Ricardo Lafferriere

Ricardo Lafferriere

La “escena” política parece haberse sorprendido con la sanción del fallo de la Corte Suprema que ordena la aplicación del cómputo doble a la detención sufrida en carácter de prisión preventiva, luego de haber transcurrido dos años en tal condición y sin haber recaído sentencia en una causa penal, a personas encausadas por delitos conocidos como de “lesa humanidad”.

La “escena” política parece haberse sorprendido con la sanción del fallo de la Corte Suprema que ordena la aplicación del cómputo doble a la detención sufrida en carácter de prisión preventiva, luego de haber transcurrido dos años en tal condición y sin haber recaído sentencia en una causa penal, a personas encausadas por delitos conocidos como de “lesa humanidad”.

 

No haría bien el gobierno en desatender el despertar de la vieja corporación de la decadencia argentina, que parasitó durante más de ocho décadas la riqueza del país lastrando su desarrollo.

 

Se están produciendo cambios radicales en las bases económicas y políticas del país, sostenidos por los actores históricos –políticos, económicos y gremiales-  protagonistas de acuerdos plurales, expresos y tácitos, logrados por el gobierno, los gobernadores, los bloques legislativos y los sindicatos.

 

Yo no fui

Yo tampoco…

¿Quién fue? ¡El gran bonete!

El viejo juego infantil se reproduce como un giro macabro del genocidio en Siria.

 

Esto decíamos hace a fines de setiembre de 2008, hace justo ocho años. Hoy no le cambiaría ni una coma:

 

El método de las contradicciones es ya escasamente utilizado en los análisis sociopolíticos. La llegada de la posmodernidad, licuando las fronteras entre clases y fragmentándolas casi hasta el infinito, derrumbó epistemológicamente lo que aún podría brindar para orientar la interpretación de los problemas sociales.

 

Es Macri, pero es la Argentina.

Es la Argentina, pero es Macri.

 

La Sra. ex presidenta Cristina Fernández ha reclamado la libertad de Milagros Sala, con el motivo de que “le duele” su detención.

 

La política tiene dos etapas: la de lucha –agonal- y la de construcción –arquitectónica-.

 

El escaso –o nulo- compromiso con las propias palabras es una de las notas características del populismo.

 

Tanto como imaginar la magia de que todo sea posible sin hacer nada para lograrlo. Una especie de paraíso terrenal “siglo XXI”, en el que los bienes pueden recogerse como la manzana del árbol del Edén, disfrutando de la felicidad eterna.

El intento de golpe en Turquía mostró la definitiva vuelta de página, en el mundo occidental, de una forma de lucha por el poder que fue casi "norma" durante el siglo XX: la asunción por parte de las Fuerzas Armadas -o parte de ellas- del poder político ante situaciones de disconformidad con el ejercicio de ese poder por parte de un gobierno electo.

 

Los acontecimientos políticos que conmocionaron estos días a la opinión pública –y lo vienen haciendo desde hace varios meses, sin solución de continuidad- han reverdecido una afirmación que muchos argentinos repiten, en algunos casos convencidos y en otros tal vez sin pensar pero arrastrados por una especie de “main stream” de la opinión pública: “los peronistas son todos iguales”.

Las vueltas de la historia son impredecibles cuando se cruzan hechos independientes entre sí, pero coinciden en tiempo y lugar abriendo caminos insospechados.

 

Un saludable ejercicio de memoria trasladándonos a los inicios de la primera presidencia de la Sra. Cristina Fernández de Kirchner –para realizar un cotejo con los primeros meses de su sucesor- puede ayudarnos a poner en contexto lo que significa en el país un cambio de gobierno.

Deseando equivocarnos, no hemos escuchado a Carta Abierta, ni a Hebe, ni a Estela, ni a los verborrágicos artistas "nac & pop", ni a los periodistas militantes, ni a los gremialistas "combativos", ni a los dirigentes políticos y legislativos del kirchnerismo, y ¡vamos! ni a la propia neokirchnerista Beatriz Sarlo hacer referencia a la vergonzosa declaración de Moreno banalizando uno de los mecanismos más tenebrosos de la dictadura para hacer desaparecer personas, como lo fue arrojarlos vivos al mar.

Funciona a pleno el parlamento, actúa la justicia libre como no lo hacía desde tiempos inmemoriales, los partidos políticos no tienen cortapisas, la prensa ejercita una libertad que llega con un pluralismo inaudito a los propios medios públicos, la libertad de expresión y manifestaciones virtualmente no tiene ni siquiera los límites del sentido común y la prudencia.

Hace pocas semanas expresábamos nuestra preocupación por el hecho de que la discusión que ocupa el escenario político se concentre en forma casi excluyente en la corrupción. Obviamente, no lo hacíamos porque nos parezca mal que se investiguen los latrocinios de la década pasada, y se sancione a los culpables.

El crecimiento económico no necesariamente generará el empleo que llegue a todos. Lo hemos afirmado en varias oportunidades, simplemente observando la marcha del mundo: la economía se independiza cada vez más del trabajo humano, agrega tecnología, se robotiza.

Apañado por la benevolente cobertura del “establishment” comunicacional, los sindicatos realizaron la primera concentración gremial contra el gobierno.

Las giras del Ministro de Ciencia y Tecnología a Estados Unidos y a Italia conforman pasos concretos de una marcha que, a pesar de no ocupar el escenario comunicacional atrapado por el chisporroteo “de entrecasa” que no logra levantar vuelo hacia temas decisivos, se va imponiendo como una característica genética de la gestión de Cambiemos.

La resolución del Juez Bonadío procesando a la ex presidenta y varios de sus funcionarios por el delito de administración infiel es, indudablemente, el resultado de un importante trabajo de investigación fáctica y refinamiento jurídico intelectual.

