El
conflicto creado por las retenciones móviles para las exportaciones
rurales ha encerrado al país en una trampa, donde el llamado "debate"
se rige por el doble discurso.
El
Gobierno nacional lo plantea como una lucha agónica y de supervivencia
política. La realidad es que se trata de la reacción de
un sector productivo que es acompañada por un amplio espectro de
la población. Obviamente, a ellos se suman opositores políticos,
pero también muchos dirigentes, legisladores e intendentes del
oficialismo; pero los primeros protagonistas están en el campo.
Y el impacto a nivel social es mucho más amplio de lo que parece
advertir el Gobierno.
Los
voceros oficiales no ayudan para nada.
El
gobernador Jorge Capitanich reasume la defensa del sistema de retenciones
móviles planteando exactamente todo lo contrario a lo que escribió
en un proyecto de Ley redactado en 2003. Ayer las definió como
un "recurso legítimo"; si su proyecto hubiera sido ley,
este año habrían quedado eliminadas. Su proyecto sentencia
que "el Congreso establece las retenciones y demás tributos,
contemplados en el "Código Aduanero" y destaca que "en
orden a una mayor estabilidad jurídica, se reafirma la atribución
legislativa de establecer y modificar estos tributos". Además,
el proyecto exalta "la gravitación -del campo- en la dinámica
económica y social de las diversas jurisdicciones".
El
secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, concurrió al
Senado y se comportó como si fuera el ministro de Economía.
Lo curioso es que intentó justificar las retenciones fundando sus
argumentos en los supuestos éxitos de este gobierno en la lucha
contra la inflación y hasta reivindicó los datos que proporciona
el INDEC. Todos saben que el INDEC miente y que la inflación es
una de las principales causas de descrédito del kirchnerismo.
La
elección de tales voceros demuestra que al Poder Ejecutivo ya no
le interesa persuadir. Moreno admitió el carácter fiscalista
de las retenciones móviles; es decir, que fueron creadas para tapar
un bache fiscal, coherente con el complicadísimo sistema de mantenimiento
del dólar alto y subsidios por doquier descripto por Capitanich.
Nadie
puede creer que un programa de desarrollo agropecuario dirigido a regular
el avance de la soja y con la impronta de la redistribución del
ingreso sea anunciado a través de una resolución; que se
definan los objetivos sociales después de tres meses de conflicto
y que se introduzcan supuestas compensaciones entre gallos y medianoche
para evitar el rechazo del proyecto por los diputados.
Pero
todo se explica por el doble discurso. Todos saben que las retenciones
fueron un error, pero que abrió la Caja de Pandora. Por eso, el
país quedó enfrascado en un conflicto inventado, cuyas consecuencias
de todo orden son todavía imprevisibles.
Francisco
Sotelo
Fuente:
El Tribuno (Salta)
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