Domingo, 24 Mayo 2020 00:00

El plan “más estado, más poder” - Por Alcadio Oña

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Kicillof anunció que no se puede volver a la normalidad anterior a la pandemia. La diputada Vallejos lanzó un proyecto al estilo “vamos por todo”.

 

Ha quedado bastante claro ya, si no definitivamente claro, de qué hablaba Axel Kicillof el martes pasado, cuando en la reapertura de una planta de Volkswagen y delante de los directivos de la empresa, sentenció: “Muchos quieren volver a la normalidad con esos discursos de la economía. Quiero decirles que la normalidad que conocemos no existe mas. No se puede volver. Es un sueño, una fantasía, un suicidio colectivo”.

El gobernador no precisó cómo sería la nueva normalidad o la normalidad que él impulsa, por llamarla de algún modo, pero ese mismo martes Fernanda Vallejos, diputada cristinista y funcionaria del Ministerio de Economía en tiempos de Kicillof, aportó un dato que cierra todo. Dijo que presentará un proyecto de ley para permitir que el Estado, y de hecho el Gobierno, tomen posiciones en las compañías privadas a las que auxilian en el pago de los salarios. Basta con advertir que durante la pandemia esa asistencia sumara miles de millones de pesos y tener, de seguido, una idea sobre la magnitud del eventual traspaso de acciones.

No bien salió a escena, la iniciativa de Vallejos adquirió un voltaje que empezó a comprometer al Presidente. Fue apoyada por el ministro de Trabajo, Claudio Moroni, con el argumento de que le parecía “un planteo interesante que habría que discutir”. El de Educación, Nicolás Trotta, arrancó con un “son paradigmas para discutir” y terminó con un “no voy a promover una política de conflicto innecesario”.

Evidente: los ministros se habían metido y habían quedado en el medio de un barullo y un cruce de política e intereses que le creaba problemas a Alberto Fernández, justo cuando si algo le sobra a Fernández son problemas con la pandemia y alrededor de la pandemia.

Aun así, nadie puede asegurar que el polémico proyecto ha muerto viniendo como viene de Kicillof, lo cual es igual a decir el delfín de Cristina Kirchner, su economista de cabecera y el hombre al que ella puso en la provincia de Buenos Aires. Tal vez, también su candidato en las presidenciales de 2023.

De paso, un par de datos a cuento de esta historia, protagonizados por el gobernador y visibles el miércoles a la salida de la reunión en Olivos. Hacer detener su auto para dispararle algunos dardos a Rodríguez Larreta delante de los periodistas, fue el primer dato. El siguiente, elogiar dos veces el papel del Gobierno en la lucha contra el coronavirus sin nombrar a Fernández en ninguna.

Nada secundario tampoco es que la ley en danza parezca una segunda vuelta de aquel “vamos por todo” que quedo trunco durante el segundo mandato de Cristina ni que cuadre, redonda, con las ideas intervencionistas que siempre alentaron los equipos de Kicillof y los jóvenes ya no tan jóvenes de La Cámpora. Hay de todo allí y todo del mismo color: desde la regulación de la economía y del sistema financiero, los cepos y el control de precios, hasta la presencia fuerte del Estado en las cuestiones más diversas, incluido el rol de creador de riqueza. El resumen: más Estado, más poder al Gobierno.

El plan empalmaría, además, con los espacios que gracias a la estatización de las AFJP el Gobierno ya tiene en un lote grande de grandes empresas; unas 42 entre las que figuran Edenor, Pampa Energía, Aluar, el Banco Macro, Transportadora Gas del Sur y Ternium de Techint. Espacios podría traducirse como presencia camporista en los directorios, presiones sobre las decisiones de los directivos, información útil y, nuevamente, poder.

No por pura casualidad, tras la caída de Alejandro Vanoli la ANSeS paso a manos de Maria Fernanda Raverta, una ex diputada cristinista hasta ese momento funcionaria de Kicillof en la Provincia. Pregunta poco inocente sobre el paquete completo: ¿de dónde saldrán y a quienes reportarán los directores que se designen en las 42 compañías?

Ruidos suenan también en YPF y, sobre todo, por la intervención oficial en el mercado petrolero y el papel que le asignaron a la compañía contra la voluntad, dicen, de su presidente, Guillermo Nielsen. Puesto por Fernández, el hombre anda quejándose de medidas que lo forzarían a perder ingresos y a aumentar gastos en beneficio de otras empresas.

Es de manual y de manual antiguo que las situaciones de emergencia, el miedo y las incertidumbres profundas suelen ser un terreno propicio para colar proyectos que en otros contextos resultaría complicado colar. Se trata, esta vez, del proyecto de Vallejos.

Pero apuntalarlo con el argumento de que la normalidad que conocemos ya no existe es un dato que, por ahora, solo existe en la cabeza de Kicillof. Tenemos y tendremos, potenciada por la pandemia, la crítica normalidad en la que vivimos hace años. Y si el punto es el Estado, tenemos uno visiblemente ineficiente en la calidad de los servicios que presta y que, además, no ha parado de crecer.


Alcadio Oña

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