Por
Emilio J. Cárdenas

La
gestión del actual presidente venezolano está próxima
a cumplir diez años, en los que no sólo sembró divisiones
y conflictos en su país, sino también en el resto de América
latina.
Parece mentira, pero el patológico
gobierno auto-denominado “bolivariano” de Hugo Chávez
cumplirá, a fines de este año, una década en el poder.
Lo ha hecho predicando incansablemente
el áspero lenguaje del socialismo; sembrando odios, dividiendo
y enfrentando a su pueblo, y cultivando resentimientos; y pasándole
-sin dudar un solo instante- “de costado” o “por encima”
a cuanto principio de convivencia pacífica haya generado el derecho
internacional, especialmente al de “no intervención en los
asuntos internos” de otros estados, que ha decidido ignorar.
El “bolivarianismo”
de Hugo Chávez ha apoyado encubiertamente al terrorismo en Bolivia,
Colombia, Ecuador, Perú. Los archivos de las computadoras que fueran
secuestradas al tiempo de “darse de baja” a Raúl Reyes
así lo sugieren, con mucha fuerza.
Poco a poco, Chávez ha conformado
un nuevo “eje” político en la región que parece
estar dispuesto a bailar -solícito- al ritmo que se le sugiera
desde La Habana y/o Caracas. Sus participantes más activos son
por todos conocidos: la Argentina; Bolivia; Cuba; Dominica; Ecuador; Nicaragua
y Venezuela. No es poco para desafiar el liderazgo brasileño en
la región con la bandera de una ideología perimida: la del
socialismo.
Ese “eje” se manifiesta
algunas veces organizando “cumbres” de las Américas,
como la de Mar del Plata, en la que Néstor Kirchner fuera un anfitrión
que pasará a la historia por haber insultado -ordinaria y abiertamente-
a los presidentes de los Estados Unidos y México, respecto de los
que actuaba como “dueño de casa”.
Otras, como en la reciente “cumbre”
de la FAO, en Roma, endosando -unificado- el insólito “neo-proteccionismo
kirchnerista”, que esconde lo que en verdad es sólo una profunda
reforma agraria, consistente en apoderarse no de la propiedad de la tierra
de los argentinos, sino en simplemente confiscar caprichosamente su renta,
quedándose con ella sin pagar un céntimo a los confiscados.
La política exterior de
los “bolivarianos” es inusual. Venezuela opera con dos insólitos
aliados estratégicos “extra-región”: Bielorusia
e Irán. De la mano de Chávez, una delegación diplomática
de alto nivel de Corea del Norte acaba de visitar a Bolivia y se dispone
a abrir allí una embajada. En el Chapare boliviano (la zona cocalera
por excelencia) ya transmite “Radio Irán”.
Chávez acaba de ser galardonado
por el dictador libio, por su política en materia de derechos humanos
(no es chiste). Siria y Hezbollah son dos de sus aliados operativos más
cercanos. Por esto último, un subcomité de la Cámara
baja del Congreso norteamericano, liderado por el demócrata Eliot
Engel, está investigando activamente los vínculos de Chávez
con Hezbollah, que lo vinculan con el terrorismo islámico.
Chávez todo lo aceita con
petrodólares, que sus yacimientos de hidrocarburos generan a un
ritmo del orden de los 300 millones de dólares diarios.
Chávez es, además,
antisemita. Quien tenga alguna duda, lea el buen artículo de Travis
Pantin (“Hugo Chávez’s Jewish Problem”) en el
número de Julio-Agosto de 2008 de la revista norteamericana “Commentary”.
Tan es así, que una tercera parte de los judíos venezolanos,
preocupados, ya han emigrado.
Después de sus papelones
frente al mundo, cuando intentara (sin éxito) usar políticamente
la “liberación” de Ingrid Betancourt que -según
sugería Chávez- por su cercanía con las FARC solamente
él era capaz de negociar, Chávez dice haber “cambiado”.
Ahora se hace el pacífico. Momentáneamente, esto es tácticamente,
cual camaleón.
Trata así de mejorar su
relación con el portentoso presidente Uribe, de Colombia (cuya
gestión tiene ahora un inédito 91% de aprobación
popular), y simula ser capaz de trabajar lealmente con el colombiano,
cosa que Uribe sabe bien (por experiencia) que no es ciertamente así.
Esto sucede porque, como dice la prensa venezolana, le toca “bailar
pegao” con Uribe, después de los referidos papelones, generados
por un Uribe de inteligencia poco común, aliado -además-
con la suerte. Por esto es posible que ya no se encuentren en Colombia,
sorpresivamente, cargamentos de munición venezolana compatible
con los AK47 de la guerrilla marxista colombiana, como ha venido sucediendo
hasta no hace mucho. Por un rato, al menos.
Pero Chávez es siempre el
mismo, más allá de lo que circunstancialmente decida aparentar.
Sus aviones entran y salen del Perú sin pedirle permiso a nadie,
presuntamente para llevar peruanos a Venezuela, donde reciben tratamientos
oftalmológicos gratuitos, cortesía del “chavismo”.
Evo Morales, en reconocimiento
impúdico, acaba de admitir públicamente que recibe dinero
“directamente” de la Embajada de Venezuela en La Paz, según
él “para eludir los trámites burocráticos”.
Increíble. Con ellos financia un programa denominado “Bolivia
cambia, Evo cumple”, rememorando y copiando consignas similares
que alguna vez fueran usadas por Juan Domingo Perón, en la Argentina.
La “valija” de Antonini Wilson, con dólares aparentemente
destinados a financiar la campaña electoral de Cristina Kirchner,
es otra modalidad de ayuda o asistencia “directa”.
En Venezuela, Chávez ha
cooptado a dos obispos católicos y creado con ellos una “Iglesia
Católica Reformada” que no responde al Papa, sino a él,
que desde luego cree ser más que el Papa. Se trata de la liderada
por dos obispos de las diócesis de Maracaibo y de Cabimas, que
hasta han “ordenado” (por izquierda) sacerdotes en Cabimas,
ilegítimamente. Como sucede en China, desde hace décadas.
La Conferencia Episcopal Venezolana ha repudiado la maniobra y desconoce
a los “reformados”.
En Bolivia, con la profusión
de apoyo chavista distribuído por doquier, los “Ponchos Rojos”
(los guerrilleros marxistas de las décadas de los 70 y 80, que
liderados por el actual Vice-presidente, Álvaro García Linera,
el ideólogo más cercano a Morales, asesinaron impunemente
a civiles inocentes, sin mayor empacho) acaban de entregar “voluntariamente”
sus viejas armas, presuntamente para “contribuir a la pacificación
del país”. No sería raro que pronto veamos que algunos
de sus miembros recurren a las AK-47, más modernas, cortesía
de Chávez.
Mientras Chávez y Morales
agreden a Alan García, en Colombia se acaba de “encontrar”
otra computadora. Esta vez, una de las FARC que actuaron en el departamento
de Antioquía, en el centro del país. Pertenecía a
Manuel Muñoz, alias Iván Ríos, que fuera asesinado
por los suyos para cobrar un rescate.
Habrá seguramente más
sorpresas, que confirmarán lo que efectivamente es Chávez:
un paranoico que cree que tiene como misión llevar a Sudamérica
hacia el socialismo y la dictadura del proletariado, cuyo discurso naturalmente
es aquel que sólo él define. Nadie más.
“Plus ça change, plus
c’est la même chose”.
Emilio
Cárdenas se desempeñó como representante permanente
de la Argentina ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Fuente: www.economiaparatodos.com.ar
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