Viernes, 13 Marzo 2020 00:00

Un nuevo enigma económico para la Argentina - Por Fernando Laborda

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En su primer mensaje a través de la cadena nacional, al anunciar la emergencia sanitaria, Alberto Fernández buscó demostrar que manda, actúa y arregla, y que quiere ver a sus funcionarios en la línea de fuego y no refugiados en sus despachos, para exhibir un "Estado presente".

 

Sin embargo, no despejó una sola de las dudas económicas que acosan a sus compatriotas y a quienes miran con pavor un riesgo país que superó los 3200 puntos y es récord desde el año 2005.

A los múltiples temores que ya provocaba la crisis socioeconómica de la Argentina, ahora se suma otro interrogante: ¿cómo se asimilará la profundización de la parálisis económica que derivará de las medidas preventivas y de mitigación del coronavirus?

Es bien sabido que cuando el mundo estornuda, invariablemente la Argentina se resfría. ¿Pero qué puede ocurrirle al país cuando está expuesto a algo más grave que un estornudo global y con consecuencias inciertas?

El impacto que iba a tener el coronavirus en nuestra economía era conocido ya antes de que el primer caso de esta enfermedad llegara al país: la desaceleración económica mundial; la disminución del comercio internacional; la caída del PBI de China -segundo mayor destinatario de nuestras exportaciones- y su menor demanda, y las monumentales pérdidas de algunos sectores iban a golpearnos de cualquier manera. Del mismo modo, el derrumbe del precio del petróleo retrasará el proceso de inversiones en Vaca Muerta y aplastará algunas esperanzas depositadas allí.

La suba cada vez más empinada del riesgo país y el derrumbe del mercado bursátil local comenzó a producirse antes de que la pandemia llegara con rigor a la Argentina. La razón es que, cuando el miedo se apodera del mundo financiero internacional, los inversores se alejan de los mercados más riesgosos y se refugian en activos clásicos, tales como el oro y los bonos del Tesoro de los Estados Unidos.

Pero la declaración de la emergencia sanitaria por un año por el Gobierno añade un factor de incertidumbre. A partir de este momento, la Argentina no solo perderá capacidad para generar dólares en función de la previsible caída de sus exportaciones, sino que el Estado pasará a tener un menor margen para recaudar pesos, como resultado de la aún menor actividad productiva y comercial que provocarán los nuevos hábitos derivados de la irrupción del coronavirus.

Las dificultades en la región y la devaluación del real brasileño plantean nuevos interrogantes en torno de la política cambiaria, en un escenario donde el oficialismo discute si habrá que buscar mayor competitividad devaluando más el peso o si habrá que tratar de anclar el dólar evitando un repunte de la inflación.

En este contexto, donde es fácil prever una contracción de la economía argentina en 2020 mayor a la que todo el mundo preveía, el desafío del Gobierno de renegociar la deuda pública con los acreedores privados se parece cada vez más a una epopeya.

Si, ante las imprecisiones del Gobierno, a los bonistas les costaba hasta ayer dilucidar cuál será el plan económico que garantizaría capacidad futura de pago de la deuda que se reprogramaría y honrar los compromisos, desde hoy, ante las mayores perspectivas de recesión, tendrán que redoblar su imaginación para resolver ese intríngulis.

En una coyuntura mundial donde los precios pasarán a convertirse en la gran variable de ajuste, como lo viene demostrando la caída de los commodities agrícolas, es probable que los acreedores de la Argentina estén mejor dispuestos a aceptar quitas de capital que antes. Pero hay un factor que no ha mejorado en la perspectiva de inversores desde que asumió el gobierno de Alberto Fernández: su nivel de confianza.

Y los mensajes que horas atrás brindó el Presidente, tanto por la cadena nacional como en declaraciones periodísticas, volvieron a carecer de datos que ayuden a definir cuál será el plan económico. Expresar, como le señaló Fernández a Viviana Canosa, que el programa consiste en "privilegiar la situación de los que peor están" puede interpretarse como un objetivo progresista. Pero dista mucho de poder ser considerado un plan para el desarrollo del país.

Fernando Laborda

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Fundado el 4 de agosto de 2003

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