El
pasado viernes el Luna Park no estaba lleno de gorilas; estaba lleno de
peronistas que cargaban sobre sus espaldas el apoyo explícito a
la candidatura de Néstor Kirchner en 2003 y que, desde su complejo
de inferioridad y resentimiento, dedicó los años que le
restaron hasta su muerte a constituir un hiperpresidencialismo revanchista
que sobreactuó la historia de los argentinos bajo dos premisas
liminares: la mentira y la corrupción.
Y
de eso Duhalde ha confesado sentirse responsable en haber creado “un
monstruo”. Y para ello trató de organizar una interna abierta
en su partido (algo difícil de comprender para el caudillismo peronista)
frente a uno de los posesores del “estado libre y asociado de
San Luís” que no sólo cuenta con autopistas inteligentes
sino con bonos inteligentes para pagar los salarios de sus empleados,
según confesara en un almuerzo del Grupo Progreso, que preside
el ex diputado José Bielicki en el histórico “Lalín”
el candidato radical a la gobernación puntana, Víctor Riccardo.
De
dos hechos Duhalde no se privó en calificativos de diversa índole:
de la perversidad de los Kirchner en el arte de aplastar a sus opositores,
de reconocer la honorabilidad ciudadana del ex presidente Raúl
Alfonsín y de la confesa amistad que lo une con el candidato presidencial
de la U.C.R., Ricardo Alfonsín.
Dentro
de su mensaje se encargó en destacar que tanto la U.C.R. como
el P.J. concurrirán por separado a las elecciones para concordar
en programas de políticas públicas para un eventual gobierno
de coalición.
Pícaro, no dijo después
de qué elecciones acordarán esas políticas públicas.
Será luego de las primarias abiertas y obligatorias del 14 de agosto
que lo llevarán a él y a Alfonsín como los dos candidatos
de la oposición con el compromiso de cumplir la célebre
frase de Ricardo Balbín: “El que gana gobierna, el que pierde
ayuda”.
Y
dentro de ese proyecto superador no podemos dejar de lado ni a Mauricio
Macri ni a Francisco de Narváez. Ambos, cada uno en su “territorio”
están dispuestos a dar pelea y a acompañar al proyecto opositor
que sepa disputar el poder al kirchnerato.
Tanto
el lanzamiento de Macri a su reelección como jefe de gobierno frente
al dueto Filmus-Solanas que apuesta a derrotarlo en el ballotage
como de Narváez que se suma al proyecto radical sin condicionamientos
previos, demuestran que la oposición comienza a aprender a renunciar
a egoísmos personales en miras de un objetivo común.
El
ex diputado porteño Jorge Enríquez, presente en el acto
junto al ex viceministro de salud de la administración comunal
de Fernando De la Rúa, Francisco Tropea, coincidían en que
el renunciamiento de Macri a su candidatura presidencial debía
ser tomado como un gesto de buena voluntad hacia la unidad opositora que,
en la elección porteña, deberá demostrarle al kirchnerismo
su vocación de poder.
"Mauricio
se juega su futuro político y sabe que sin julio se le acortan
los caminos a él y a su gente. Este es un acto de valentía
personal y coraje cívico", destacó Enríquez.
Bien
lo dijo el Ministro de Cultura porteño, Hernán Lombardi,
-radical de cuna cívica- en el acto de postulación de Macri
a su candidatura: “Si la oposición no es alternativa
no es oposición y sin oposición no hay República”.
Así será si la vocación
de cambio predomina frente a las miserables apetencias personales.
Y ese es el camino que trata de
mostrarnos la oposición.
Que así sea.
Humberto
Bonanata
Buenos
Aires, 08 de Mayo de 2011
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