| Opinión |
| -Pobres y opulentos |
Por
Carlos Méndez Paz (h.)
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La
reciente movida popular organizada por el gobierno, para recordar a los
caídos de 1956, costó la vida de un tucumano que seguramente
necesitó de la dádiva de su gobernador para asistir a ese
acto que contó con el respaldo de una costosa cobertura publicitaria.
Además, el aparato gobernante incluyo el discurso de la presidente para exaltar previamente los ánimos e impulsar a la gente a contrarrestar la acción de quienes pretenden desabastecer las góndolas de los mercados y además frenar a los que también intentan desestabilizar la democracia. Dictó, la presidente, cátedra de antagonismo y, en una ensalada dialéctica, hablo sobre las madres de plaza de Mayo y los derechos humanos, como previamente había hecho referencia Luis D’Elia; luego, con tono más conciliador, hizo referencia a la necesidad de tener un mayor grado de “institucionalidad”, por ello elevaría la cuestión de las “retenciones móviles” al Poder Legislativo, como debió haber hecho antes de su implementación, por ser el órgano competente para ese tipo de cuestiones. Este tema será el objeto principal del presente escrito. Pero, la presidente tiene razón cuando indico las reglas que deben cumplir aquellos que viven en democracia y no comparten las decisiones del ejecutivo; ella señaló, al respecto, que deberán expresar su disenso por intermedio de las urnas o bien fundando un partido. Sin embargo, una rápida mirada al sistema, nos permite decir que no es una cuestión tan simple, por lo menos en nuestra comunidad que, como dijo recientemente un empresario chino, debería tener cuarenta millones de ricos. El tema sobre la democracia es una cuestión compleja, habida cuenta de los vicios de nuestra sociedad. Hace años leí el editorial de un diario uruguayo donde señalaba algunos males de la sociedad argentina; para resumir, se indicó allí que la principal causa de nuestra decadencia era de orden moral y cultural, de otra forma no se podría explicar como se retiraban grandes sumas de dinero para ser enviadas al exterior, entre otras maniobras poco cristalinas, sin pensar en el daño que ocasionan a la Patria, o como se publicitan las intimidades más tenebrosas –en los medios- sin el más mínimo recato, además de hacerlo con un tratamiento grosero y vulgar, demostrando un franco deterioro de nuestra comunidad. Por tanto, esta lamentable condición general de nuestra sociedad debe tener su correlato con los gobernantes; si esto es así, estamos ante un tremendo escenario devastador, donde los oportunistas de turno hacer “caja” mientras que los discursos antagónicos y populistas se contraponen con la riqueza de los políticos y sindicalistas ocasionales Los sectores marginales son convocados a la plaza por un incentivo económico como ocurrió, al parecer, con el chico tucumano que murió hace poco. Pero ¿quién piensa realmente en esta gente con serios problemas? La presidenta no considera que los reclamos son una actitud legítima del Estado de Derecho, incluso tampoco considera que los piquetes de hoy son producidos por la falta de institucionalidad, por no tener un verdadero modelo de país, por que el gobierno tomó una medida confiscatoria que generó este malestar nacional. Hay que considerar también la falta de equidad, en estas cuestiones, dado que Luis D’Elia y su banda, luego de toman y destruir comisarías o pegar a quienes pacíficamente reclaman, sigue bajo el amparo del gobierno y de una justicia decadente; esto hace a la democracia, a la redistribución de los ingresos, al manejo de los recursos públicos. Por tanto, existe una notable hipocresía en los discursos oficiales. Esta posición totalitaria y parasitaria habla de la existencia de “señores” de la pobreza que se aprovechan de la situación marginal de muchos argentinos y, por otra parte, complican la institucionalidad de una nación. Estos agentes feudales no tienen señoríos pero lograron una amplia clientela con las dádivas que sacan del erario público. Pero, ¿Quienes son los que pagan las vidas que mudaron de este mundo por “defender” los intereses de estos opulentos políticos y sindicales? Entre tanto, los gobernantes gastan las recaudaciones por exportaciones para sostener una publicidad morbosa, sus bandas de choque y una desesperada clientela. ¿Dónde esta el modelo de país que declaman –sin fundamento ético- los actuales políticos y sindicalistas de la riqueza? Ellos preparan las condiciones económicas para su presente y futuro y son, sin duda, la verdadera oligarquía opulenta de las últimas décadas que, para colmo, es defendida por los que menos tienen. Así son los populismos baratos que tienen además todo el aparato político a su disposición y la “caja” para mal gastar y sostener su demagógico accionar. Para colmo, hacen todo tipo de maniobras espurias, dictan dobles discursos, cambian