Viernes, 20 Septiembre 2019 00:00

El único tema que importa: la demanda de dinero - Por Gustavo Lazzari

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En estos días de desconfianza y temor es imprescindible explicar un concepto económico que suele generar confusión.

 

¿Qué es la demanda de dinero?

Si entendemos que el dinero es un medio de cambio, es decir, es un bien que nos ayuda a realizar transacciones tenemos una primera conclusión importante. La demanda de dinero es el deseo de la gente por conservar “bienes” y “objetos” que sirven como facilitador del comercio, como medio de cambio.

Necesitamos “dinero” porque necesitamos un medio de cambio que además nos sirve como “reserva de valor”.

Generamos valor y necesitamos preservarlo en el tiempo. Tenemos necesidades y necesitamos intercambiar. Por ello, usamos dinero, un bien que sirve como medio de cambio y de valor.

Demanda de dinero no debe confundirse con “demanda de riqueza”. La demanda de dinero es finita, vamos a demandar sólo la cantidad de billetes que necesitemos para realizar las transacciones que deseamos realizar. Más allá del dinero suficiente para realizar esas transacciones, nuestro espíritu maximizador nos llevará a colocar el dinero en inversiones que permitan incrementarlo. En tal caso estaríamos ahorrando y canalizando el ahorro vía el mercado de capitales o el sistema financiero.

La demanda de riqueza es infinita. Por cada necesidad presente o futura, socialmente aceptada o no, el mercado va a producir un bien que vamos a tener deseos de adquirir. Al principio será alimentos, abrigo, educación, vivienda y luego serán otros bienes que alguna literatura llama “superfluos”.

La demanda de objetos materiales y servicios tiende a infinito, pero, contrariamente a lo que se piensa, la demanda de dinero no.

¿Cuánto dinero tendrá en su bolsillo, en sus cuentas corrientes o en su caja de ahorro, la persona con mayor riqueza del mundo? Nos sorprenderíamos si nos enteráramos que posiblemente tenga la misma cantidad de dinero que tiene el lector en este momento.

La persona más millonaria del mundo recibió por el valor que generó dinero físico y transferencias a sus cuentas corrientes bancarias. Inmediatamente procedió a separar parte del efectivo para sus gastos diarios y el resto fue adquiriendo propiedades, autos, obras de arte, inversiones financieras, etcétera. No dejó toda su riqueza en dinero.

Entonces se entiende por “demanda de dinero” los billetes y monedas en poder del público, las cuentas corrientes bancarias (ello conforma el indicador M1) y si agregamos los depósitos en cajas de ahorro tenemos otro indicador que también se usa denominado M2.

¿Por qué es importante la demanda de dinero?

El dinero es un descubrimiento espontáneo del mercado. Las dificultades que genera el trueque fueron subsanadas con la adopción (absolutamente espontánea, es decir, sin ninguna autoridad que así lo estableciera) de un “tercer bien” generalmente aceptado que servía (además de sus usos específicos) como medio de cambio.

Solo por ser “generalmente aceptado” es que algunos bienes fueron utilizados como medio de cambio. Si no son aceptados, tendrán su uso específico, pero no sirven para las transacciones. Así, dependiendo de la región y el momento histórico, se usaron como “medio de cambio” objetos tales como sal (de ahí “salario”), vacas (“pecunio”), piedras preciosas, madera, café, clavos, cigarros, metales preciosos, etcétera.

Los mejores medios de cambio en un proceso de selección espontáneo resultaron ser el oro y la plata. Tiempo después, aparecieron “recibos de banco” para disminuir los costos de traslado y riesgo y tras ellos los billetes.

Siendo una actividad lucrativa con enormes posibilidades de realizar estafas, los príncipes y gobiernos no tardaron en monopolizar la producción de medios de cambio y, dada su pésima calidad, obligar su uso.

Hoy, tras esta rápida e indetallada historia, tenemos monopolios estatales de la emisión de dinero y curso forzoso, es decir, la obligación de usar el dinero estatal.

No obstante, las monedas estatales compiten entre sí y, afortunadamente, con las criptomonedas.

La demanda de dinero es, en tiempos normales, estable y depende exclusivamente de la confianza. Por eso a los sistemas monetarios se los denomina “fiat” o fiduciario (atención a la palabra “fe”). No existe un “respaldo” físico. Lo único que respalda a los sistemas monetarios modernos es la confianza. Un dinero es demandado sólo si quien lo demanda tiene confianza en que otra persona va a aceptar ese mismo billete como parte de pago.

Donde empieza a dudarse de la aceptabilidad, la demanda de dinero empieza a caer.

Donde empieza a dudarse de la capacidad de “conservar valor”, la demanda de dinero empieza a caer.

