Editorial
 
-La peronización de la Argentina
Por Humberto Bonanata

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Desde el 4 de junio de 1943 en que el Grupo de Oficiales Unidos (G.O.U.) produjo el golpe de Estado contra Ramón Castillo la Argentina perdió el tren de la historia.

Un año antes habían muerto dos verdaderos estadistas que supieron conducir los destinos de la República: Marcelo Torcuato de Alvear y Roberto Marcelino Ortiz.

Europa seguía en llamas y hambrienta. El granero de mundo excedentario en alimentos y en reservas de oro depositadas en el Banco Central.

Éramos acreedores del viejo mundo; sólo debíamos continuar un camino ordenado y paciente. Debíamos alimentar a nuestras raíces desvastadas por la segunda guerra mundial.

Lamentablemente la herencia germanófila del G.O.U. hizo estragos con los principios libertarios de Alberdi. Tomamos el ejemplo de lo peor y de quienes perdieron la guerra que declararon. El falso nacionalismo argentino veía nacer en un hombre “el llamado de la providencia” y, en base a la necesaria sustitución de exportaciones por la destrucción de Europa, aprovecharon las banderas de la generación productiva, aunque mal entendida.

Todos sabemos lo que fuimos y lo que tristemente somos. No vale la pena redundar en ese aspecto.

El 1º de julio se cumplieron treinta años de la muerte del ex Presidente Perón y en el recuerdo que le prodigaron sus seguidores quedó demostrada, por si hiciera falta, la división del peronismo de hoy. Como hace también treinta años dos grupos internos se enfrentaban en demostración de poder de fuego y de muertos en sus espaldas, lo que nos conduciría a una guerra civil no declarada.

En el secundario me enseñaron que la historia es cíclica; se repite con diferentes protagonistas y con meros cambios cosméticos. Con la diferencia que en la década del setenta nuestro país sustentaba un ingreso per cápita muy superior al actual; existía casi pleno empleo y no eran necesarios los prebendarios “planes reclutar” para armar milicias populares; la neoguerrilla urbana llamada piqueteros.

Nadie puede negar que la Argentina sigue peronizada y por ende, dividida. El hegemonismo del partido dominante arrastra consigo el futuro de nuestra Nación; la de quienes pensamos distinto incluida.

¿Cómo puede demostrar un pueblo honesto, trabajador, arraigado a la familia que es víctima del formalismo electoral y del revanchismo internista de otros?

¿Luego de la convocatoria de Blumberg: qué hemos hecho ante el constante arrebato de nuestras libertades cívicas?

¿Cuáles son nuestros constitucionales medios de defensa ante el hegemonismo bucólico del 22% gobernante?

¿Leemos los argentinos nuestra Carta Magna y los atributos para lograr una moción de censura sobre un ministro que ha demostrado su rotundo fracaso como Gustavo Béliz?

Volviendo a las “milicias populares” la lógica indica que terminarán juntándose. Sólo necesitaban un muerto de dudoso pasado relacionado con el tráfico de drogas. Y debían hallar un culpable. ¿Qué mejor que la Seccional 24ª de la Policía Federal para realizar un ejercicio prerrevolucionario? Total, la decisión de la Juez María Angélica Crotto de ordenar el restablecimiento del orden perdido no pasaría “los filtros oficiales” de la anomia y permisividad destructiva...

Semana tras semana a Kirchner se le agrava el problema de cómo controlar a los caciques milicianos. Ni el propio D’Elía cuidó las formas políticas de proteger a su patrón político; cometió once delitos por los cuales deberá comparecer ante el Juez Federal Dr. Norberto Oyharbide. Pero eso no le preocupa; más importa la fraternal compañía de Castells en el entierro de Cisneros como sello de unidad de acción.

Kirchner piensa cómo logrará controlar a estos grupos marginales sin la ayuda de Duhalde. Perón echó de la Plaza de Mayo el 1 de mayo de 1974 a…”esos imberbes que gritan”. El viejo caudillo fue insultado por sus críos como paso previo al camino de la clandestinidad. Todos sabemos qué siguió después. Aunque Isabel ordenó aniquilar la guerrilla acompañada por la valentía y decisión de Ïtalo Luder, ya era tarde.

Como será tarde para Kirchner cuando quiera gobernar a su nuevo ejército nacional y popular y no vengan sólo por nosotros: cuando también vayan por él.

Humberto Bonanata

Buenos Aires, Julio 4 de 2004

 
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