Domingo, 27 Octubre 2019 00:00

Las reservas, una luz roja en el Banco Central - Por Alcadio Oña

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La entidad gastó alrededor de US$ 2.000 millones en cuatro días para contener al dólar.

 

En apenas cuatro días, entre el martes y el viernes pasados, el Banco Central gastó reservas por alrededor de US$ 2.000 millones para contener al dólar​ sin contenerlo. Y así, las ventas, que desde las PASO habían acumulado unos US$ 4.700 millones, han escalado a cerca de 6.700 millones.

El BCRA ya no vende 100 millones diarios como antes; ahora, pone 300, 550, hasta 600 millones de un saque. Y esa misma velocidad a la que la corrida cambiaria va comiéndose divisas tan escasas como valiosas, anticipa novedades para estos días.

Novedades quiere decir, si no el fin del cupo de US$ 10.000 por lo menos un guadañazo grande a las compras de las llamadas “personas humanas” y algunas trabas a las operaciones que van de pesos a dólares. Es un paquete cantado y complicado a la vez, porque suena a lujo asiático que el país pierda reservas en cantidad, cuando casi no tiene de donde conseguirlas, y un riesgo enorme dejar suelto al dólar, cuando la inflación va rumbo al 59% anual.

Son cosas de las crisis y de la acumulación de desaciertos: tener que elegir el mal menor sin saber bien cuál es el mal menor.

En el Ministerio de Hacienda y en el Banco Central ya preparan una serie de alternativas, con la idea de que los referentes de Alberto Fernández se sumen a las decisiones o, si prefiere, que compartan el costo político de las decisiones. Afirman: “Si gana, Fernández ya no podrá alegar que es sólo un candidato. Será el presidente electo y como tal, deberá comprometerse”.

Desde hace tiempo los equipos de Hernán Lacunza y de Guido Sandleris mantienen conversaciones con Matías Kulfas y Cecilia Todesca, los referentes de Alberto F. que reportan a Mercedes Marcó del Pont, la ex jefa del BCRA que en tiempos de Cristina Kirchner convalidó el uso a pasto de las reservas para pagar deuda externa.

Sea como fuese, el reloj no se detiene. Y más que eso: para bien o para mal, lo que ocurra de aquí al 10 de diciembre entrará dentro del territorio del próximo gobierno. Y quien hoy se alce con la cucarda, será arte y parte del operativo; inevitablemente.

Por de pronto, ya hay una luz amarilla tirando a roja en el tablero del Central que mide el stock de reservas al minuto. Desde las elecciones primarias y según el último informe de la entidad, se llevan perdidos nada menos que US$ 22.806 millones. Así de claro, así de peligroso.

Puesto de otra manera, contra los 66.309 millones que había el 9 de agosto los actuales 43.503 millones significan una caída equivalente al 35%. Esto es, un tercio largo en apenas un mes y medio.

Estamos hablando de un activo crucial a todos los efectos. Entre ellos y sobre todo, la cobertura de los vencimientos de la deuda en divisas: de los que existen hasta fin de año y de los que vienen durante 2020.

Cálculos de especialistas cifran las necesidades financieras de los próximos seis meses en alrededor de US$ 10.000 millones. Y en unos US$ 33.000 millones las que, en 2020, caen con el mercado, o sea, las que hay con los acreedores privados. Por donde se mire, una montaña de dólares a corto plazo.

Representaría un costo y un traspié enormes que, ante la escasez de reservas, el país entrara otra vez en cesación de pagos. No ya en el “default virtual” que ha meneado Fernández para hostigar a Mauricio Macri, sino en un default real.

Llegado el caso, un caso extremo, por cierto, reaparecerían los fondos buitre que han comprado bonos a precio de remate, con la archiconocida intención de pleitear contra el Estado argentino. Después del arreglo de Macri al comienzo de su gobierno, algo así implicaría volver a los agitados días de Cristina Kirchner y de Axel Kicillof.

Fuera de lo que se diga, a veces para la tribuna, debiera suponerse que nadie quiere renegociar la deuda cargando con la mochila del default. “Sería lo peor de lo peor y urge evitarlo”, dice un analista que ha visto pasar trances semejantes.

Cuenta alguien que preside un estudio de abogados de primera línea: “La negociación con los bonistas no va a ser fácil, pero tampoco resulta imposible alcanzar un acuerdo satisfactorio. Hoy tenemos toda la legislación necesaria, alguna protección contra quienes quieran pleitear en tribunales del exterior y una deuda que ha sido aprobada por el Congreso en cada uno de los presupuestos que se votaron. Pero no pensemos en un trámite liviano ni corto”.

Una cuestión para nada secundaria es dónde se pone al Fondo Monetario en este juego. Gente muy cercana a Alberto F. imagina un arreglo sin pasar por el FMI y hasta duda que se trate de un acreedor privilegiado, el número uno a la hora de cobrar.

Nada parecido piensa el abogado que no advierte un panorama tan complicado. Dice: “El Fondo va a argumentar, seguro, que nos prestó plata cuando nadie nos quería prestar. Y, por lo tanto, exigirá un sacrificio de los bonistas, una quita cuanto menos del 20%, además de un alargamiento de los vencimientos, empezando por los intereses”.

La ventaja de un plan avalado por el FMI, si en verdad tiene alguna ventaja, es que funcionará parecido a una garantía para los acreedores privados. Lo de siempre más lo de siempre: fijará un sendero fiscal largo, esto es, uno que explique de dónde saldrá el dinero para afrontar las obligaciones que surgirán de la reestructuración de la deuda.

Hay una desventaja obvia que se llama ajuste, que implica menos plata disponible y, seguramente, más impuestos. Y una condición necesaria, si esa es la salida inevitable: el respaldo de Estados Unidos, claro que a cambio de compromisos políticos firmes y comprobables en la región. Ningún problema para Macri, un problema para el cristinismo.

Vale reiterar que detrás de la negociación a la uruguaya que menta Fernández estuvo el apoyo del Tesoro norteamericano.

Ahora viene un lunes tormentoso, después de un viernes de fuego. Pero sería un zafarrancho en medio del zafarrancho que el Gobierno declarase un feriado bancario y cambiario por algunos días, aunque sirva para que los equipos de un lado y del otro pacten un minipaquete de emergencia. Es decir, controles cambiarios al mango.

Está claro, clarísimo, que ni las ventas millonarias del Banco Central han logrado calmar la fiebre dolarizadora, tal cual lo prueban varios datos: el billete verde a 65 pesos, la suba del 7% en la semana y un monto de operaciones que el viernes trepó a US$ 1.152 millones y batió todos los récords. O los 2.800 millones que los particulares le compraron al BCRA durante septiembre.

Así resulte temerario decirlo, queda la chance de un balotaje presidencial y la posibilidad de otro en la Ciudad. Pueden cambiar el rumbo de ciertas cosas. Hoy se sabrá.

Alcadio Oña

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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