El
primer ministro inglés, desesperado por la debacle europea y por
cierto también británica, no tuvo peor idea de calificarnos
a los argentinos como “colonialistas” en relación a
nuestros legítimos reclamos soberanos sobre los irredentos territorios
entregados por Rosas en 1833 como prenda diplomática ante el león
británico, lugar donde elegiría morir luego de su nefasta
dictadura de 29 años, hasta que Urquiza y Alberdi proyectaron una
nación liberal que duró desde 1853 hasta 1930, cuando el
nazifascistoide Uriburu interrumpió la continuidad institucional
para dar nacimiento a un Estado pro-nazi, que aún en sus resabios
nos domina.
La
unanimidad política frente a sus “declaraciones” no
pudo superar la unanimidad popular que el 2 de abril congraciará
la noble gesta –no etílica- de recuperar de la peor forma
nuestros irredentos territorios insulares, luego de la Resolución
2065 lograra por el entonces canciller de Arturo Illia en 1965, Dr. Miguel
Ángel Zabala Ortiz.
Servicios
de inteligencia británicos no descartan un enmascarado acto demagógico
de parte del gobierno argentino para unificar voluntades frente al durísimo
ajuste que padeceremos en marzo, tarifas mediante. Los montoneros en el
poder podrían recurrir a maniobras alocadas como lo hizo Leopoldo
Fortunato Galtieri hace 30 años.
Movilizaciones
populares aparte, el caso “Famatina” se ha convertido en la
reacción pacífica y popular con el fin de evitar la depredación
aurífera sobre nuestras tierras y más aún sobre la
purificación de nuestras aguas, tan defendibles como las Malvinas
para el bienestar salubre de nuestros sucesores en la vida argentina.
Nadie
ha visto o escuchado declaraciones en contrario del negociado de Beder
Herrera, gobernador de La Rioja, por parte de su octogenario senador nacional
por esa provincia, Carlos Saúl Menem, quien kirchnerizado por necesidad
antes de encontrar su vejez tras las rejas de una cárcel, ha profundizado
un oscurantista silencio ante la repercusión popular en contra
de la megaminería a cielo abierto.
Ante las inescrupulosidades gubernamentales
o poderdadas a través del sufragio, nuestro pueblo responde.
Este augurio de libertad debe celebrarse.
Esperamos que cuando Guillermo
Moreno denuncie como “terroristas informáticos” a “Clarín”
y “La Nación”, antes de expropiarlos como hizo Perón
a principios de la década del cincuenta, con “La Prensa”
y “La Nueva Provincia”, el pueblo argentino sepa defender
sus libertades cívicas.
Humberto
Bonanata
Buenos
Aires, Enero 22 de 2012 |