Editorial
 
-Kirchnerismo maradoniano
Por Humberto Bonanata

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Durante 21 días el pueblo argentino ha vivido la ilusión de un ideal perdido. Ancianos, mujeres, hombres y niños hemos creído dejar al margen –cada cual es su medida- los problemas cotidianos que nos aquejan como sociedad para entregarnos a una esperanza colectiva que pudiera brindarnos una alegría al margen de la inseguridad, la mentira diaria, los negociados que se van aclarando, ...

 
...la eventual malversación de caudales públicos de los fondos de los jubilados y trabajadores activos en manos de funcionarios de la ANSES,
las mentiras de la supuesta asociación ilícita comandada por Néstor Kirchner que ven acercarse sobre ellos la independencia de la Justicia y la ruleta rusa de la muerte ciudadana en manos de la delincuencia que ha sobrepasado los límites de la tolerancia de la gente de bien.

Desde aquel mensaje maradoniano: “Que la sigan chupando” emitido al clasificar agónicamente para Sudáfrica 2010 hasta el no reconocimiento de la superioridad futbolística alemana -típico de resentidos- en su conferencia post-mortem brindada ayer luego de la catástrofe, pasaron por nuestras vidas las “Hinchadas Unidas Argentinas” –barrabravas de diversos clubes bancados por el poder con los consiguientes papelones al ser deportados del país organizador del evento mundial, seguramente porque en Sudáfrica seguirán siendo racistas (y antikirchneristas).

Los argentinos –como pueblo adolescente- sólo nos unimos por el fútbol o por la guerra.

Con un conjunto de individualidades más que con un equipo de fútbol Kirchner, Grondona, Maradona y Bilardo decidieron encender una ilusión que la justicia futbolera de ayer nos desmembró en sólo 90 minutos.

Si puede compararse qué es Alemania como país y qué somos nosotros, ayer quedó claro en Ciudad del Cabo.

La organización, la táctica y la estrategia de un equipo formado por jugadores con una edad promedio de 23 años enfrentó al desconcierto, la improvisación y el rejunte de individualidades –gran parte de ellas sin motivación colectiva por falta de conducción- empujados sólo por el voluntarismo y el desprejuicio que sociológicamente nos caracterizan como pueblo.

El fútbol se ha convertido en una embajada deportiva que fielmente deja la estela impronta de quiénes disputan algo más que un partido.

Deja en claro la imprevisión constante y la falta de políticas que una sociedad –política o estrictamente deportiva- decide como forma de gobierno.

La diferencia de ayer no fueron sólo cuatro goles. Quedó en claro quíén mantiene a Europa frente a la crisis del despilfarro y quién se alinea con dictadores bananeros que encuentran en el resentimiento colectivo su manera de mantenerse en el poder hasta que éste se les caiga encima.

Aunque dentro de tantas “pálidas” el ámbito político opositor demostró que a pesar que el fútbol es el opio de los pueblos, no dejaron sumergirse en el pretendido letargo oficial y demostraron en el Congreso Nacional de qué forma el poder está cambiando de manos.

Consejo de la Magistratura; 82% móvil para jubilados; recuperación del I.N.D.E.C. y derogación de superpoderes evidenciaron que ni el fragor de la batalla deportiva distrajo a la oposición en su conjunto de sus promesas electorales. Y esta lucecita de esperanza cívica debemos valorarla.

Porque el lunes, además de la esperada presentación del libro "El Escarmiento" de nuestro “Tata” Yofre comenzará una difícil semana para el régimen.

Porque “el velo populista” se cayó ayer al sonar el silbato final del árbitro y porque –sustancialmente- los espera una sociedad crispada y triste…no sólo por el fútbol.

Humberto Bonanata

Buenos Aires, 04 de Julio de 2010

 
 
 
 
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