El
aspirante presidencial mejor valorado fuera de EE UU tiene su reto más
serio en Oriente Próximo
Cada día quedan menos dudas
de que la influencia de Estados Unidos es planetaria. La última
prueba es que los candidatos presidenciales norteamericanos hacen campaña
en Jerusalén, Bogotá o Berlín como si estuvieran
en Detroit, Denver o Kansas City. Alguien ha propuesto seriamente mantener
uno de los tradicionales debates electorales en el extranjero.
Cada día quedan menos dudas
de que la influencia de Estados Unidos es planetaria. La última
prueba es que los candidatos presidenciales norteamericanos hacen campaña
en Jerusalén, Bogotá o Berlín como si estuvieran
en Detroit, Denver o Kansas City. Alguien ha propuesto seriamente mantener
uno de los tradicionales debates electorales en el extranjero. Y se ha
pensado incluso en el lugar adecuado, Dubai. ¡Qué mejor sitio
para abordar algunas de las preocupaciones más acuciantes de los
norteamericanos en la actualidad: el petróleo, Oriente Próximo,
Irak, la presencia militar en el exterior, la amenaza de Irán..!
No se va a llegar tan lejos. No
en esta campaña, al menos. Pero tiene cierta lógica que
el mundo quiera ver y escuchar a los hombres cuyas decisiones van a afectar
pronto y decisivamente casi al conjunto de la humanidad.
Seguramente ésa no es la
única razón por la que el viaje que esta próxima
semana hará Barack Obama a varios países de Europa y Oriente
Próximo ha despertado tan inusitada atención. Muchos países
se han visto contagiados por la emoción de las elecciones primarias
y han sucumbido a la pasión que la candidatura de Obama ha desatado
entre una parte de la opinión pública norteamericana. No
es fácil permanecer indiferente ante el espectáculo de unas
elecciones en Estados Unidos y sustraerse al interés que una figura
como Obama suscita.
Como consecuencia, la gira de Obama
va a desatar muy probablemente una ola de admiración en países
que, por lo demás, esperaban ardientemente el relevo de George
Bush y son receptivos a cualquier propuesta que parezca alejarse del estereotipo
político norteamericano. En palabras de alguien muy cercano al
senador afroamericano: "Millones de personas en el mundo querían
volver a amar a EE UU. Obama les da la oportunidad de hacerlo".
Ahora todos quieren ser testigos
del nacimiento de la obamanía. El candidato demócrata será
acompañado en su recorrido por cientos de periodistas, entre ellos
los presentadores de los principales informativos de las tres cadenas
de televisión norteamericanas. Se han tardado semanas en ultimar
los preparativos de la gira -todavía inciertos- porque todos los
políticos y personalidades de cada país de destino quería
tener unos minutos para saludar a la nueva estrella. La campaña
de Obama ha tenido que rechazar amablemente varias peticiones de países
que quería ser añadidos a la lista del viaje. Irlanda y
Líbano defendieron su candidatura y expusieron sus argumentos,
pero no tuvieron éxito. España también lo intentó.
Una foto junto a Obama se cotiza
hoy muy alto en el mercado de la política mundial. Unos y otros,
conservadores y socialdemócratas, al otro lado del Atlántico,
toman posiciones respecto a él y se perfilan en relación
a la nueva figura, cuya indefinición ideológica hace este
juego arriesgado y fascinante. En Alemania, su plan inicial de pronunciar
un discurso ante la simbólica puerta de Brandemburgo ha abierto
una crisis en el Gobierno de coalición, con la canciller, Angela
Merkel, en contra de tal iniciativa, y su ministro de Relaciones Exteriores,
Frank-Walter Steinmeier, a favor.
Es fácil anticipar que,
desde el punto de vista de las relaciones públicas, este viaje
de Obama a Afganistán, Jordania, Israel, Alemania, Reino Unido
y Francia (con posible extensión a Irak) va a ser un éxito.
En algunos momentos puede rozar incluso la adulación, el culto
a la personalidad.
El viaje de John McCain, el candidato
republicano, el mes pasado, a Colombia y México, sólo fue
cubierto por un reducido grupo de periodistas y ocupó espacios
secundarios en los medios de comunicación. Fue un viaje, sin embargo,
en el que McCain dejó establecidos principios importantes de su
política exterior: el respaldo a los Gobiernos que luchan contra
el terrorismo, la seguridad fronteriza y la promoción de nuevas
leyes migratorias.
¿Conseguirá el viaje
de Obama superar el show mediático y difundir un proyecto de política
exterior sobre el que puedan juzgar los ciudadanos norteamericanos y de
otras partes del mundo? "Ése es el propósito",
responde David Axelrod, el principal estratega de la campaña de
senador de Illinois. "Es una oportunidad", añade, "de
que se siente con los líderes internacionales con los que tendrá
que trabajar como presidente y discutir los asuntos de preocupación
común".
Mejor que así sea, porque
las encuestas revelan una tras otra que éste es el principal talón
de Aquiles de la candidatura de Obama. Un sondeo esta semana de The Washington
Post-ABC revelaba que sólo un 48% de los potenciales votantes ven
al candidato demócrata como un buen comandante en jefe, mientras
que el 72% aprueba a McCain en ese papel.
Las propuestas esenciales de su
política exterior y de seguridad -ambos conceptos van siempre unidos
en este país- fueron establecidas públicamente en una reunión
mantenida por Obama el miércoles pasado con un grupo de expertos
en la materia, entre ellos el ex senador Sam Nunn, que es mencionado entre
los posibles candidatos a la vicepresidencia y que se ha convertido en
uno de los principales gurús de Obama en estos asuntos.
