Miércoles, 31 Mayo 2017 00:00

Dólar y elecciones: una carta clave se dio vuelta - Por Daniel Fernández Canedo

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El Gobierno saldría a buscar US$20.000 millones y completaría el año fiscal. Una calma cambiaria casi asegurada 

 

El decreto 334/2017 del 12 de mayo corrió el telón sobre lo que el Gobierno tiene previsto hacer, en la segunda parte del año, para cubrir el déficit fiscal, al estimar “conveniente aprovechar ciertas circunstancias de los mercados financieros internacionales”.

El decreto abre la puerta para que el ministro de Finanzas, Luis Caputo, salga al mercado a conseguir los US$ 20.000 millones que le permitirán transitar en forma holgada lo que resta del año, con las elecciones incluidas.

Alcadio Oña decía ayer en su columna que, si no fuese porque tiene que aumentar la deuda, podría decirse que Caputo tiene la situación bajo control hasta fin de año.

Y en línea con ese concepto podría decirse que con la posibilidad de obtener los mencionados US$ 20.000 millones, el Gobierno lograría reafirmar la paz cambiaria para transitar sin grandes sobresaltos la elección legislativa de octubre. Lo que implica dar vuelta una carta clave en lo que respecta al aporte que la economía le puede brindar a la política del oficialismo.

Un informe del lunes de la consultora Analytica, fundada por el economista Ricardo Delgado, actual subsecretario de Obras Públicas del ministerio del Interior, arriesga un sendero para la nueva deuda que saldrá a colocar Caputo.

Dice Analytica que esa colocación “implicaría un incremento de las reservas de casi US$ 9.500 millones”. Y, aunque el déficit del mercado cambiario se ubicaría en US$ 7.000 millones en lo que resta del año, alcanzarían para cubrir parcialmente los US$ 15.000 millones provenientes del déficit primario”.

Esos supuestos desembocan en el pronóstico de que el tipo de cambio terminaría subiendo 13% este año, por debajo de la inflación en cualquiera de sus mediciones, y cotizando a $ 17,80 a fin de año.

Ese pronóstico se sustenta en lo que hasta ahora aparece más concreto: el Gobierno cuenta con instrumentos (básicamente dólares) para mantener controlado el tipo de cambio y, por consiguiente, para serenar la suba de los índices de precios.

Si se confirmasen los primeros pronósticos de que la inflación en mayo sería de 1,6%, el Banco Central validaría su estrategia de tasas de interés altas en pos del objetivo, para junio, de un índice del costo de vida orillando el 1%.

El trasfondo de la quietud del dólar hasta fin de año que circula en los pasillos de la Casa Rosada implica, también, superar el traslado de inversiones financieras de colocaciones en pesos a dólares típico de las semanas previas a todas las elecciones en la Argentina.

El Gobierno apuesta todo a la política, al punto que el principal asesor del presidente Macri, Jaime Durán Barba, afirma en su libro recién lanzado (La Política en el Siglo XXI) que la economía no influye tanto en las urnas.

Durán Barba pone el ejemplo de Perú, donde la economía crece en forma consistente y al mismo tiempo los presidentes “han roto todos los récords de impopularidad”.

Según el asesor presidencial, desde un punto de vista político lo que “realmente importa es lo que la gente percibe”.

Y en ese sentido, el Gobierno se apresta a destacar el posible camino descendente de la inflación por sobre un sendero de recuperación del consumo que aún está pendiente.

Y, aunque no lo dice, sabe que en materia de deuda todavía tiene camino para recorrer.

Con los US$ 20.000 millones que prevén conseguir en la segunda parte del año, la deuda argentina estaría en torno de los US$ 280.000 millones que equivaldría a 48% del Producto Bruto Interno.

Para los opositores, ese nivel de deuda es riesgoso, mientras que para los funcionarios y economistas que tienen posiciones más cercanas a las del Gobierno, está muy lejos de serlo.

La deuda que “importa”, o sea la que está flotando en los mercados y frente a la que el Gobierno debe cumplir sí o sí con los pagos de renta y amortización representa 18% o 19% del PBI.

Ese nivel es bajo respecto de la relación entre deuda y PBI de los países desarrollados (70-80%) y pone sobre la mesa uno de los interrogantes clave de mediano plazo en la economía argentina: ¿hasta cuándo el Gobierno podrá seguir tomando deuda en el exterior para financiar el déficit fiscal?

La respuesta que dan los economistas privados es que tiene, por lo menos, para dos o tres años si no hay un cambio brusco en las condiciones financieras internacionales, pero los límites los marcarán la política y la conducta de los inversores del exterior.

Para los inversores internacionales, las rentas que hoy ofrecen los bonos argentinos, nacionales y provinciales, encabezan el ranking de preferencias y son fuente de tentación para el diseño de escenarios eternos que, en algún momento, fracasan.

Para el sector privado, el momento también es propicio para conseguir financiamiento. Según un informe de la consultora Quantum, el sector privado argentino colocó deuda en el exterior por US$ 3.469 millones en el año.

Si el sector privado se endeuda para expandirse y el público lo hace para invertir en infraestructura, la deuda será bienvenida. Si sólo es para cubrir gastos corrientes, esa película ya se vio.

Daniel Fernández Canedo

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