Domingo, 22 Septiembre 2019 00:00

Alberto F., entre planes y candidatos – Por Alcadio Oña

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La reestructuración de la deuda, uno de los problemas.

 

Cualquiera sabe, en el mundillo financiero, que de tantos parches y errores acumulados el acuerdo con el Fondo Monetario ha quedado reducido poco menos que a la nada. Y también que si el FMI lo mantiene formalmente vivo es por otras razones, ninguna de orden técnico. Pesa, sobre todo, la decisión interna de achicar los ruidos y las consecuencias del enorme fracaso que acompañó a un operativo donde el organismo comprometió históricos US$57.000 millones en un país, casi el 60% de su cartera, y en el que, encima, fue evidente la apuesta de Donald Trump a la reelección de Mauricio Macri.

Si hasta existe un giro pendiente, en el limbo, de US$ 5.400 millones sin que se sepa cuándo vendrá ni siquiera si vendrá. Una interpretación en danza: que junto a otros restos del stand-by, el desembolso forme parte de la negociación de un nuevo acuerdo con el futuro gobierno, casi seguro si no seguro, con el gobierno de Alberto Fernández.

Imposible de afrontar, como que implica pagar arriba de US$ 46.000 millones entre 2022 y 2023, la reestructuración de la deuda con el Fondo es un paso que viene cantado, probablemente a través de un préstamo llamado de facilidades extendidas. El sistema tiene la ventaja de ser de 4,5 a 10 años de plazo y la desventaja de ser muy condicionado: para el caso argentino, reforma laboral y reforma previsional entre unos cuantos requisitos difíciles de digerir.

Economistas cercanos a Fernández imaginan negociaciones que concluirían hacia marzo o abril, tras consumirse el verano entero. Descuentan, además, que luego del sonoro derrape con el macrismo los técnicos del FMI no se la van a hacer nada sencilla al cristinismo y ven, en medio del juego, la bien posible posibilidad de alguna intervención de Trump, a propósito de los intereses de Estados Unidos y de la incómoda presencia de China y de Rusia en el tablero regional.

Un revoloteo de planes gira alrededor del candidato encumbrado por Cristina Kirchner. Algunos han sido promovidos por “empresarios amigos” y elaborados por ex funcionarios de diversos orígenes devenidos en consultores. Otros, acercados por fondos de inversión con el visible objetivo de cobrar honorarios por su trabajo. Más los planes que manejan los equipos de Fernández.

Hay allí un lote de futuros miembros del gabinete de Alberto F. con puestos casi definidos. Todo ya bastante fatigado, como Felipe Solá en la Cancillería; Santiago Cafiero, en la Jefatura de ministros; Eduardo “Wado” De Pedro, el camporista cada vez más influyente, en el Ministerio del Interior, y el ex lavagnista Guillermo Nielsen, a cargo de un régimen especial para Vaca Muerta.

Conviven con otros que también aparecen en las listas, sin que se sepa si han sido tentados de verdad ni tampoco si querrán ser de la partida. Entre ellos, Martín Redrado y Miguel Peirano, ambos con precedentes que a simple vista lucen complicados, aunque no tanto como para inhabilitarlos.

Redrado fue despedido del Banco Central después de un prolongado y duro cruce con Cristina por el manejo de las reservas del BCRA. Peirano desistió de continuar al frente del Ministerio de Economía ya con Cristina Presidente, pese a que Néstor le ofreció el cargo y porque Néstor se negó a sacar del medio a Guillermo Moreno, una presencia que a Peirano le molestaba como ninguna otra.

Quienes están al tanto de las movidas, advierten el vuelo que ha tomado Mercedes Marcó del Pont, una economista del palo heterodoxo que desde la jefatura del Central aceptó aquello que Redrado había considerado inaceptable: usar las reservas para pagar la deuda externa. El pregonado desendeudamiento que, entre 2012 y 2015, consumió activos por exactamente US$ 42.885 millones.

Sólo un dato más para continuar con la saga. En el runrún también figura Miguel Pesce, justamente el vice del BCRA que sucedió a Redrado en la conducción de la entidad.

Cuenta alguien que mira los movimientos, sin por ahora tener arte en los movimientos: “Veo muchos planes, pero no veo quien los esté articulando dentro de un programa global. O sea, el superministro de Economía del que habla Alberto”.

Cree que el candidato espera por Roberto Lavagna y cree, también, que difícilmente Lavagna acepte emprender semejante tarea. Agrega: “Lo que viene es poner en pie una economía cruzada por una inflación que corre al 55% anual, por una recesión que va para tres años de los últimos cuatro y por un cuadro social que amenaza convertirse en explosivo”. Así de claro, así de bravo.

Cuando dice planes, dice por ejemplo el congelamiento de precios y salarios que se prevé acordar con la CGT y las centrales empresarias. Y se pregunta: “¿Será por ley, de modo de que puedan sancionarse los incumplimientos? ¿Entrarán también las tarifas del gas, la electricidad y los combustibles?”.

A cuento de la renegociación de la deuda, varias ventajas aportadas por un especialista. Una es que ahora no merodean los fondos buitre. Otra, que tampoco están los ruidosos bonistas italianos y japoneses. Y una tercera, que los primeros vencimientos caen aquí y tocan a acreedores locales, no del exterior.

Consultas a gente que conoce el paño. Una, cómo salir de la encerrona de las Leliq, esto es, de letras que rinden 82,7% anual y que ya suman $ 1,2 billón. Otra, un plan de emergencia apuntado al control de capitales.

Ayudaría, obviamente, tener un acuerdo con el FMI y plata del FMI para afrontar los vencimientos inmediatos. Claro que eso implica un programa articulado y proyectado a lo largo de varios años, con ajuste fiscal y metas monetarias incluidas. Nada que tampoco resulte indoloro.

Fernández piensa poner por delante la muy razonable prioridad del crecimiento económico. Pero la realidad no acompaña: los cálculos privados dicen caída del PBI del 1,1% en 2020, luego de un bajón del 2,5% en 2019. O sea, ninguna recuperación a corto plazo.

Entretanto, siguen la pelea por mantener el dólar a raya y el drenaje de reservas que, desde las PASO, asciende a US$ 16.600 millones. Eso sí, se habría frenado o desacelerado la caída de los depósitos en dólares.

Un problema del ahora mismo es el riesgo de que las restricciones cambiarias hieran el fuerte superávit comercial que viene acumulándose. Llegó a US$6.540 millones de enero a julio y pintaba para superar 16.000 millones en el año, el tercero más alto desde 1910. Mucha recesión y derrape de importaciones, pero también muchas divisas imprescindibles.

Vale añadir un par de datos. Uno, que la historia del dólar no termina el 27 de octubre. Y el siguiente, de la cocina de Alberto F., es que se adelante la entrega del poder.

Falta un tercero de la misma historia: que Macri logre coronar la gran apuesta a dirimir la presidencia en un balotaje. Nada se da por perdido, hasta que esté perdido.


Alcadio Oña

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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