El
pasado martes los argentinos nos vimos obligados durante 72 minutos a
escuchar por parte de la esposa de Néstor Kirchner la “alegoría
del sofismo” como justificación mefistofélica del
accionar del régimen contra la libertad privada empresarial y en
especial contra la libertad de elección de nosotros, los usuarios.
No conozco –y entre ellos
me incluyo- a ningún periodista, político, legislador o
ser humano ligado a la política que haya confesado no abandonar
en el intento de tratar de entender qué quería explicar
esta mujer o si su real deseo era parafrasear una diatriba con efectos
confusos para justificar el deleznable accionar patoteril de su empleado
Guillermo Moreno con fines decididamente expropiatorios.
Si bien es cierto que del ridículo
no se vuelve, no es menos cierto que los ridículos y soberbios
no llegan a comprender cuándo se encuadran en tales errores. Como
prueba, y luego de la declaración ante escribano público
y ante la Justicia de Isidoro Graiver, por la que manifiesta no haber
sufrido presión alguna por la venta de las acciones a cargo de
su hermano David y las afirmaciones de jueces y fiscales del juicio a
los comandantes no haber recibido nunca por parte de Lidia Papaleo denuncia
alguna que durante su cautiverio se le haya obligado a desligarse de sus
acciones, Kirchner envió al ex vocero de López Rega –Osvaldo
Papaleo- a incriminar y enturbiar más aún sobre este tema
victimizando a su hermana Lidia sobre supuestos apremios que ella nunca
denunció ante la Cámara Federal en 1985.
Cuando
la sociedad se hizo carne de la mentira presidencial, algunos legisladores
opositores recordaron la causa del “Watergate”
que le costara la presidencia a Nixon –juicio político mediante-
y no llegaron a compararla con la gravedad de una cadena nacional armada
para mentir a toda la población.
Sin
dudas que el arco opositor “le perdonó la vida”
a la esposa de Kirchner unidos en el espanto que podría causar
en la endeble institucionalidad argentina someterla a “la reina
de Tolosa” a un juicio que –a no dudarlo- sería menor
al castigo popular que les aguarda en las urnas dentro de sólo
14 meses.
Y desde la diatriba Néstor Kirchner no cejó en el ataque
mordaz contra los enemigos que él propio creó. Habló
de “dictadura mediática”
sobre quienes lo acompañaron durante años a consolidar su
hegemonía gobernante y a silenciar a los pocos que desde 2003 comprendimos
la falacia de la “revolución nacional y popular” de
quienes hicieron su fortuna durante el proceso militar.
Sostenemos
que ellos no concluirán el kirchnerato de manera cívica
y pacífica. Mas bien imagino una huída a lo Bonnie
& Clyde a las corridas y a los tiros. Saben que la grandilocuencia
de las supuestas ilicitudes cometidas en lo que serán 8 años
y 7 meses de despotismo en diciembre de 2011 no les dejará margen
horario para sus citas forzosas ante la Justicia.
Y como son violentos de espíritu
y el resentimiento y la sobreactuación marcan el hito fundacional
del kirchnerismo, nunca aceptarán la derrota en manos del sufragio
popular.
Por
ello han desatado su batalla final. O logran declarar de utilidad pública
la fabricación de papel, decomisan Fibertel y se intrometen en
nuestra privacidad individual, reglamentan la ley de medios a su antojo
chavista…O SE VAN.
Y lo peor es que no quieren irse
porque difícilmente atravesarán el post-kirchnerismo en
su lujosa mansión de Santa Cruz.
Los
barrotes son fríos y las paredes húmedas, dicen quienes
conocieron la cárcel.
Humberto Bonanata
Buenos Aires, Agosto 29
de 2010
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