Domingo, 07 Junio 2020 00:00

Economía mal y recaudación mal, un combo fatal - Por Alcadio Oña

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Las cifras de la AFIP y también de los gravámenes provinciales muestran una caída significativa.

 

La recaudación impositiva es una ensalada de números a veces incomprensible, normalmente aburrida, pero siempre será una muestra rigurosa de cómo andan unas cuantas cosas y, sobre todo, la situación económica y social. Simplificado: si la recaudación dice caída fuerte, estamos mal en serio y bien o más o menos bien, si dice crecimiento.

El mismo metro sirve ahora para medir eso que se sabe anda definitivamente mal. De hecho, también mide las magnitudes y las diversas maneras en que la pandemia y, si se quiere, el modo en que el Gobierno maneja la cuarentena sacude aquellas estructuras. Mejor dicho, sacuden estructuras resquebrajadas de tanto sacudirlas.

Un ejemplo contundente de este cuadro surge del llamado IVA-DGI, o sea, del impuesto que mejor expresa el estado de los ingresos de la población, el consumo y finalmente la salud de la economía. Según las estadísticas de la AFIP y descontada la inflación, los recursos reales derivados del gravamen cayeron 28,5% en mayo tras un bajón del 33% en abril. Peor todavía, se desplomaron respecto de los muy malos registros de 2019.

Puesto en plata contante y sonante, eso ha significado una pérdida de $ 77.861 millones en apenas un par de meses. Han perdido el Estado nacional y también las provincias, porque el IVA es un impuesto que se coparticipa. Y seguirán perdiendo durante un tiempo aún impredecible.

Viene cantado que detrás de una caja que se achica a fondo hay aportantes a esa caja que también están achicándose a fondo. Siempre la carga fiscal termina en el bolsillo de los consumidores, pero en el cómo se compone la masa de aportantes al IVA asoma el detalle de cuáles son las actividades castigadas o más castigadas por la crisis que arranca en el coronavirus.

De esa conexión directa habla un informe de la AFIP: revela que alrededor del 30% de la recaudación proviene de la industria manufacturera; un 24% del comercio mayorista y minorista; el 10 % del sector financiero y 5% de la construcción.

Con algunas, no muy grandes diferencias el Impuesto a las Ganancias de la sociedad tiene la misma lista y parecidos porcentajes a los del IVA. Y si la causa común a ambos pasa por el interminable parate económico, no resulta extraño que en mayo los recursos de Ganancias hubiesen bajado un 25,5% real, casi en línea con los del IVA. Vuelven a perder la Nación y las provincias.

Ahora, el turno de Ingresos Brutos, un gravamen que en cadena no deja rincón de las economías provinciales sin tocar y que resulta de lejos la mayor fuente de recursos propios de los grandes estados del interior. Medio hermano del IVA anda como el IVA: cifras del Iaraf, un instituto especializado, cuentan que la recaudación real de IB bajó 15,4% promedio en abril y 15% en mayo.

En la provincia de Buenos Aires, donde Ingresos Brutos significa nada menos que el 76% de la recaudación de ARBA, el retroceso fue del 18% en abril. Y fue, para más datos, el reflejo de una actividad económica que según el organismo se derrumbó 23%.

Seguro que además del desplome de la economía y de todos los factores que lo alimentan, el cuadro fiscal completo incluye altas dosis de evasión y de morosidad. Pero seguimos hablando de lo mismo: el no pago de impuestos es un recurso harto conocido que, en tiempos de crisis, se usa para financiar el sostenimiento de las empresas; sobre todo, de las pymes.

Lo cierto, en cualquier caso, es que durante los dos primeros meses de pandemia y cuarentena plenas la recaudación tributaria nacional se hizo trizas. Entre abril y mayo, la pérdida de ingresos reales ascendió a $262.500 millones; esto es, igual a la suma de los presupuestos anuales de los ministerios de Salud y de Desarrollo Social, dos piezas clave en la lucha contra la pandemia, más un plus 35.000 millones.

Dentro de ese paquete están los gravámenes que bancan gran parte de la coparticipación con las provincias, como el IVA impositivo y aduanero, Ganancias y Cheque, que juntos reúnen el 53% del total. Obvio: si caen, tal cual caen, los gobernadores terminan pidiéndole plata a la Casa Rosada.

Transferencias no automáticas o redondamente transferencias discrecionales se les llama a los fondos que el gobierno central gira al interior y distribuye a su gusto o según convenga. La mayor parte de las veces para salarios, datos del Iaraf cuentan que en abril fueron $ 100.000 millones, de los cuales el 42% terminó en el despacho de Axel Kicillof, seguidos de $ 50.000 millones en mayo.

Y como ahora tocan los sueldos de junio, algunos gobernadores ya han comenzado a golpear las puertas de la Casa Rosada, así como varios intendentes están golpeando las de Kicillof. Al parecer, la cuerda no llegaría a los medio aguinaldos, pero unos cuantos se dan por hechos con tener para el pago de salarios.

Con tantas urgencias de recursos a la vista cuesta encontrar dónde entra el Plan Argentina Construye, que promete crear 750 mil puestos de trabajo invirtiendo unos comparativamente muy módicos 28.000 millones de pesos. Falta ver que la promesa de "dinamizar obras públicas y privadas" pase de promesa y no se plante ahí.

Por de pronto, lo que hay no es ni siquiera parecido a eso que se promete sino todo lo contrario: medida en valores reales, la inversión pública cayó 18% durante el primer cuatrimestre, contra el mismo período del año pasado. Peor aún, bajó 18% contra un cuatrimestre en el que se había derrumbado 33%. El acumulado anota un impresionante rojo del 60%.

Hay un dato difícil de rebatir en este tedioso mar de cifras: que coinciden con lo que dice la realidad y que coinciden muchísimo más que mil palabras. Encima son oficiales.

Alcadio Oña

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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