El cambio que está atravesando el mundo, parcialmente eclipsado por los episodios que ocupan los impactantes titulares de violencia y desbordes, nos está instalando inexorablemente en una sociedad planetaria con significativas rupturas. Es ya la agenda del mundo, que a la vez que muestra en los titulares el dramatismo del terrorismo, los exiliados y las crisis financieras o políticas, vive en lo profundo un cambio sustancial en las tendencias de la convivencia.

 

 “La política es la más noble de las actividades humanas”, supo sentenciar, hace un par de décadas, Juan Pablo II.

 

No hay hoy otra locomotora posible para el desarrollo económico que el mercado global.

 

Las opiniones de los economistas argentinos -cada uno en su escuela, con amplio y envidiable reconocimiento académico- ofrecen a quienes deben decidir políticas públicas “menúes” frecuentemente contradictorios.

 

La situación global está marchando en un equilibrio altamente inestable, cercana al desmadre.

 

El aparente fatal dilema que ataca a Macri desde ambos flancos es el cabal reflejo del país sin diálogo.

 

Está claro que el populismo, en momentos de estrechez económica, es un formidable catalizador electoral de los más necesitados. Al igual que el chauvinismo, moviliza los instintos más primarios y las reacciones más viscerales. En momentos como esos la historia muestra que los fenómenos se repiten como calcados.

 

La gran herencia del kirchnerismo fue el atraso, frente al avance global. Esa situación, curiosamente, es también una gran oportunidad.

 

El gobierno ha anunciado el tradicional jubileo de fin de año.

 

Existe una definición primaria de la actividad financiera: es una intermediación que se realiza sobre activos ajenos.

 

El kirchnerismo, decíamos hace un tiempo, ocultó tras el grotesco durante una década el verdadero debate de fondo de nuestro país. Pero en realidad, era sólo su dimensión extrema.

 

Varias veces destacamos en esta columna la gravedad de la situación en Siria, donde el vacío que deja la secular presencia norteamericana “ordenando” la región es cada vez mayor.

 

El cambio de año trajo novedades. No se trataron de noticias relacionadas con explosiones económicas ni derrumbes estrepitosos. No hubo estallido del consumo inducido artificialmente, como en la década pasada, ni derrumbes cambiarios, como los que hemos tenido en otras épocas.

 

No haría bien el gobierno en desatender el despertar de la vieja corporación de la decadencia argentina, que parasitó durante más de ocho décadas la riqueza del país lastrando su desarrollo.

 

Se están produciendo cambios radicales en las bases económicas y políticas del país, sostenidos por los actores históricos –políticos, económicos y gremiales-  protagonistas de acuerdos plurales, expresos y tácitos, logrados por el gobierno, los gobernadores, los bloques legislativos y los sindicatos.

 

Yo no fui

Yo tampoco…

¿Quién fue? ¡El gran bonete!

El viejo juego infantil se reproduce como un giro macabro del genocidio en Siria.

 

Esto decíamos hace a fines de setiembre de 2008, hace justo ocho años. Hoy no le cambiaría ni una coma:

 

El método de las contradicciones es ya escasamente utilizado en los análisis sociopolíticos. La llegada de la posmodernidad, licuando las fronteras entre clases y fragmentándolas casi hasta el infinito, derrumbó epistemológicamente lo que aún podría brindar para orientar la interpretación de los problemas sociales.

 

Es Macri, pero es la Argentina.

Es la Argentina, pero es Macri.

 

La Sra. ex presidenta Cristina Fernández ha reclamado la libertad de Milagros Sala, con el motivo de que “le duele” su detención.

 

La política tiene dos etapas: la de lucha –agonal- y la de construcción –arquitectónica-.

 

El escaso –o nulo- compromiso con las propias palabras es una de las notas características del populismo.

 

Tanto como imaginar la magia de que todo sea posible sin hacer nada para lograrlo. Una especie de paraíso terrenal “siglo XXI”, en el que los bienes pueden recogerse como la manzana del árbol del Edén, disfrutando de la felicidad eterna.

El intento de golpe en Turquía mostró la definitiva vuelta de página, en el mundo occidental, de una forma de lucha por el poder que fue casi "norma" durante el siglo XX: la asunción por parte de las Fuerzas Armadas -o parte de ellas- del poder político ante situaciones de disconformidad con el ejercicio de ese poder por parte de un gobierno electo.

 

Los acontecimientos políticos que conmocionaron estos días a la opinión pública –y lo vienen haciendo desde hace varios meses, sin solución de continuidad- han reverdecido una afirmación que muchos argentinos repiten, en algunos casos convencidos y en otros tal vez sin pensar pero arrastrados por una especie de “main stream” de la opinión pública: “los peronistas son todos iguales”.

Un saludable ejercicio de memoria trasladándonos a los inicios de la primera presidencia de la Sra. Cristina Fernández de Kirchner –para realizar un cotejo con los primeros meses de su sucesor- puede ayudarnos a poner en contexto lo que significa en el país un cambio de gobierno.

Deseando equivocarnos, no hemos escuchado a Carta Abierta, ni a Hebe, ni a Estela, ni a los verborrágicos artistas "nac & pop", ni a los periodistas militantes, ni a los gremialistas "combativos", ni a los dirigentes políticos y legislativos del kirchnerismo, y ¡vamos! ni a la propia neokirchnerista Beatriz Sarlo hacer referencia a la vergonzosa declaración de Moreno banalizando uno de los mecanismos más tenebrosos de la dictadura para hacer desaparecer personas, como lo fue arrojarlos vivos al mar.

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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