl. Juan Perón junto al golpe de Estado de 1943 y que recogería
del viejo continente los resabios de la “Carta del Lavoro”
e instauraría y mezclaría las mentiras del populismo junto
a la justicia social hasta entonces postergada para la clase obrera…
El
golpe cívico militar llamado “Revolución Libertadora”
que terminó defraudando a la mitad de la ciudadanía y no
nos liberó de ninguno de nuestros pecados cívicos…
La
Presidencia de Frondizi, ahora estadista post-mortem, que no supo amalgamar
la intelectualidad civil y la soberbia de muchos jóvenes universitarios
de entonces que lo acompañaran frente a las constantes asonadas
militares…
La
Presidencia de un demócrata como Arturo Umberto Illia que nació
con fecha de muerte ante el pacto Onganía-Vandor fagotizado por
Perón desde España con la infausta creencia de instaurar
el neofranquismo de 20 años, asesinato de Aramburu incluido…
La
supuesta reinstauración democrática de la década
del setenta que ensangrentó a miles de hogares argentinos en una
guerra fratricida que el tiempo y la historia reconocerá como la
“guerra de los dos demonios”…
La
Guerra de Malvinas que nos motivara la noble nacionalidad como pueblo
ante un turbio motivo de persistencia por parte de un General etílico
y que echara por la borda la vida de 743 argentinos y los logros obtenidos
en 1965 ante la O.N.U. por la Resolución 2065, en manos del entonces
canciller radical Miguel Ángel Zabala Ortiz por la que se ordenara
a Gran Bretaña a parlamentar con la Argentina sobre los derechos
soberanos en el archipiélago…
La
vuelta a la democracia que vivimos en 1983, de la mano de Raúl
Alfonsín, con la creencia ilusoria de que sólo con ella
nos educábamos, podíamos comer y vivir libres de la delincuencia
que mata antes de robar…
La
década de 1990 que nos ilusionó con la estabilidad –tantas
veces perdida-, que destrozó las ideas puras del liberalismo social,
que destruyó los ferrocarriles, desertificó pueblos, entregó
el petróleo valorado por el Grl. Enrique Moscón durante
la presidencia de Irigoyen y ahora es sospechado jurídicamente
del tráfico ilegal de armas a Ecuador vía Croacia y de la
eventual voladura del pueblo de Río Tercero para borrar pruebas
del presunto delito…
Del
interregno de 740 días de Fernando De la Rúa condicionado
por la bomba de tiempo dejada por su antecesor, por su propia ineficiencia,
por los condicionamientos externos del F.M.I. en la persona de Anne Krueger
quien hubiera obviado sus métodos ortodoxos tanto en Estados Unidos
en 2008 como en la Europa actual para evitar la implosión que nos
ocasionó en
2001, acompañada por el afán golpista de Eduardo Duhalde
para alcanzar el poder que no logró en las urnas y pesificar asimétricamente
las deudas de los grandes grupos empresarios a través de su “corralón”.
Y
ahora vayamos a la “maldición del espejo roto”
(por los siete años del régimen) que perdurará
hasta fines de 2011.
Como
corolario de su entrega patriótica “Duhalde hizo a Kirchner”,
el mismo monstruo que hoy trata de destruir.
El
ex abogado del Banco Regional Patagónico que habría hecho
su fortuna personal durante el proceso militar que tanto persigue junto
a su esposa-secretaria, hizo honor a su abuelo y no dudó en ejecutar
créditos hipotecarios de aquellos que no lograban sobrevivir al
rodrigazo y a la Circular 1050 de Martínez de Hoz.
