Editorial
 
-Vergüenza ajena
Por Humberto Bonanata

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La indiferencia oficial ante los reclamos de los Estados Unidos sobre la devolución de los contenidos del avión secuestrado en Ezeiza el 10 de febrero; el papelón electoral de Mario Das Neves que de demostrarse el eventual fraude en los comicios del domingo pasado fortificará al kirchnerismo frente a los futuros comicios; las pruebas cada vez mas vastas de la connivencia entre Moyano y Covelia;

 
las colectoras bonaerenses para esmerilar a Daniel Scioli y tratar de garantizar el triunfo del 23 de octubre para Cristina Fernández y los dislates internos de las dos fuerzas opositoras sólo logran el descrédito ciudadano hacia la dirigencia política en su conjunto.

Ese descrédito es el bien más preciado del régimen. Demostrar que no son sólo ellos los hacedores del desmadre institucional que padece la Argentina desde el comienzo del primer mandato del kirchnerismo, el 25 de mayo de 2003.

La denuncia de Carlos Kunkel durante este feriado irracional que conmemora la memoria incompleta por la que acusó a los Estados Unidos de contrabandear elementos farmacéuticos en el avión de la discordia, revisado en persona por el novel agente aduanero Héctor “Twitterman”, fue la desmedida respuesta del régimen ante el fallo judicial que obliga a devolver al país del norte a la aeronave con todas sus pertenencias decomisadas como botín de guerra del montonerismo gobernante frente al denostado imperialismo yankee.

Ese grado de desesperación sólo podía llevarlo a cabo un adlater de vieja cuna que, a pesar de sus años, guarda in péctore el resentimiento y constante venganza de un partícipe –hoy aburguesado- vencido en la guerra desatada en la Argentina durante la década del setenta.

La confirmación por parte de la justicia helvética ante la investigación sobre Hugo y Pablo Moyano por supuesto lavado de dinero preocupa más al politburó del régimen que al acusado directo. Moyano no sólo tiene capacidad movilizatoria de parar un país en 24 horas sino guarda silencios de pactos espurios preexistentes desde el comienzo de la presidencia de Néstor Kirchner.

Se ha convertido en un enemigo solapado de la nomenklatura que busca perpetuarse en el poder, más por errores opositores que por virtudes propias. Aunque no puede descartarse una medida efectista del gobierno de soltarle la mano ante la justicia sesenta días antes de los comicios para simular su independencia institucional y más aún la negación de los turbios negocios que le permitiera al líder cegetista durante los dos períodos del kirchnerato.

Sigamos con las vergüenzas ajenas. Los comicios celebrados en Chubut el pasado domingo dejaron en claro, mal que nos pese, el logro político del kirchnerismo frente a un ex hiperkirchnerista que pretendía candidatearse a presidente de la Nación por el peronismo federal. Al margen del fraude que día a día comprueba la justicia, Mario Das Neves ha quedado herido de muerte por su propia soberbia.

En cuatro días de escrutinio definitivo ya le han descontado 1120 votos de los cuales en una sola mesa (Nro. 183) se comprobaron 800 votos fraudulentos del candidato Martín Buzzi, delfín del actual gobernador peronista. Todo hace preveer que durante la semana que se inicia el candidato del Frente para la Victoria afiance su triunfo y entierre los sueños desmedidos del frustrado candidato presidencial.

Siguiendo con el peronismo no podemos olvidarnos del riojano más famoso. El anciano ex presidente peronista Carlos Menem selló un acuerdo electoral con el gobernador de su provincia Luís Beder Herrera para garantizar nó su reelección como senador nacional a fin de año, sino su vejez apoltronada en una banca oficialista en lugar de dar con sus huesos contra las frías rejas de la justicia por la remanida causa del contrabando de armas que lo compromete como supuesto jefe de esa asociación ilícita.

No podemos olvidar las “colectoras bonaerenses” bajo la premisa mayor de garantizar el triunfo de la viuda de Kirchner sumando todo bulto que envíe la marejada y como premisa menor para amilanar el poder político de Daniel Scioli, una de las pocas figuras del elenco estable que aún “no le entran las balas”.

Por ello es bienvenido el aire fresco que pretende darle Eduardo Duhalde a las primarias regionales abiertas que comenzarán en la Capital Federal el próximo domingo 3 de abril. A pesar de las chicanas de Felipe Solá que ha decidido abrirse de ese proceso democrático para evitar morir aplastado por un aluvión de votos en contra.

Lo mismo sucede en el radicalismo que cotejará fuerzas entre sus dos precandidatos presidenciales, Ernesto Sanz y Ricardo Alfonsín. Cayó muy mal en el comité de campaña del senador mendocino el operativo de prensa montado desde el alfonsinismo sobre una eventual declinación de Sanz a la contienda cívica. Desde sus huestes le contestaron con preocupación por “embarrar la cancha” y no sin temor por lo que puede significar la presencia activa de Leopoldo Moreau en la fiscalización de los comicios, conocida el arte del “marciano” de “volcar mesas” a favor de su candidato de turno.

¿Cuál es el ejemplo que le brinda la oposición en su conjunto a la ciudadanía ávida de cambio frente a las vaguedades del régimen?

¿Cómo debe afianzarse un plan de gobierno sustentable entre ambas fuerzas opositoras para ofrecerle a la ciudadanía cada vez más descreída, enfrentar con posibilidades de triunfar y gobernar la “caja de Pandora” que se abrirá en nuestro país cuando se demuestren las falacias y distorsiones macro-socioeconómicas del régimen?

La gente sólo quiere vivir en paz. Quiere reglas claras y políticas que las sustenten. Está cansada de promesas vanas y alianzas efímeras sin principios básicos ni políticas de Estado que nadie podrá efectivizarlas por sí solos.

Cuando esto les quede en claro, el triunfo estará más cerca.

Humberto Bonanata

Buenos Aires, Marzo 27 de 2011

 
 
 
 
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