Editorial
 
-Un llamado solidario a la dispersión opositora 
Por Humberto Bonanata

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“Cuanto más conservadoras son las ideas, más revolucionarios son los discursos”
-Oscar Wilde

 
A pocos minutos de finalizar el “levantamanos confiscatorio” de la desguazada Y.P.F. tanto por el peronismo menemista que la entregó como por REPSOL que la vació comenzaron los mentideros de “radio pasillo” de Pasos Perdidos a tratar de hacer las cuentas de los diputados que caducarán sus mandatos en diciembre de 2013, la peor elección parlamentaria del kirchnerato, y cuántos pudieran sumar para que el 11 de diciembre del año que viene sea declarada la necesidad de la reforma constitucional para cumplir un su exégesis el sueño de Diana Conti: “Cristina eterna”.

Prueba de ello las bancas que renovará cada partido en 2013 serán: FPV 36; UCR 26; P.F. 20; PRO ; CC 6; P.Sur 3, GEN 2 y P.S. 1.

Nadie mejor que Séneca para explicar este acontecer nacional: “No es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho” y ello se demuestra en la autoflagelación opositora que aún no ha comenzado a proponer una gran alianza nacional a través del mecanismo más sano que existe para ello: las internas abiertas y simultáneas para conformar a través de las listas opositoras una demostración monolítica hacia la sociedad para que el pueblo entienda que nuestra dirigencia en su conjunto tendrá la grandeza de no permitirles “ir por todo y por todos”.

Tarde será si como piensan algunos destacados referentes de los distintos partidos de la oposición en dejar ello para el 2015, ya que mientras que no le sigan mostrando al elector que no hay otra salida frente a la consolidación del régimen hegemónico, la gente seguirá votando con la adolescente mediocridad de los pueblos sin destino basados en el “a mi tan mal no me va” o “del otro lado hay ocho pedazos sueltos”.

Reflejo de ello fueron las reacciones que surgieron en el radicalismo contra el diputado cordobés Oscar Aguad, quien tuvo la grandeza –para no votar en contra de su bloque- de expresar sus ideas y en el momento de la votación levantarse de su banca para evitar mayor desgaste a la ingenua decisión tomada por las autoridades de la U.C.R.

El radicalismo pudo, pero no supo o no quiso, presentar y votar el proyecto Gil Lavedra que proponía expropiar zonas de exploración y explotación en las que REPSOL no cumpliera, evitando indemnización alguna como la Argentina -conforme al derecho internacional- deberá resarcir.

“Parece que los radicales creían que en particular cambiarían el artículo que sólo expropia a REPSOL y también lo harían con el grupo Eskenazy…y que también le darían carácter de sociedad con participación estatal mayoritaria que permite el control por parte de la Auditoría General de la Nación y de la S.I.G.E.N y no la dejarían librada a la ley 19.550 –de sociedades comerciales- que se rige por el derecho privado”, supo mascullar sonrojado por la bronca un viejo asesor parlamentario.

Tampoco la negación in extremis del PRO ayudó a consolidar un proyecto opositor del que la inmensa mayoría de los argentinos nos sentiríamos representados: expropiar por razones de utilidad pública el 57% de REPSOL y el 25,6% de Eskenazy, dejando cotizar en las bolsas del mundo el 27,4% restante y abriendo a la transparencia de los mercados internacionales el porcentaje que le sigue perteneciendo al presidente del Banco de Santa Cruz.

Si algo se puede hacer bien, con el consenso de todos, en la Argentina todo resulta vidrioso y sospechoso.

¿Por qué otra vez la dispersa oposición no consensuó un proyecto razonable y se animó a dar un verdadero debate parlamentario, frente al proyecto oficial?

¿Qué esperanzas puede tener el ciudadano común cuando compara nuestra sociedad con la de Chile, Brasil, Uruguay, Perú o Colombia?

El broche de oro al “circo de Marrone” donde los payasos Firulete y Cañito hacían que se pegaban para asustarnos cuando niños, lo dio Elisa María Carrió, quien ella misma se autotitula “tan loca como honrada”, al solicitar al presiente de la Cámara, Julián Domínguez, antes del comienzo de la votación en particular que nada logró cambiar del proyecto oficial, “que se envíe al fiscal de turno la versión taquigráfica del discurso de Ricardo Gil Lavedra atento la cantidad de delitos que allí denunciara”. Acto seguido se levantó y se retiró del recinto tirando besos ante los insultos que las patotas que habían copado "camporistas" las bandejas le prodigaron.

Nada mejor que culminar este artículo, en razón a lo antes expuesto con las palabras de Jiddu Krishnamurti: “No es saludable estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma”.

Humberto Bonanata
Buenos Aires, Mayo 07 de 2012

 
 
 
 
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