los mensajes en el momento oportuno, hacen promesas que no cumplen, traicionan, mienten y no dejan de “robar”, como señaló Barrionuevo, en alguna oportunidad. Además, se debe considerar también que, muchos de ellos, son patrones de la droga y otros vicios. Mientras que los políticos y sindicalistas de turno se enriquecen, los más pobres se encuentran ligados a este indigno régimen de vasallaje que, para colmo, no sirve para construir grandes Estados nacionales, como ocurrió en otros tiempos. Este vínculo genera dependencia y servidumbre; incluso cuesta vidas. Cuantos palos y balas se utilizaron para seguir bajo el amparo económico de estos patrones que declaman sobre los Derechos Humanos, sin importarles que su socia Hebe Bonafini aplaudió los atentados del 11 de Septiembre o los cometidos por la ETA, en España; más allá de las circunstancias o simpatías, la muerte de civiles inocentes se cometieron bajo un régimen democrático. Entonces, la presidenta debería considerar la lista de invitados para no empañar sus discursos humanitarios o de lesa humanidad. Si sostiene la presidente un discurso democrático, tendría que mantener un lógico equilibrio en sus mensajes y actitudes, pues ella representa a todos los argentinos y, por tanto, no debería tener propuestas de confrontación y antagónico. Hay que tener en cuenta además que Bonafini y su grupo, recibe más de un millón seiscientos mil pesos por mes, que seguramente surge de los impuestos de los contribuyentes como, por ejemplo, el campo, el comercio, la industria y el mono tributo de plomeros, carpinteros, profesionales, etc. Digamos algo más, hablando de equilibrio institucional, en esta materia, cual es el motivo por el cual el gobierno no impulsa la causa del coronel Larreburo como de lesa humanidad; la memoria no es pareja para todos los argentinos y la justicia tampoco. Esto nos coloca en medio de una anacrónica y decadente actitud que impide hacer un buen gobierno, como realiza el presidente Lula, en Brasil o el ministro Mujica, en Uruguay. Los estadistas tienden a pacificar las sociedades y no a exaltar los ánimos para dividir o confrontar; así ocurrió en España con, por ejemplo, el Pacto de la Moncloa. Pero, no es necesario cruzar “la mar” para encontrar tendencias similares; recientemente los senadores chilenos, por dar un caso, no consideraron oportuno tratar la cuestión de la confrontación que vivió ese país durante la Guerra Fría. En el Uruguay, hace poco, el presidente Tabaré Vázquez organizó una reunión con militares y tupamaros, para “cerrar heridas del pasado”. Se trata después de todo de alcanzar cierto orden y progreso, como dicta el lema brasileño; por ello, el presidente Lula, de gran popularidad entre su gente, considera que la paz social ayuda a la producción, al desarrollo y la grandeza de su patria. La liga de estos tres países vecinos tiene un derrotero claro y exitoso, para bien de su gente; el actual mandatario Peruano revirtió una tendencia negativa, previa a las elecciones presidenciales, cuando señaló que el modelo de su país sería similar al chileno. La “revolución para combatir a la pobreza” que declaman, los políticos y sindicalistas de la opulencia, es un mero pasaje retórico; habida cuenta que esta batalla se gana trabajando dignamente, sin dádivas o rencores inconducentes y, en particular, con Políticas de Estado; los más desplazados no progresarán o alcanzarán mejoras sustanciales con los dineros públicos que manejan los “señores” de la pobreza a discreción y a cuenta gotas; por otra parte, la gente más pobre apoya a estos políticos y sindicalistas que son la verdadera oligarquía opulenta que se da el lujo incluso de comprar mini Cooper para que sus hijos se entretengan en un predio cerrado, por no tener edad para salir a la calle. A pesar de ello, interfieren la vida productiva de quienes pagan impuestos y producen en la República Argentina. La caja da para mucho, menos para los pobres. ¿Quiénes son los opulentos? o ¿dónde se colocan los políticos y sindicalistas que se enriquecieron en las últimas décadas? Estos “revindicadotes” del bienestar negocian, de a cientos de miles, los derechos humanos de los argentinos más postergados; desde sus cómodos escritorios dictan emotivos discursos y propuestas para revertir la pobreza, mientras siguen amasando una buena fortuna, a expensas de los indigentes, los analfabetos y los pobres, para comprar lujosos vestidos y joyas cuando viajan al exterior. La problemática del campo no es un tema sectorial; la protesta contra el gobierno se extendió a otros sectores de la sociedad por la falta de una verdadera institucionalidad y la carencia de un modelo de país sustentable y predecible; pues, se podrían hacer hospitales, escuelas y obras de infraestructura, en lugar de sostener a bandas de patoteros y otros grupos que el gobierno subsidia graciosamente, mientras manipula los guarismos del