Domingo, 26 Enero 2020 00:00

Axel Kicillof, figura de una película de enredos - Por Alcadio Oña

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Torea a los bonistas y a la vez dice que no puede pagarles. Amenaza con el default, amparado por alguien que pesa en la Rosada. ¿Así se resuelve el problema de la deuda?

Axel Kicillof y el propio ministro de Economía de la Nación, Martín Guzmán, han dicho y reiterado que la Provincia no tiene cómo pagar los ya famosos 250 millones de dólares que vencieron el miércoles pasado. Luce evidente, luego, que si hoy faltan fondos también faltarán en cualquiera de los plazos que el gobierno bonaerense ha fijado, en el interminable afán por reunir el 75% de los bonistas necesarios para patear la negociación hasta mayo.

Y si hablamos de plazos, el verdadero final de la película se conocerá el 5 de febrero. Hasta entonces corre un período de gracia de 10 días hábiles, contados justamente a partir del miércoles pasado.

Ahí se detendrá un tren que puede descarrilar: si llegado ese momento no aparece la plata, Buenos Aires caerá en lo que se llama default cruzado, aquel donde entran el bono de 250 millones y el resto de los bonos provinciales. Estaríamos entonces ante un default total y, añadido, ante un problemón para la renegociación de la deuda nacional.

“El 5 de febrero es la última oportunidad para un acuerdo”, toreó Kicillof a los bonistas este viernes. Visto del revés y después de ir de prórroga en prórroga, también se podría decir que el 5 de febrero es la última oportunidad que el gobernador tiene para reunir el 75% de los votos.

No queda muy clara otra parte de esta película de enredos. ¿A quién o a quiénes dirige el mensaje Guzmán, cuando remacha que está descartada por completo la vía del salvataje y argumenta que eso “podría hacer explotar el gasto público”?

Primera posibilidad directa: que cubrir los US$ 250 millones equivaldría a un préstamo de $ 15.750 millones y, en continuado, a fogonear los reclamos de los gobernadores a los que la Casa Rosada solo les ha dado 1.000 millones de pesos por cabeza, a lo sumo 1.500 millones. Además, para pagar sueldos y a cuenta de la coparticipación.

Segunda y tercera posibilidades, montadas sobre la precariedad de las cuentas públicas. Que el mensaje de Guzmán apunte a alguna interna del Gobierno o busque contener las presiones del Fondo Monetario. Se pueden juntar ambas variantes, si se prefiere.

Con las cosas puestas así, tendríamos un caso al borde de ser clausurado. A menos que efectivamente exista la chance de un arreglo con el 75%.

“Hemos recibido el apoyo de un número significativo de bonistas”, proclamó el ministro de Hacienda y Finanzas provincial, Pablo López. Se sabe que las tratativas arrancaron en noviembre, incluso antes de que Kicillof asumiera, pero López habría sido más preciso y contundente si hubiese aclarado qué porcentaje de bonistas significa “un número significativo”. O dicho que están muy cerca del 75%, si están muy cerca. Nada de eso hubo.

No son necesariamente la misma cosa, pero que Guzmán también confirmara que la estrategia de la Provincia está “coordinada” con la nacional alimenta la sospecha, ya advertida por Clarín, en el sentido de que existe un operativo apuntado a ablandar a los acreedores. Esto es, a los acreedores de uno y otro Estado, o sea, a todos.

Sólo para sumar episodios, vale incorporar un trascendido ya publicado por este diario. Gente que conoce la cocina interna, cuenta que Kicillof actúa en tándem con alguien que pisa fuerte en la Rosada y que, por lo tanto, se mueve con un respaldo considerable. Los caminos conducen inevitablemente a Cristina Kirchner​.

Acoplada a la misma sospecha, va otra pregunta de cajón: ¿por qué si era factible estirar el plazo no lo estiraron sin dar tantas vueltas? ¿O pasa que endurecerse y armar el batifondo que se armó con la deuda bonaerense es parte de la jugada?

