Domingo, 14 Junio 2020 00:00

Cómo la cuarentena sacude a la frágil estructura laboral - Por Alcadio Oña

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Crecen el empleo informal, se contrae aún más el poder adquisitivo y la facturación en diversos rubros de la producción y los servicios se desplomó más del 60% en relación a un año atrás.

 

La pregunta no tiene nada de casual, y la respuesta suena poco menos que a cantada. Primero lo primero: ¿qué revela un sistema laboral donde los asalariados formales, en blanco, apenas representan el 47% del total y en el que el 53% restante se reparte, bastante parejo, en empleos de baja calificación y bajos ingresos: cuentapropistas no profesionales con algún oficio, trabajadores informales, digamos en negro, y otras variantes de la precariedad?

La respuesta abre un mar de explicaciones y, entre ellas, unas cuantas centrales. Describen un país que atrasa y que ha perdido varios trenes, con una economía que no crece hace años y con el riesgo cada vez más extendido de perder el empleo sin poder conseguir otro; habla de una sociedad fragmentada y desigual y, finalmente, de cómo se divide un universo de aproximadamente 8 millones de personas.

Ninguna ciencia, ese mapa laboral sobrecargado es el mapa laboral de la Argentina de fines de 2019 y ha sido tomado de un análisis de los especialistas Luis Beccaria y Roxana Maurizio publicado en el blog Alquimias Económicas.

El estudio señala que el país entró al 2020 con una cantidad de trabajadores formales que ya venía en caída, sobre todo en el sector privado, y que el número de los informales, los cuentapropistas y el resto de ese contingente iba en aumento. Dice, además, que en 2019 el salario privado real promedio había retrocedido al punto más bajo en 10 años y que el sueldo mínimo ha perdido un tercio de su valor real desde el máximo de 2011. O sea, de mal en peor a ambos lados del mapa en los comienzos de la gestión de Alberto Fernández.

¿Y hacia dónde apunta la intencionalidad que tiene la pregunta del comienzo? Apunta directo a lo que ocurre hoy mismo. Esto es, que, sobre esa estructura laboral desestructurada, que más que sostener necesita ser sostenida, pegan la pandemia y una cuarentena que va camino de la Fase VIII, si Fernández, el piloto de las extensiones, no decide retroceder a la Fase I y volver a arrancar. Previsible y concreto luego, el aislamiento social obligatorio desnuda y acentúa las deformaciones del mercado laboral y las desigualdades que existen en su interior.

Por si aún no fue advertido, aquí tenemos un punto donde el cuidado de la salud y el cuidado de la economía se tocan y conviven y donde, además de prorrogarlas, las cuarentenas y el modo como se las maneje definen ciertas dimensiones de la crisis. Para que no queden dudas, la vida manda siempre.

Con la aclaración de que son aproximaciones muy preliminares al impacto del confinamiento, otros datos del estudio de Maurizio-Beccaria dicen:

  • Sólo un tercio del empleo privado y alrededor de un cuarto del empleo total forman parte de las actividades económicas consideradas esenciales y, por lo tanto, exceptuadas del régimen. Visto del revés, el resultado canta que entre el 66 y el 75% de los trabajadores se supone mejor posicionados están dentro del rubro no eximidos.
  • Lo mismo sucede con el 75% de los ocupados en la industria y con la mitad de los ocupados en el comercio. Justamente, las dos ramas que todavía concentran la mayor parte de los puestos de trabajo.
  • En el fondo de la tabla aparecen los cuentapropistas de las categorías más bajas, los asalariados informales y quienes desempeñan actividades similares a las de ellos; todos, con muy escasas posibilidades de generar algún tipo de ingreso laboral en medio de la cuarentena. Es un país que vive en hogares que ya eran pobres antes de la pandemia.

Hay también un detalle que más que detalle es una muestra, amplificada, de las desigualdades y de lo que significa andar corto de trabajo o directamente estar sin trabajo. Dice que los ingresos laborales representan alrededor del 80% de los ingresos familiares totales o, lo que es lo mismo, que sin ellos acecha el hambre u otras cosas.

Vale, entonces, incorporar un par de pequeños ejercicios al cuadro general. Según la última estadística de la Ciudad Autónoma, el costo de la canasta básica total, la que mide la pobreza, asciende a $ 42.864 para una familia tipo, o sea, cuatro veces más que los $ 10.000 que el Estado subsidia a través del claramente insuficiente Ingreso Familiar de Emergencia. Otro desajuste: el contraste entre el costo de la misma canasta y los $ 33.750 que suman dos salarios mínimos, el cupo máximo garantizado por el programa oficial de asistencia al trabajo.

Nada diferente sino todo inevitablemente parecido tenemos en un informe de la Fundación Capital dedicado a analizar las perspectivas del consumo. Cuenta:

  • El salario real del sector privado registrado caerá, este año, alrededor del 7% o por encima del 7%. Y engrosará la pérdida del 15,2% que había acumulado entre 2018 y 2019. Estamos hablando, así, de un retroceso equivalente a 22 puntos porcentuales en tres años: una enormidad por donde se mire.
  • Mayor al 7%, obviamente, será la baja que se anotará entre los trabajadores no registrados, en negro. Aquí va, añadida, un crecimiento del desempleo, que por de pronto superará los dos dígitos durante el trimestre abril-junio, esto es, arriba del 10%.

De este mundo de salarios por el piso, cuando hay salario, de jornadas laborales apretadas al mango, si hay trabajo, y de ayunos forzosos es una planilla de la AFIP. O una foto tomada sobre las facturaciones-ventas del segundo trimestre comparadas con el mismo período de 2019.

Todo es derrumbe, ahí: 70% en hoteles y restaurantes, 69% en espectáculos y 58% en la construcción; 53% en el comercio, 52% en la industria y 42% en petróleo y minería. Una rareza no tan rara en medio del derrumbe, el sector financiero dio 5,7% positivo.

El relevamiento fue hecho para decidir quiénes podían acceder al subsidio al empleo. Y el requisito, una enorme paradoja, planteaba que la variación nominal de las ventas entre 2020 y 2019 debía decir cero o menos de cero.

De cajón entonces, los cálculos de la Fundación Capital estiman para abril-junio una caída del consumo privado cercana al 20%. Y otra del 9% al cabo del año que, acoplada a la de 2019, arrojaría alrededor 16% en apenas dos saltos.

Y como el consumo privado poco menos que determina el número del PBI, la noticia que lo acompaña anticipa un nuevo, mayor retroceso de la economía: del 8% aproximadamente. Arrancar desde semejante subsuelo no pinta a gran augurio para 2021.

Lo que hay más lo que viene le meten sentido, y sentido de sobra, a la idea de debatir ya cuáles pueden ser las mejores alternativas para mitigar y enfrentar los enormes costos económicos y sociales de la crisis. Se la llame pandemia a secas, como le gusta al Presidente, o pandemia y cuarentena como en realidad es.

Alcadio Oña

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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