Domingo, 21 Junio 2020 00:00

Estragos del narcisismo - Por Jorge A. Ávila

Escrito por  Jorge A. Ávila
Valora este artículo
(0 votos)

 

Las costumbres en tiempo de cuarentena, han modificado la vida cotidiana nacional en varios sentidos. Hemos pasado del respeto a la privacidad y la discreción, a esta suerte de contentillos en que se han transformado las torres de PH que son amplia mayoría en el espectro habitacional porteño.


Vivir on line, hace que algunas cuestiones se relajen. Por ejemplo, la vestimenta. Permanecemos en pijama o bata, pese a los numerosos webinars y zoom que nos permiten seguir virtualmente conectados a nuestras labores, amistades o actividades diversas. En el tema educativo, chicos y jóvenes sufren las experiencias de estas técnicas invasivas, que aunque los ministros Nicolás Trotta y Soledad Acuña (Nación y ciudad), no dejan de ponderar, no estaría resultando suficientemente eficaz, por exceso o falta de coordinación.

Pero a estas desaprensiones, pueden sumarse otras que revelan una de las formas más veladas de la baja autoestima: el narcisismo. Que también se traduce en agresiones y conductas violentas e intolerantes. Según datos bridados por el gobierno porteño, después de un inicial aplaneamiento en la curva delictiva, esta se ha vuelto a incrementar tras las sucesivas fases superadas del ASPO en la metrópoli.

Al respecto, el dibujante francés Jean Jacques Sempé, reflejó en una trilogía famosa, sus impresiones sobre la sociedad francesa de posguerra, muy útiles para el caso. Los libros se titularon “Nada es simple”, “Todo se complica”, y “Los estragos del narcisismo”. Sus conceptos podrían aplicarse aquí, estos días donde en el confinamiento, psicoanalistas, psiquiatras y demás deudos (se paga cuando termine la cuarentena), han procurado establecer contención en distintas patologías.

Angustia, depresión, paranoia, esquizofrenia, neurosis (estado natural del porteño), merecen el esfuerzo denodado de los especialistas en salud mental.

Pero, quizá por deformación profesional, han dejado de lado otra pandemia, que junto al covid 19 se ha expandido por el mundo, con notable capacidad de contagio: el ya citado narcisismo.

Se puede advertir que, junto al cautiverio prolongado, todo comienza a girar sobre cada integrante de la sociedad, modificando seriamente las relaciones cotidianas. Esto puede advertirse en los diálogos, donde siempre se hace referencia a los problemas propios y las posesiones materiales. En el caso de parejas o personas solas, suele haber monólogos y soliloquios que implosionan ante algún hecho puntual.

Por ejemplo, hace pocos días, un taxista amigo fue asaltado, y además del dinero recaudado, los cacos se llevaron toda la documentación del vehículo. Luego del ingrato momento, y tras tomar todas las medidas del “protocolo” establecido, logró hacer la denuncia en la comisaría correspondiente. Tras ello, se dirigió presuroso al CGP nº 12, donde nuevamente tuvo que bañarse en alcohol para ser recibido por los atildados empleados larretistas. Guardando distancia social, fue informado que el carnet de conductor sería realizado en el momento, pero el DNI para tramitar el permiso de circulación lo iba a obtener en un mes. “¿Por qué?”, atino a indagar el desolado conductor. Con el aura de pretender que el mundo gira alrededor suyo, los municipales le dijeron que no era de su competencia.

Algo desconcertado y con su flamante registro de conducir, decidió ir a la cumbre de la burocracia: el aparatoso (y costoso) edificio sede del gobierno porteño, en Parque Patricios. Luego de sortear variadas tomas de temperatura, que en su caso iba subiendo pero no por virus alguno, y nuevos baños de alcohol en gel, desde una ignota oficina le indicaron que realizara el trámite mediante el número 147.

Allí fue derivado al CGP nº 1, en Uruguay 740, donde había concurrido a innumerables casamientos. Pero los empleados de ese ente, le señalaron que tenía que concurrir nuevamente al lugar donde hicieron su licencia. Ya desgastado por el narcisismo autonómico, decidió volver a su hogar y permanecer fuera de las calles hasta recibir su documento, sin ingresos, y con una trama tan kafkiana, que ni el propio Franz Kafka hubiera imaginado en su Praga natal.

Por mi parte, el avasallamiento de la semana llegó por vía telefónica. Ante mi sorpresa, la computadora donde estaba realizando mi trabajo, resolvió distanciarse socialmente de la conexión a la red. Prestamente, llamé como otras veces al proveedor del servicio, en este caso Movistar. El primer llamado, lunes por la tarde, mereció cierto desdén, aunque finalmente resolvieron asignarme un número de reclamo, y me informaron que había posibilidades de que llegara un técnico en el día. Esperanzado, seguí con mis actividades, mientras esperaba. Nunca llegó.

Pasó el martes sin novedad, y el miércoles hice un segundo llamado donde, milagrosamente, no me atendió una máquina de respuestas automáticas, sino una joven dama que desde la cumbre cibernética, me informó que podría tardar más de lo esperado, fijando un plazo arbitrario de 72 horas. Llegó el viernes, y pasó sin ninguna solución. El lunes logré acceder a una computadora prestada, donde pude enviar mis notas.

Narcisismo elevado a nivel planetario, puede provenir de entes estatales, empresas telefónicas o proveedoras de gas y electricidad, monopólicas, o firmas privadas. El camino a la nueva normalidad está asfaltado por los egos gigantes de los tecnócratas, que digitan a su gusto los tiempos ante cualquier incidente en medio de una situación de emergencia e incertidumbre. Si está de acuerdo, marque 000, y sino, marque el 114.

Jorge A. Ávila

Visto 181 veces

Fundado el 4 de agosto de 2003

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…