Supongamos que el mercado es un termómetro de la desconfianza y veremos cómo se mueven los dólares. El llamado contado con liquidación, que los inversores más entrenados usan para sacar plata del país, cerró el viernes a 83,3 pesos. Y el más modesto paralelo, a 78,5. Brechas con el oficial: 32 y 25%, respectivamente.

Pronto se sabrá, cuando se comience a pisar el acelerador, qué piensan los acreedores de la Nación sobre las operaciones de Kicillof y compañía. “El de Buenos Aires es un caso testigo y una muestra de cómo se han endurecido los actores oficiales”, dice un especialista que no se pierde ningún tramo de la película.

A Kicillof concretamente, lo aguarda un vencimiento de 700 millones de dólares en mayo, sobre un paquete que este año totaliza unos 2.000-2.700 millones. Con los 250 millones incluidos, le caerían por lo menos 950 millones. Y si hoy no tiene manera de pagarlos menos las tendrá en mayo.

Más que probable seguro, el gobernador esperará a que el gobierno central arregle con los bonistas propios y, trascartón, avanzará con los que a él le tocan.

Antes no se puede subir a ese tren, pues son cosas muy diferentes y de magnitudes también muy diferentes. Tampoco serán iguales, ni siquiera parecidas, las condiciones que unos y otros puedan pactar: previsiblemente, resultarán bastante mejores las de los nacionales.

Dos datos completan el cuadro. Sólo con los acreedores privados la deuda de la Nación monta a alrededor de US$ 120.000 millones. Y la bonaerense, con todo adentro, suma US$ 10.800 millones, esto es, la décima parte.

Trascendidos que circulan en el mundo financiero señalan que Alberto Fernández aceparía negociar sin quita sobre el capital de la deuda, pero con una poda del 50% en las tasas de interés; finalmente, el punto que aliviará la carga. Para ponerlo en números, el año pasado los intereses de la deuda orillaron US$ 11.500 millones y aumentaron un 86% respecto de 2018.

Fernández también buscaría un plazo de gracia de 4 años, no pagar entre 2020 y 2023. Hasta el final de su mandato, lo cual implicaría trasladarle el problema a quien lo suceda o a él mismo si repite.

Parece difícil, bien difícil, que los bonistas acepten tamañas condiciones. Se verá si el operativo ablande logra ablandarlos tanto: al final, se juega por plata y por plata de la grande.

Falta agregar a la película una primera figura llamada FMI, que encima porta el estandarte de acreedor privilegiado.

Reflexión de un experto o parrafada de un experto: “Algo querrá opinar el Fondo o los bonistas le pedirán que opine, pues su papel ha sido siempre el de garante de acuerdos como éste. También es el organismo que se encarga de monitorear las cuentas fiscales y de asegurarles que la Argentina dispondrá de los recursos necesarios para afrontar sus compromisos”.

¿Aun así, el Presidente pretenderá dejar afuera de las negociaciones al mismísimo FMI? Otra vez, se verá andando.

Lo que sigue andando son las especulaciones. Dice un analista: “Si hay quienes en el Gobierno están jugando con el default o jugando a sacar rédito político con la amenaza del default, debieran preguntarle a Stiglitz qué costos acarrea no pagar la deuda. Te rompen la cabeza, por ser suaves”.

Premio Nobel de Economía, mentor del ministro Guzmán y consultor estrella del cristinismo, Joseph Stiglitz ha sentenciado que a los bonistas les esperan “recortes significativos”. Dijo que cobraron “una tarifa alta”, pero nunca meneó la palabra default.

El país se quedó sin crédito hace años y, con un default de por medio, los exportadores, los importadores y aquellos que ensayen alguna inversión pueden perder el poco financiamiento que tienen. Obviamente, la economía sentirá el cimbronazo.

Por eso y por unas cuantas cosas de un voltaje similar, Fernández apura un acuerdo con los acreedores. Raro, cuanto menos osado, sería que alguien de peso dentro del Gobierno esté entorpeciendo semejante operativo. Seguramente es otra especulación, pero se trata de una especulación para nada intrascendente.


Alcadio Oña

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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