Jueves, 25 Junio 2020 00:00

Estiman que la inflación reprimida por el congelamiento de precios y tarifas ya acumula 20 puntos porcentuales - Por Pablo Wende

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El Gobierno debe decidir qué sucederá con los precios de los alimentos; los productores esperan alguna flexibilidad. Alquileres, tarifas de servicios públicos, combustibles y prepagas se mantienen congelados y temen una “olla a presión”

 

Con la mayor parte de los precios de la economía congelados, el Gobierno deberá definir en las próximas horas qué hacer con los alimentos. El programa Precios Máximos involucra a 2.200 productos y vence el 30 de junio, pero en los últimos días hubo distintos pedidos de las principales compañías alimenticias para que autoricen los primeros aumentos. Lo más probable es que la inmensa mayoría de los productos los valores se mantengan iguales, teniendo en cuenta que la mayor parte del gasto de las familias se concentra en bienes básicos en medio de la pandemia.

La justificación de las empresas para pedir un descongelamiento gradual tiene distintos puntos: los aumentos que muchas compañías otorgaron en los primeros tres meses del año por la cláusula gatillo, el alza de los costos de transporte y también la suba gradual del tipo de cambio, de alrededor de 2,5% mensual pero que ya acumula cerca de 10% desde que empezó el congelamiento.

Al principio de la cuarentena, los supermercados fueron los grandes beneficiados de la búsqueda de stock de alimentos y bebidas por parte del público. Eso fue durante la segunda quincena de marzo y ayudó a que el mes terminara con un aumento de más del 10% de ventas respecto al mismo mes del año anterior. Pero los datos de abril ya muestran otra realidad. Según el Indec, las ventas se mantuvieron en los mismos niveles del año pasado en términos de unidades. Ya en junio en las grandes superficies hablan de caídas en términos reales del orden del 5% al 10%. Y eso actuaría como un obstáculo trasladar los mayores costos a las góndolas. El ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, junto a la secretaria de Comercio Interior, Paula Español, son quienes tienen la última palabra.

Por cómo se viene avanzando hasta ahora, resulta difícil que el Gobierno demuestre demasiada laxitud. Ya desde el arranque de la cuarentena se viene avanzando con fuertes congelamientos de precios, que se reflejan en un bajo índice de inflación mensual. Junio no sería la excepción y ya es un hecho que se mantendrá por debajo de 2%, más allá de algunas subas a principios de mes por ejemplo en medicamentos.

Pero las dudas sobre lo que sucederá con la inflación más cerca de fin de año arrecian. Por un lado, está el efecto de la megaemisión monetaria, ante el incremento del déficit fiscal por la cuarentena. Pero también los precios “pisados” que empiezan a generar una “olla a presión”. Economistas como Fernando Marull estiman que esta suerte de inflación “reprimida” ya supera los 20 puntos. La “olla a presión” que implica mantener casi toda la economía congelada puede tener consecuencias indeseadas cuando llega el momento del sinceramiento.

Estos son algunos de los rubros más relevantes que se mantienen en “modo congelamiento”:

  • La semana pasada se definió mantener congeladas hasta fin de año las tarifas de luz y de gas. En el primer caso, cuando finalice el 2020 se habrán alcanzado dos años sin modificaciones. Claro que nada es gratis, los subsidios económicos para aguantar estos niveles tarifarios crecen en forma galopante y superaron los $ 15.000 millones en mayo.
  • Los precios de las naftas no se moverán al menos hasta octubre, tal como se negoció con las petroleras al establecer el precio de U$S 45 para el “barril criollo”.
  • Los alquileres también quedaron congelados hasta septiembre y los contratos que establecían aumentos escalonados a partir de marzo deberán compensarlo posteriormente.
  • Otro rubro cuyas cuotas están congeladas es el de la medicina prepaga, en este caso desde enero, aunque hay proyectos que presentaron en el Congreso no sólo para que sigan así sino incluso para bajarlas un 50% mientras dure la pandemia. La justificación para un pedido de estas características es que las prestaciones se redujeron, por ejemplo, la mayor parte de las cirugías programadas. Pero en el sector desestiman totalmente esta posibilidad.

Pablo Wende

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