Domingo, 18 Junio 2017 00:00

Pasito a pasito, suave, suavecito - Por Jorge Lanata

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En la Argentina las matemáticas llevan años sin funcionar (seguimos gastando más de lo que ganamos, alegremente) y la Contabilidad Creativa pasó de ser una broma a convertirse en una disciplina.

 

Ahora, en pocas semanas, marcaremos otro hito: ir a un comicio en el que nos dan a elegir entre opciones únicas. En las PASO los partidos no discuten como llegar al poder, sino como mantenerse en él. Ignacio Zuleta lo definió con precisión: “En el fondo, la intención de Néstor Kirchner fue castigar a los disidentes inhabilitándolos si perdían internas y obligándolos a la obediencia. Sólo disparó un festival de la traición”.

Desde diciembre del 2009 se definen con las PASO qué partidos están habilitados para ir a elecciones nacionales y con qué candidatos lo harán, dejando fuera del comicios a aquellos que no obtengan al menos el 1,5% de los votos válidos. La ley favorece al bipartidismo y duplica los gastos para partidos chicos que no pueden solventarlos.

Es, a la vez, un buen mapeo de la elección futura que permitirá a los oficialismos –quienes tienen el dinero, bah- a replantear estrategias según las preferencias del electorado. Las PASO son abiertas por una cuestión curiosa: todo ciudadano participa de la elección esté o no afiliado, en su propio partido o encarajinando un partido ajeno.

Es, en el siglo XXI, la oficialización del entrismo setentista. La “reforma política” dejó fuera de competencia a 149 partidos entre ellos en Demócrata Cristiano, perdió la personería en 12 provincias, el Humanista en diez provincias, y el Obrero y el Comunista en nueve distritos. Existiendo porcentajes claros para acceder a todos los cargos, ¿hace falta prohibir partidos enteros?

Se supone que la democracia intenta proteger a las minorías, ya que las mayorías se defienden solas. Si ese derecho a minorías se respeta los que quedan bajo la valla del 1,5 ¿son subminorías? La “reforma” no llegó a reformar las listas sábanas, ratificó las colectoras y no dispuso el voto electrónico o la boleta única, sino en algunas provincias.

Desesperados por consolidar una sola lista que deba elegirse obligatoriamente, los candidatos terminan haciéndose lugar a los codazos basados en: posición en las encuestas, grados de conocimiento, rendimiento en los medios y recursos para alisar disidencias.

Cuando abrimos la puerta del cuarto oscuro para votar en la primaria, ellos ya están en la secundaria. Analizado desde el branding, el gobierno logró una buena campaña: Eco Cambiemos, Cambiemos País, Frente Cívico Cambiemos, Frepan, Avanzar Cambiemos, etc. etc. Deberá verse en la cancha si los dos pies caminan para el mismo lado. En Mendoza, por ejemplo, el gobierno irá con el Frente Renovador de Sergio Massa.

El vértigo democrático fue tal que Cristina, con Unidad Ciudadana, se apropió de una marca y un logo. El nombre Unidad Ciudadana es utilizado por una fuerza política local de La Plata, formada a mediados del año pasado. Alejandro Santaecchea, su titular, se presentó ante la justicia con un pedido de impugnación. El logotipo es un ícono sacado de una página de recursos gráficos http://Flaticon.com.

Menos mal que no se afanaron uno de prohibido estacionar.

Jorge Lanata

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