INDEC y denigra a quienes trabajan y producen. Esto hace a las formas institucionales, que declama y no practica el gobierno ¿A que se refiere la presidente cuando habla de democracia? El gobierno que “busca” institucionalidad es el único y verdadero responsable del desabastecimiento, la desestabilizad social, el deterioro de las instituciones y la redistribución digitada de los recursos públicos. La gente recuerda muy bien como manipularon los Kirchner los dineros públicos de su provincia que, hasta el momento, no hay un claro informe sobre el particular, ni sobre el tema de los intereses y su utilización. El “modelo de país” está ligado también a la concesión del jugo que Néstor Kirchner extendió –cuando era presidente- por treinta años más, cuando todavía faltaba una década para concluir dicha gracia. Sin embargo, el hecho de mandar al congreso la cuestión de las retenciones tiene un ribete de institucionalidad que merece un comentario especial pues, a mi entender, tiene sus aristas filosas. En primer término puedo señalar que el Congreso tiene una historia reciente muy triste; si se tiene en cuenta la denuncia que formuló, entre otros, el legislador Antonio Cafiero, ese “muchacho” que –según el general Perón, era bueno pero se “quedaba con los vueltos”. En este ámbito pueden ocurrir maniobras de todo tipo, si se tiene en cuenta este triste antecedente. El modelo de país que declama la presidente, es una farsa; por ello nos califican desde el exterior, como ocurrió en el “Berliner Tageblatt”, al señalar que “La economía (Argentina) no encuentra su rumbo creíble y la estabilidad, hoy una vez más, está seriamente comprometida como consecuencia de los recientes y sucesivos gobiernos corruptos e indolentes” (Ingeborg Hellige, mayo de 2008). La obediencia debida, por verticalidad o por miedo, al presidente del movimiento gobernante, es otro tema para analizar y tener en cuenta respecto de la actitud que tomarán los legisladores sobre las retenciones; pues se puede dibujar este pasaje deliberativo de muy variadas formas para darle un ropaje institucional. Resulta gracioso que la “obediencia debida” pueda ser utilizada por el poder ejecutivo en esta oportunidad, mientras que –para otros temas- es cuestionada o denostada; dice el dicho: haz lo que yo digo y no lo que yo hago. Los “aportes” y “aprietes” que puedan ocurrir se apoyan también en estudios o análisis de la relación de fuerza, pues los Kirchner, sus asesores y su íntima clientela consideran que tomaron la delantera (tiempo y material disponible) en este conflicto y calcularon que –si pasan este presunto escollo “institucional”- la pista esta despejada, de alguna forma, para ellos y menos clara para los productores agropecuarios, habida cuenta que las instancias institucionales se agotarían, salvo el estrado de la Corte Suprema. Solo les quedaría mantener las medidas de fuerza, que se agotarán seguramente por el propio esfuerzo de la medida o deberán realizar un cambio de estrategia. La lectura que señala la tozudez del binomio Kirchner no es tal, pues cuando el ex-presidente pretendió manipular las elecciones internas de su partido, en Santa Fe, se encontró con un Reutemann dispuesto a competir y, para no pasar por una dura derrota, desistió de su cometido; probablemente consideró que pasaría algo similar a lo ocurrido recientemente en Río IV, Córdoba. La institucionalidad declamada, se agota en un discurso hueco y puramente demagógico. También podría ocurrir un milagro, si el Congreso rechaza la propuesta del gobierno sobre las retenciones móviles al campo, con lo cual habría dos posibles lecturas. Por un lado una reivindicación del cuerpo o un acto de dignidad personal e institucional; sin embargo, no creo que ocurra esta posibilidad (espero equivocarme). La segunda cuestión surge en torno de una salida elegante del gobierno para recomponer el estado de malestar general; de esta forma, el ejecutivo saldría menos lastimado y podría enderezar el timón para dejar de rolar, en medio de esta tormenta inaudita. Pero, sea cual fuere el camino del Congreso, hay un hito que el gobierno no evaluó inicialmente; este punto de partida es la proyección del notable “grito” productivo que se produjo en todo el país y la proyección del mismo hacia otros sectores de la sociedad, que se plegaron a esta protesta en procura de alcanzar un verdadero modelo de país (sustentable, predecible e integral); la Patria grande, como aquella que teníamos en la primera mitad del siglo XX, se puede lograr si se canaliza adecuadamente esta singular oportunidad y, entonces, podremos decir que hay esperanza para nuestra Patria. * Historiador y publicista cmendezpaz@ciudad.com.ar Nota: Este artículo salió en el diario “Nueva Era” de Tandil, el día sábado 5 de julio de 2008; pero el diario no puso un párrafo (de la parte final) por falta espacio (una página). Gentileza de "El Tábano" para NOTIAR |