Acostumbrados
al ejercicio de la democracia interna, vencedores y perdedores fueron
los primeros en bajarle el tono a la disputa electoral y relativizar el
comicio al ámbito bonaerense recalcando que las internas abiertas
conforme a la ley vigente recién sucederán en agosto de
2011.
Rápido de reflejos, el peronismo
federal necesitaba “la foto” de unidad que los reuniera a
todos los presidenciables de ese arco ideológico como directo mensaje
a Néstor Kirchner. Cierto que aquí las cosas no resultan
tan claras.
Todos quienes “posaron para
el mensaje” saben que sólo habrá internas en el peronismo
si Kirchner está seguro de ganarlas, más que con el aparato
punteril con la soberbia de la caja. Vendidos siempre hay y lo que aquí
no falta es capital.
Por ello los peronistas federales
preparan su juego electoral por fuera del partido a sabiendas que el electorado
presidencial volverá a dividirse en tercios.
Claro que esa foto tuvo su costo
político. No supieron, no pudieron o seguramente no quisieron invitar
a Macri. Todos sabemos que si bien el Jefe de Gobierno es afiliado al
PRO –partido que creara en 2002-, fue socio de ese grupo disidente
en las pasadas legislativas del año pasado.
Dicen los que saben que la no invitación
tuvo como mensaje testear a los dirigentes del PRO sobre su incorporación
al grupo, hecho que de producirse desintegraría al centro derecha
machista si Macri no acepta ser “cola de león” y deponer
sus deseos presidenciales.
¿Alguien puede imaginar
cómo se sentiría un afiliado del PRO acompañando
el espacio de Duhalde o Rodríguez Sáa?... ¿Alguien
puede imaginar cómo se sentiría Macri debiendo concurrir
solo con el PRO a comicios presidenciales?
Sin dudas que hoy nadie tiene estas
respuestas, ya que la dinámica de la política, y más
con la debilidad institucional de la Argentina, puede llevar entrecruzados
diversos dirigentes de todos los sectores no kirchneristas…Como
también puede “kirchnerizar” por el rigor de la caja
a virulentos oponentes de hoy.
Algo para destacar de las dos principales
oposiciones: hasta la semana pasada muchos comentaban que la tan preciada
unidad parlamentaria no pasaba de allí. Que el Congreso era el
límite de proyectos comunes y que no serían capaces de proyectarse
en bloques opositores con destino de triunfo en las elecciones de 2011.
Nada más lejano de ello.
Ambos tienen vocación de
triunfo y vocación de poder.
Ese halo de esperanza confirma
dos cosas: la fecha de vencimiento del régimen y la gobernabilidad
del futuro gobierno con el apoyo de más del 70% del electorado.
Y en la Argentina de hoy, eso no
es poco.
Humberto Bonanata
Buenos Aires, Junio 13
de 2010
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