Domingo, 20 Octubre 2019 00:00

Inflación, dólar, FMI: se reciben apuestas - Por Alcadio Oña

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Los errores del Fondo Monetario Internacional y lo que se viene.

 

Desde octubre del año pasado, el Fondo Monetario hizo cuatro pronósticos sobre la inflación argentina de 2019 y erró los cuatro. Peor todavía: los corregía y volvía a equivocarse, y siempre con diferencias enormes respecto de los índices de precios que iban saliendo.

La primera estimación, de octubre de 2018, dijo 20%; la segunda, ya de este año, 31,7%; en la tercera puso 40% y en la última, del martes pasado, levantó la vara al 57,3%.

El 57,3% se parece bastante al 54,9% que ahora calculan varios estudios privados, solo que, limpia de polvo y paja, la cuestión está en que el 57,3% supera nada menos que en 37 puntos porcentuales al muy módico 20% del comienzo de la serie.

Cualquiera puede pifiarla, aunque no hay manera de justificar semejante pifiada. Y si es cierto que los funcionarios argentinos tuvieron arte y parte en las estimaciones, el punto es que el Fondo las validó. También, que a partir de ahí se construyeron políticas de altísimo impacto económico y social.

Detrás de los errores asoma el rotundo fracaso del modelo que se usó para enfrentar la inflación. Un modelo sostenido en dos pilares que expresaron, sin anestesia, el más puro, clásico y rancio recetario del FMI.

Uno de ellos consistió en pasar de un déficit primario, sin computar intereses, del 3,8% de 2017 al equilibrio o a un rojo del 0,5% en 2019. En plata, un ajuste equivalente a US$ 13.800 millones en apenas dos años. El otro pilar fue un torniquete monetario que llegó a poner la tasa de interés en el 86% -hoy al 68%- y que, al final, viró hacia la ruda emisión cero.

Todo de golpe, el plan agudizó el parate económico, pero no sirvió para aquello que debía servir, y no porque la inflación argentina fuese un demonio ingobernable o un galimatías surgido del bimonetarismo. Ocurre que se trata de un fenómeno complejo, que responde a causas múltiples y que, por lo mismo, no se cura sólo con remedios ortodoxos.

Valen, a propósito, algunas conclusiones de un trabajo del economista José Alberto Bekinschtein. Hace foco en los resultados de las políticas aplicadas en los últimos 70 años o 59, excluyendo las transiciones entre gobiernos y la guerra de Malvinas.

Fueron agrupados en períodos, según el signo si se quiere ideológico de cada uno: 28 de gestiones consideradas neoliberales y 31 de las llamados intervencionistas o estatistas. Por fuera de los colores aparece allí un dato común, crudo, que es toda una revelación.

Dice que solo en uno de esos 59 períodos la inflación promedio resultó inferior al 10% anual: el 8,4%, entre los años 2004 y 2007, tras el durísimo ajuste duhaldista que le limpió el terreno al kirchnerismo. En los 58 restantes, que es como decir algo más de medio siglo, el indicador siempre anduvo arriba o muy arriba del 14%. En los dos dígitos.

Con sus más y sus menos, al interior de la zona de los dos dígitos hay para todos los gustos. Hay desde el primer peronismo y la autotitulada Revolución Libertadora, hasta la última dictadura militar, pasando por los años del regreso de la democracia, por el cristinismo y finalmente por el macrismo.

Pero como la economía ordenada y en calma es cosa de otros mundos, aquí tendremos pronto al Fondo Monetario y a la deuda apretando juntos. Apretando a Mauricio Macri o Alberto Fernández, al que le haya tocado ganar el próximo 27 de octubre.

Según gente que dice conocer el paño, el candidato cristinista estaría inclinándose por una negociación simultánea, tanto con el FMI como con los bonistas. Y en tren de pretender, pretendería de arranque un acuerdo con el Fondo que le dé aire, sin grandes exigencias fiscales ni ajustes fuertes, como significaría tolerar un déficit del 2% del PBI en 2020.

Dice un especialista: “Difícilmente el FMI acepte un trato así, viniendo de la patinada con el macrismo. Y en el supuesto muy supuesto de que lo aceptara, la contrapartida sería una quita enorme en la deuda con los bonistas y nada parecido a la negociación amigable que plantea Fernández”.

En la muy mentada refinanciación “a la uruguaya” de 2003 no hubo quita directa, sino un alargamiento de los plazos de pago. Eso sí, hubo de pique un superávit del 3% del PBI, seguido de otro del 4%, que permitieron afrontar los intereses de la deuda. Para más datos, el Tesoro de Estados Unidos, el propio gobierno de EE.UU. avalaron el operativo.

Se verá, finalmente, cómo resulta la negociación de la deuda “a la Alberto Fernández”. Y si prospera su idea de cerrar este capítulo durante el primer trimestre.

Otra pieza clave del tablero financiero son los vencimientos: sin contar los que caen en pesos, hay alrededor de US$ 1.400 millones hasta diciembre y US$ 11.900 millones sólo en el primer semestre de 2020.

Preguntas obvias: ¿alcanzarán las reservas del Banco Central? ¿O en algún momento será inevitable cortar el chorro? Tiene la palabra Guido Sandleris, el jefe del BCRA que administra las reservas y corre con los riesgos, a corto y a mediano plano plazo, de que alguien le pida rendir cuentas por lo que hizo.

La cabeza de Sandleris oscila hoy entre seguir gastando capital valioso del Central y mantener el dólar en torno de los 60 pesos. Es un equilibrio por cierto inestable donde encaja, redonda, la posibilidad de que pasado el 27-O se decida achicar el cupo de US$ 10.000 mensuales para las compras de los particulares. Sería un golpe al PRO de la Ciudad.

Del mismo cuadro es que desde las PASO la pérdida de reservas asciende a US$ 18.861 millones, o sea, en 48 días hábiles. Y aún faltan otros 36 hasta el 10 de diciembre.

Con la inflación de 2019 rumbo al 60%, una nueva devaluación equivaldría a meterle más leña a un fuego que quema por todas partes. Y hablar de un 60% implica hablar de la indexación, a ese nivel, de las jubilaciones, de las pensiones y de unos cuantos planes sociales, esto es, de más de la mitad del gasto público.

Otras preguntas obvias: ¿el desarme de las indexaciones y el congelamiento de precios y salarios que proyectan cerca de Alberto F. incluirá ese paquete? ¿Y también las tarifas de la electricidad, del gas y los combustibles? Hay quienes piensan en una ley, de modo de sancionar los incumplimientos al acuerdo.

Salta evidente que, sea Macri o sea Fernández, urge desatar semejante nudo. La inflación representa lo que se sabe, un fenómeno que encadena desajustes e inequidades. Si es por el FMI, su último pronóstico ha planteado 39,2, casi 40%, para el 2020.

Kristalina Georgieva, la búlgara que reemplazó a la francesa Christine Lagarde ha aclarado que antes de sentarse a negociar quiere conocer el plan del próximo gobierno. Por lo que se sabe, en las oficinas de Alberto F. no trabajan en un plan integral sino en una serie de planes sucesivos. Fanático de Racing, el candidato parece inclinado a un paso a paso a lo Mostaza Merlo. El problema es que está entrando en tiempo de descuento.

Alcadio Oña

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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