Si la gente desconfía, al no tener otro atractivo, la demanda de dinero cae. Si cae no es que se “rompe el dinero”, nadie rompe billetes, pero sí nos lo desprendemos más rápido. Rápidamente, con el dinero ni bien recibido compramos bienes o dólares. Si la gente se asusta va a querer refugiar su valor en objetos físicos o en mejores unidades monetarias. Por eso, la huida del dinero no es al vacío sino hacia latas de aceite o hacia dólares, yens, euros, etcétera.

Una caída en la demanda de dinero significa que la gente no quiere el dinero que el Estado emite y, por lo tanto, aumenta la demanda de bienes lo que, a su turno, presiona sobre los precios.

Una caída en la demanda de dinero equivale a un aumento en la emisión monetaria. Por ello, la inflación es “siempre y en todo lugar un fenómeno monetario”: sea por la maquinita o sea por la caída en la demanda de dinero.

¿Qué pasa en la actualidad?

La gente se asustó. Pese a la “emisión cero”, recientemente relajada por el BCRA, la gente cree que la inflación no se va a controlar, que el Gobierno necesita desesperadamente pesos, que no hay límites institucionales, que el próximo Gobierno viene por todo, etcétera. Se asustó. Cuando el público se asusta poco importa qué es verdad y qué es mentira. Poco importa quién tiene la culpa y quién es el disparador.

El dato es que está asustada y, por ello. demanda menos dinero y con ello puede desatar un episodio de alta inflación e, incluso, una hiper.

La demanda de dinero viene cayendo desde fines de 2018. Todavía está en niveles altos. Según datos del Estudio Ferreres, el M2/PIB se encuentra en el 12% habiendo tocado techos del 20%. En la hiper de 1989 ese indicador llegó al 2%. Quiere decir que tiene margen para seguir cayendo.

¿Cómo se recompone la demanda de dinero?

Sólo con confianza. Sólo un shock de confianza podrá reestablecer el deseo del público de conservar saldos monetarios en sus bolsillos y cuentas bancarias. Eso se logra sólo con acciones políticas sólidas, creíbles, consistentes y fuertemente disruptivas.

No hay margen para proponer obviedades o discursos vacíos.

En Argentina, las expectativas juegan fuerte. Los agentes económicos (desde un quiosquero en Laferrere hasta un bróker del mercado) tienen expectativas adaptativas (se quemó con leche) y racionales (aprendió a fuerza de golpes nociones de economía).

Si consideramos que a partir de los diez años de edad tenemos cierta conciencia de los acontecimientos públicos podemos derivar lo siguiente.

  • 6,9 millones de argentinos vieron el fin del peso moneda nacional en 1969 cuando comenzamos a sacarle dos ceros a la moneda.
  • 9 millones vieron el Rodrigazo de 1975
  • 13,8 millones vieron el Plan Austral en 1985
  • 16,9 millones vieron la hiperinflación de 1989 y 1990
  • 23,3 millones recuerdan perfectamente la crisis del 2001
  • Y 30,4 millones de argentinos vivieron el cepo, las devaluaciones de Cristina y la mentira del Indec

Los márgenes de política económica son acotados pues la gente ya sabe que palabras como “desagio”, “el peso tiene valor”, “el que apuesta al dólar pierde”, “les hablé con el corazón”, “tipo de cambio múltiple”, “retenciones”, “cepo”, “corralito”, “concertación”, “acuerdo de precios y salarios”, “indexación”, “depósitos indisponible”, “canje”, “megacanje”, “default”, “reestructuración”, “pesificación”, “control de precios”, “poner el hombro”, “cepo”, “DJAI” y varios etcéteras no funcionan.

El próximo gestor de política económica deberá saber mucho de historia. Los agentes a los que se dirigirá son viejos curtidos de varias quemadas de leche caliente. Verán una vaca y comprarán dólares.

Los argentinos queremos una moneda. Los políticos pretenden que usemos una base imponible. Es una falacia decir que Argentina es “bimonetaria”. Argentina eligió el dólar, pero los políticos pretenden que usemos pesos porque sobre ellos nos pueden cobrar impuesto inflacionario.

Si vienen con las mismas ideas, tendrán las mismas respuestas.

La situación es absolutamente delicada. Cada declaración, cada gesto que genere temor, incrementa exponencialmente el riesgo de una hiperinflación.

Ambos candidatos deberían (juntos o por separado) llevar tranquilidad y fortalecer la confianza con equipos, planes, anuncios y propuestas económicas serias, consistentes y disruptivas tendientes al equilibrio fiscal, monetario y el absoluto respeto a la propiedad privada.

Todo lo demás es nafta.

Gustavo Lazzari

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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