A pocos minutos de finalizar el “levantamanos confiscatorio”
de la desguazada Y.P.F. tanto por el peronismo menemista que la entregó
como por REPSOL que la vació comenzaron los mentideros de “radio
pasillo” de Pasos Perdidos a tratar de hacer las cuentas de
los diputados que caducarán sus mandatos en diciembre de 2013,
la peor elección parlamentaria del kirchnerato, y cuántos
pudieran sumar para que el 11 de diciembre del año que viene sea
declarada la necesidad de la reforma constitucional para cumplir un su
exégesis el sueño de Diana Conti: “Cristina eterna”.
Prueba de ello las bancas que renovará
cada partido en 2013 serán: FPV 36; UCR 26; P.F. 20; PRO ; CC 6;
P.Sur 3, GEN 2 y P.S. 1.
Nadie
mejor que Séneca para explicar este acontecer nacional: “No
es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho” y ello se
demuestra en la autoflagelación opositora que aún no ha
comenzado a proponer una gran alianza nacional a través del mecanismo
más sano que existe para ello: las internas abiertas y simultáneas
para conformar a través de las listas opositoras una demostración
monolítica hacia la sociedad para que el pueblo entienda que nuestra
dirigencia en su conjunto tendrá la grandeza de no permitirles
“ir por todo y por todos”.
Tarde
será si como piensan algunos destacados referentes de los distintos
partidos de la oposición en dejar ello para el 2015, ya que mientras
que no le sigan mostrando al elector que no hay otra salida frente a la
consolidación del régimen hegemónico, la gente seguirá
votando con la adolescente mediocridad de los pueblos sin destino basados
en el “a mi tan mal no me va” o “del otro
lado hay ocho pedazos sueltos”.
Reflejo de ello fueron las reacciones
que surgieron en el radicalismo contra el diputado cordobés Oscar
Aguad, quien tuvo la grandeza –para no votar en contra de su bloque-
de expresar sus ideas y en el momento de la votación levantarse
de su banca para evitar mayor desgaste a la ingenua decisión tomada
por las autoridades de la U.C.R.
El radicalismo pudo, pero no supo
o no quiso, presentar y votar el proyecto Gil Lavedra que proponía
expropiar zonas de exploración y explotación en las que
REPSOL no cumpliera, evitando indemnización alguna como la Argentina
-conforme al derecho internacional- deberá resarcir.
“Parece que los radicales
creían que en particular cambiarían el artículo que
sólo expropia a REPSOL y también lo harían con el
grupo Eskenazy…y que también le darían carácter
de sociedad con participación estatal mayoritaria que permite el
control por parte de la Auditoría General de la Nación y
de la S.I.G.E.N y no la dejarían librada a la ley 19.550 –de
sociedades comerciales- que se rige por el derecho privado”, supo
mascullar sonrojado por la bronca un viejo asesor parlamentario.
Tampoco la negación in extremis
del PRO ayudó a consolidar un proyecto opositor del que la inmensa
mayoría de los argentinos nos sentiríamos representados:
expropiar por razones de utilidad pública el 57% de REPSOL y el
25,6% de Eskenazy, dejando cotizar en las bolsas del mundo el 27,4% restante
y abriendo a la transparencia de los mercados internacionales el porcentaje
que le sigue perteneciendo al presidente del Banco de Santa Cruz.
Si algo se puede hacer bien, con
el consenso de todos, en la Argentina todo resulta vidrioso y sospechoso.
¿Por qué otra vez
la dispersa oposición no consensuó un proyecto razonable
y se animó a dar un verdadero debate parlamentario, frente al proyecto
oficial?
¿Qué esperanzas puede
tener el ciudadano común cuando compara nuestra sociedad con la
de Chile, Brasil, Uruguay, Perú o Colombia?
El
broche de oro al “circo de Marrone” donde los payasos
Firulete y Cañito hacían que se pegaban para asustarnos
cuando niños, lo dio Elisa María Carrió, quien ella
misma se autotitula “tan loca como honrada”, al solicitar
al presiente de la Cámara, Julián Domínguez, antes
del comienzo de la votación en particular que nada logró
cambiar del proyecto oficial, “que se envíe al fiscal
de turno la versión taquigráfica del discurso de Ricardo
Gil Lavedra atento la cantidad de delitos que allí denunciara”.
Acto seguido se levantó y se retiró del recinto tirando
besos ante los insultos que las patotas que habían copado "camporistas"
las bandejas le prodigaron.
Nada
mejor que culminar este artículo, en razón a lo antes expuesto
con las palabras de Jiddu Krishnamurti: “No es saludable estar
bien adaptado a una sociedad profundamente enferma”.
Humberto
Bonanata
Buenos Aires, Mayo 07 de 2012 |