Jueves, 20 Abril 2017 00:00

El viejo debate del tipo de cambio depende del cristal con que se mire - Por Daniel Sticco

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Desde el 10 de diciembre de 2015 la paridad cambiaria acompañó a la tasa de inflación interna. No corrigió el atraso heredado con el cepo y las restricciones al comercio exterior

 

En una economía que mantiene una alta tasa de inflación, al punto tal que, pese a los claros progresos en este primer cuatrimestre en comparación con similar período del año anterior, tanto si se observan las tasas mes a mes o interanual, se sostiene entre las más altas del mundo, siempre sale el debate sobre el nivel del tipo de cambio, independientemente de que ahora, a diferencia del pasado, se sostiene un tipo de cambio flotante, con poca intervención de la autoridad monetaria.

Nominalmente se acepta el análisis de la autoridad monetaria que desde que asumió el Gobierno, el 10 de diciembre de 2015, la paridad siguió los pasos de la inflación. Con una tasa estimada entre 1,5% y 2% para este mes de abril, la tasa de variación del índice de precios al consumidor se ubica en torno a 58%; mientras que el tipo de cambio, tanto al público como para el comercio exterior, se elevó casi 61% en el primer caso, y un 60% en el segundo. De ahí surge una ganancia real doméstica de un 2% que echa por tierra el reclamo de atraso cambiario.

Sin embargo, ese sería no sólo un análisis de cabotaje, sino que, peor aún, la lectura de "no atraso" da por sentado que en la partida la paridad entre el peso y el dólar se encontraba en un punto de equilibrio para no desalentar las exportaciones y no alentar la demanda de importaciones y, en especial para turismo exterior de los residentes.

El tipo de cambio multilateral

Pero se sabe que no era así, sino que, por el contrario, al 10 de diciembre de 2015 existía una brecha entre el administrado dólar oficial y el libre de un 50%, y se había acortado al 44% al momento de la unificación del mercado.

A partir de ese momento la autoridad monetaria comenzó a calcular un índice que "mide el precio relativo de los bienes y los servicios de la economía argentina con respecto al de los principales 12 socios comerciales del país, en función del flujo de comercio de manufacturas", representa el 78% del intercambio de bienes con el resto del mundo.

"Se obtiene a partir de un promedio ponderado de los tipos de cambio reales bilaterales de los principales socios comerciales del país. Se considera la evolución de los precios de las canastas de consumo representativas de los socios comerciales expresados en moneda local en relación con el valor de la canasta de consumo local, constituyéndose como una de las medidas amplias de competitividad (de tipo precio)", con base 100 el 17 de diciembre de 2015, explica el informe diario de la entidad que preside Federico Sturzenegger.

Actualmente esa relación descendió a 84,5 puntos. Implica un atraso del 18,4% que se desagrega en una leve mejora de 2,8% respecto del real de Brasil; pero sendas caídas del 21% con el dólar de los EEUU; 25% el yuan de China y 24% con el euro, para el conjunto de la comunidad europea.

En valores nominales, el real acumuló una suba de 43%; el dólar, 14%; el yuan, casi 8% y el euro, 13 por ciento.

Frente a ese escenario, la recuperación de la competitividad cambiaria podría intentarse por el camino simplista de dejar deslizar la relación entre el peso y el dólar a un rango cercano a 19 pesos y, desde ahí, sostenerlo al ritmo de la variación de los precios. Pero en la larga historia de alta inflación se ha demostrado que con eso no se corrige el problema de fondo.

Este consiste en la enorme contribución a la pérdida de competitividad de la producción nacional que ejerce al severo atraso en obras de infraestructura del transporte, comunicaciones, puertos y también burocráticos en los tres órdenes de Gobierno, que superan con creces el atraso cambiario actual del 20 por ciento.

Adicionalmente, con una contribución no menor, está la singular presión tributaria, también en los tres órdenes de Gobierno: nacional, provincial y municipal.

Las autoridades actuales han elegido dar prioridad a esos dos frentes: mejorar la infraestructura y reducir la presión tributaria, pero se trata de un camino que lleva sus tiempos, los cuales son singularmente más largos que el clásico atajo de la corrección cambiaria.

El debate seguirá abierto y su intensidad dependerá del sostenimiento de una política monetaria dura, entendida por altas tasas de interés respecto de la proyectada tasa de inflación, y una política fiscal que muestre rigor en el control de la expansión del gasto por debajo del nivel de alza esperada de los precios al consumo.  

Daniel Sticco

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