Ese grupo era una pequeña
representación del equipo de 300 personas que, según The
New York Times, asesora a Obama en temas internacionales. Ese equipo,
del que forman parte ex secretarios de Estado, senadores y académicos,
prepara todos los días un resumen de los más acuciantes
problemas mundiales y las respuestas que hay que dar en el que caso de
ser requeridas por los medios de comunicación.
"Es hora de poner al día
nuestra estrategia de seguridad para situarnos por delante de los terroristas",
dijo Obama en la reunión con los expertos. "EE UU no puede
permitirse otro presidente que no comprenda las amenazas a las que hoy
hacemos frente".
El candidato discutió con
sus asesores sobre la amenaza de la proliferación nuclear, el bioterrorismo,
el terrorismo cibernético y otros peligros a los que, según
él, EE UU no ha atendido suficientemente durante todos estos años
en los que ha estado distraído por la guerra en Irak. El propósito
de Obama es poner fin a esa guerra, desviar parte de los recursos que
allí se emplean a Afganistán y actualizar medidas de protección
contra lo que él llama "las amenazas del siglo XXI",
entre las que incluye la seguridad energética.
La campaña de Obama es consciente
de que, por muy lejos que esté de Estados Unidos, el principal
objetivo del mensaje de este viaje es el votante norteamericano. Por eso
es previsible que el Obama que veamos en este viaje no sea exactamente
el que los europeos quieren ver. El candidato demócrata va a regalar
los oídos europeos con su promesa de retirada de Irak. Pero, acto
seguido, va a pedir un esfuerzo militar mucho mayor en Afganistán.
Obama no es, por supuesto, un halcón
de la política exterior. Como ha dicho varias veces, entiende las
relaciones internacionales como un justo equilibrio entre la negociación
y la fuerza, sin renunciar a ninguno de esos instrumentos. Pero necesita
sonar lo más parecido posible a un halcón para aumentar
la credibilidad de su candidatura en EE UU.
Todas las investigaciones recientes
coinciden en anticipar un cambio de ciclo en EE UU. Hastiados del periodo
de Bush, los norteamericanos parecen querer explorar nuevos caminos de
relacionarse con el mundo por vías más amigables. Ahí
encajan sin excesivo recelo algunas ideas audaces de Obama como la de
dialogar con Irán o Cuba. Pero tiene que hacer compatibles esas
propuestas con responder a la inquietud de los norteamericanos con su
seguridad. "Obama no va a ser presidente por su política exterior,
pero puede ser derrotado por ella", advierte Doug Schoen, un investigador
demócrata.
"Es un gran reto para Obama",
admite Lee Hamilton, uno de los más estrechos colaboradores del
senador, "porque la política exterior es una de las áreas
en los que los votantes tienen dudas".
Ese reto es especialmente serio
en Oriente Próximo. Ésa es, con diferencia, la región
del mundo que los estadounidenses perciben como el foco de sus principales
enemigos. No va a darle la presidencia el aplauso de los palestinos ni
de los israelíes. Pero el viaje puede ser un éxito si, al
regresar, Obama encuentra un país que ha empezado a aceptar que
pueda dejar su seguridad en manos de este joven afroamericano.
La
gira comienza en secreto en Afganistán
Bajo estrictas medidas de seguridad,
que incluyen el secreto sobre sus movimientos, el candidato presidencial
demócrata, Barack Obama, inició ayer una visita a Afganistán
en la que intenta resaltar el lugar prioritario que esa guerra ocupa en
su agenda internacional así como asentar sus credenciales como
posible comandante en jefe.
Obama es acompañado por
un reducido y selecto grupo de periodistas que sólo están
autorizados a informar sobre las actividades del candidato varias horas
después de que hayan ocurrido. Intentando restarle al viaje cariz
electoral, junto a Obama viajan dos de sus colegas en el Senado, el demócrata
Jack Reed y el republicano Chuck Hagel. El candidato demócrata
salió de Chicago el jueves por la noche. Después de una
escala imprevista en Kuwait para reunirse con militares norteamericanos,
ayer se supo que había aterrizado en Kabul y se había trasladado
horas después a Nangarhar, una de las provincias del este de Afganistán
fronterizas con Pakistán, donde se reunió con autoridades
locales y oficiales norteamericanos responsables de la seguridad en esa
explosiva región.
Posteriormente, se le volvió
a perder la pista durante horas, aunque se creía que tenía
previsto pasar la noche en Kabul y reunirse hoy con el presidente afgano,
Hamid Karzai. Se espera que después viaje a Irak. Ambas visitas
a los escenarios de las dos guerras en las que actualmente combate Estados
Unidos son el preludio de una gira por Oriente Próximo y Europa,
cuyo comienzo está previsto para el próximo martes en Jordania.
Ésta sería la segunda
vez que Obama visita Irak desde 2006, y su primer viaje a Afganistán,
donde el candidato demócrata ha anunciado desplegar 10.000 soldados
más e invertir más recursos si es elegido presidente.
El tono discreto de la visita,
aparte de las razones de seguridad, se debe también a un intento
de no trasladar en exceso la campaña electoral a esos territorios
y no debatir sobre el campo de batalla las diferencias que actualmente
separan a Obama de la Administración de George Bush.
"Vengo
más a escuchar que a hablar", comentó Obama cuando
los periodistas que le acompañaban le preguntaron si pensaba discutir
con sus interlocutores sus planes para el futuro de la región.
"Tenemos un presidente y es al presidente al que le corresponde trasladar
los mensajes" a los líderes de otros países, añadió.
"Queremos observar la situación sobre el terreno. Queremos
hablar con los mandos militares y conocer cuáles son sus preocupaciones.
Y agradecer a las tropas el heroico trabajo que están haciendo",
explicó el candidato demócrata.
Fuente: El País (España)
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