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Viernes, 20 Septiembre 2019 00:00

Se achican las opciones para financiar el faltante de pesos y dólares - Por Hernán de Goñi

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La pregunta que otra vez condicionará el corto y mediano plazo de nuestra economía es cómo se obtendrá el financiamiento necesario para cubrir tanto el faltante de pesos como el de dólares que hoy tiene la Argentina.

 

No es un interrogante nuevo, y eso es uno de los factores que complica la respuesta. El país vive bajo un estado recurrente de déficit fiscal y de cuenta corriente, y no hay fórmula que no haya probado para tratar de resolverlo: desde la emisión monetaria para cubrir gasto, hasta el endeudamiento en el mercado financiero interno y externo y las privatizaciones con las que buscó en su momento atraer divisas. El circuito no es novedoso, porque hay un factor común que se ha repetido: la dificultad (o resistencia) para vivir con reglas de juego que favorezcan un superávit fiscal.

Mauricio Macri se trazó una estrategia no exenta de riesgo. Apoyó un plan de reducción gradual del déficit durante los primeros dos años (que para muchos economistas tuvo muy poco de reducción) y se apoyó en el entusiasmo que generó en el mundo financiero su modelo de país, más volcado a un capitalismo emergente que al estatismo que caracterizó a la gestión de Cristina Kirchner.

Eso le permitió emitir deuda a niveles significativos, un camino menos complejo políticamente porque nadie miraba por ese entonces la cuenta de los intereses. Pero cuando en 2018 las condiciones internacionales cambiaron, los inversores que actuaron como financistas ocasionales decidieron buscar un horizonte más seguro. La vulnerabilidad de la economía achicó drásticamente las opciones y el Gobierno tuvo que volver a tocar la puerta del FMI.

El último episodio, la devaluación post PASO, acentuó el problema y empujó a la actual administración a tomar una medida extrema: alterar los plazos y condiciones de pago de esa deuda.

Si Alberto Fernández finalmente accede al poder el 10 de diciembre, se dará cuenta de que las alternativas que tendrá a mano para atender la pregunta inicial de esta columna serán más estrechas aún que las que usó Macri. Porque difícilmente el mercado vuelva a confiar en un país que tuvo que reestructurar sus obligaciones apenas cuatro años después de salir definitivamente de su anterior default. Quienes lo hagan, serán aquellos que solo buscan salvar parte de la pérdida. Pero voluntad de creer en la Argentina, habrá poca.

Para acudir a la receta más utilizada hasta el 2015 (la financiación monetaria del déficit) el futuro gobierno debería antes conseguir que los ciudadanos vuelvan a aceptar pesos. Tendrá que hacer esfuerzos para achicar ese faltante, y también deberá pedir esfuerzos a sus flamantes votantes. Recuperar esa confianza será su principal desafío.


Hernán de Goñi
Director periodístico

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