Su
hipócrita “militancia inmobiliaria”
lo llevó a exiliarse en Santa Cruz junto con su procuradora –aún
no sabemos si abogada- Cristina Fernández para gozar de los infortunios
de sus deudores ejecutados…
Quizás
la maledicencia de Néstor Kirchner y el resentimiento a su oscuro
pasado lo hayan llevado a sobreactuar en materia de Derechos Humanos de
la guerra civil que padeció la Argentina en los setenta. No defiende,
en cambio, los mismos derechos de los niños que mueren antes de
cumplir sus primeros cinco años de edad como los de los viejos
que no pueden comprar medicamentos imprescindibles par su supervivencia.
Tampoco
defiende los derechos humanos de quienes al salir de nuestras casas no
sabemos si regresamos y en caso afirmativo cómo lo hacemos.
No
defiende los derechos humanos de los miembros de las fuerzas de seguridad
que son procesadas cuando abaten a un delincuente…
No
defiende los derechos humanos de los jóvenes que sin porvenir caen
bajo el cáncer de la droga y sale a robar y matar para seguir drogándose.
El
kirchnerato pasará a la historia como el responsable material de
la degradación cultural del pueblo argentino, nó por inacción
sino por haberla permitido y hecho de ella su base de sustentación
hegemónica. (Ver “La Degradación
Cultural” Editorial dominical de “La Nación”
del 28 de febrero de 2010).
Esa
degradación cultural, social y moral que sirve
a todo régimen autoritario para afianzar su dominio sobre los sujetos
pasivos de su clientelismo.
El
relativismo social fue su base de sustentación para ejecutar un
plan paralizante sobre la sociedad argentina que, aún con 200 años
de historia, sólo se une en las guerras o en los mundiales de fútbol.
Fomentó
este régimen el individualismo, la indiferencia y el egoísmo
por sobre la solidaridad,
La
mentira y el populismo sobre la diversidad ideológica.
La
rapiña de algunos de sus funcionarios que ya ha comenzado a ser
analizada por la justicia que se anima a ser independiente.
La
crispación gubernamental ante las críticas opositoras.
La
crispación de una sociedad dividida que en las urnas del 28 de
junio de 2009 comenzó a decirles basta.
Recordemos
que el campo sólo dijo basta cuando atacaron su fibra íntima,
ya que los reeligió masivamente en 2005 y 2007 y al sentirse defraudados
y luego acompañados en su justa lucha por la ciudadanía
toda y por el “voto Cleto” entendió
“in fórceps” que la vieja oligarquía vacuna
era parte de la historia del centenario.
El
abogado, economista y comandante del Ejército del Norte, Manuel
Belgrano supo decir que “todo pasa por la educación”.
Claro que como inversión a larga data sólo Sarmiento supo
tomarla como política de Estado sin cálculos inmediatos
y mezquinos y con criterio de estadista tan lejano a los ocupantes del
poder en los últimos cien años.
Y
como muestra de la clase política argentina actual la disputa entre
dos personas electas por el pueblo que demuestra la distancia entre sus
investiduras con la madurez que exige una democracia plena.
Tanto
Macri como la mujer de Kirchner demostraron no estar a la altura de las
circunstancias que les exigen tácitamente sus mandantes al otorgarle
el voto de confianza depositado en las urnas.
La
ausencia de la primera dama a la velada de gala que reinaugura nuestro
Teatro Colón por sentirse ofendida por el demérito de el
procesado Jefe de Gobierno hacia Néstor Kirchner refleja con nitidez
la incultura cívica de dos tilingos.
Lo
mismo sucede ante la no invitación al Vicepresidente de la Nación,
Julio Cobos, a la cena de gala del 25 de mayo por no considerarlo parte
de este desgobierno. Aunque no les guste Cobos es tan legítimo
en su cargo como Fernández de Kirchner y son tan poco diplomáticos
en tratar de ignorarlo que lo único que hacen es potenciar su figura
política.
Así
estamos en la Argentina del Bicentenario, con perdón a Saavedra,
Moreno y otros patriotas.
Es
lo que hay…
¿Hay
algo para festejar en serio?
Humberto
Bonanata
Buenos
Aires, Mayo 23 de 2010
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