las
colectoras bonaerenses para esmerilar a Daniel Scioli y tratar de garantizar
el triunfo del 23 de octubre para Cristina Fernández y los dislates
internos de las dos fuerzas opositoras sólo logran el descrédito
ciudadano hacia la dirigencia política en su conjunto.
Ese descrédito es el bien
más preciado del régimen. Demostrar que no son sólo
ellos los hacedores del desmadre institucional que padece la Argentina
desde el comienzo del primer mandato del kirchnerismo, el 25 de mayo de
2003.
La
denuncia de Carlos Kunkel durante este feriado irracional que conmemora
la memoria incompleta por la que acusó a los Estados Unidos
de contrabandear elementos farmacéuticos en el avión de
la discordia, revisado en persona por el novel agente aduanero Héctor
“Twitterman”, fue la desmedida respuesta del régimen
ante el fallo judicial que obliga a devolver al país del norte
a la aeronave con todas sus pertenencias decomisadas como botín
de guerra del montonerismo gobernante frente al denostado imperialismo
yankee.
Ese
grado de desesperación sólo podía llevarlo a cabo
un adlater de vieja cuna que, a pesar de sus años, guarda in péctore
el resentimiento y constante venganza de un partícipe –hoy
aburguesado- vencido en la guerra desatada en la Argentina durante la
década del setenta.
La
confirmación por parte de la justicia helvética ante la
investigación sobre Hugo y Pablo Moyano por supuesto lavado de
dinero preocupa más al politburó del régimen que
al acusado directo. Moyano no sólo tiene capacidad movilizatoria
de parar un país en 24 horas sino guarda silencios de pactos espurios
preexistentes desde el comienzo de la presidencia de Néstor Kirchner.
Se
ha convertido en un enemigo solapado de la nomenklatura que busca perpetuarse
en el poder, más por errores opositores que por virtudes propias.
Aunque no puede descartarse una medida efectista del gobierno de soltarle
la mano ante la justicia sesenta días antes de los comicios para
simular su independencia institucional y más aún la negación
de los turbios negocios que le permitiera al líder cegetista durante
los dos períodos del kirchnerato.
Sigamos con las vergüenzas ajenas. Los comicios celebrados en Chubut
el pasado domingo dejaron en claro, mal que nos pese, el logro político
del kirchnerismo frente a un ex hiperkirchnerista que pretendía
candidatearse a presidente de la Nación por el peronismo federal.
Al margen del fraude que día a día comprueba la justicia,
Mario Das Neves ha quedado herido de muerte por su propia soberbia.
En cuatro días de escrutinio
definitivo ya le han descontado 1120 votos de los cuales en una sola mesa
(Nro. 183) se comprobaron 800 votos fraudulentos del candidato Martín
Buzzi, delfín del actual gobernador peronista. Todo hace preveer
que durante la semana que se inicia el candidato del Frente para la Victoria
afiance su triunfo y entierre los sueños desmedidos del frustrado
candidato presidencial.
Siguiendo con el peronismo no podemos
olvidarnos del riojano más famoso. El anciano ex presidente peronista
Carlos Menem selló un acuerdo electoral con el gobernador de su
provincia Luís Beder Herrera para garantizar nó su reelección
como senador nacional a fin de año, sino su vejez apoltronada en
una banca oficialista en lugar de dar con sus huesos contra las frías
rejas de la justicia por la remanida causa del contrabando de armas que
lo compromete como supuesto jefe de esa asociación ilícita.
No
podemos olvidar las “colectoras bonaerenses” bajo
la premisa mayor de garantizar el triunfo de la viuda de Kirchner sumando
todo bulto que envíe la marejada y como premisa menor
para amilanar el poder político de Daniel Scioli, una de las pocas
figuras del elenco estable que aún “no le entran las
balas”.
Por ello es bienvenido el aire
fresco que pretende darle Eduardo Duhalde a las primarias regionales abiertas
que comenzarán en la Capital Federal el próximo domingo
3 de abril. A pesar de las chicanas de Felipe Solá que ha decidido
abrirse de ese proceso democrático para evitar morir aplastado
por un aluvión de votos en contra.
Lo mismo sucede en el radicalismo
que cotejará fuerzas entre sus dos precandidatos presidenciales,
Ernesto Sanz y Ricardo Alfonsín. Cayó muy mal en el comité
de campaña del senador mendocino el operativo de prensa montado
desde el alfonsinismo sobre una eventual declinación de Sanz a
la contienda cívica. Desde sus huestes le contestaron con preocupación
por “embarrar la cancha” y no sin temor por lo que puede significar
la presencia activa de Leopoldo Moreau en la fiscalización de los
comicios, conocida el arte del “marciano” de “volcar
mesas” a favor de su candidato de turno.
¿Cuál es el ejemplo
que le brinda la oposición en su conjunto a la ciudadanía
ávida de cambio frente a las vaguedades del régimen?
¿Cómo debe afianzarse
un plan de gobierno sustentable entre ambas fuerzas opositoras para ofrecerle
a la ciudadanía cada vez más descreída, enfrentar
con posibilidades de triunfar y gobernar la “caja de Pandora”
que se abrirá en nuestro país cuando se demuestren las falacias
y distorsiones macro-socioeconómicas del régimen?
La gente sólo quiere vivir
en paz. Quiere reglas claras y políticas que las sustenten. Está
cansada de promesas vanas y alianzas efímeras sin principios básicos
ni políticas de Estado que nadie podrá efectivizarlas por
sí solos.
Cuando esto les quede en claro,
el triunfo estará más cerca.
Humberto
Bonanata
Buenos
Aires, Marzo 27 de 2011
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