Lunes, 12 Diciembre 2016 09:12

Trump y la Historia

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No hizo falta llegar al diario del lunes, con el diario del miércoles todos supimos que ganaba Trump, y estos días una avalancha de autores en el mundo brindaron explicaciones deterministas de lo acontecido.

 

 

Intentaron reducir la historia humana a los mecanismos de fuerzas biológicas o económicas: la elección fue ganada por adultos blancos de clase media baja sin educación superior, convencidos de las convicciones mesiánicas de un millonario simplón y autoreferente, quien con mensajes claros, concisos y contundentes expresó el hartazgo de una gran parte de la población, por los tejes y manejes de una casta política demasiado tolerante (a su entender ) que  obstaculiza el desarrollo pleno de una sociedad como la americana y que ha perdido fuerza competitiva frente a potencias extranjeras cómo china.

 

Las fuerzas biológicas y geoeconómicas crean obvias limitaciones, pero dejan un amplio margen de maniobrabilidad que no está restringido por determinismo alguno. Siempre existe un limitado margen para ejercer el libre albedrio.

 

El determinismo resulta muy atractivo para muchas personas, quienes prefieren creer que estos eventos son un producto “natural e inevitable” de la historia.

 

¿Estaba escrito que Trump iba ganar las elecciones? Pues esta misma elección nos explica el escaso determinismo del caso. Casi idéntico número de personas votaron a los candidatos. No fue una victoria, fue casi un empate. En número de votos ganó Clinton, pero el sistema de electores  llevó a Trump a la victoria.

 

Las predicciones históricas no son deterministas porque las variables son tan complejas que la convierten en caótica. En este sistema caótico existen dos variables. La variable uno es cuando la misma predicción no ejerce influencia sobre el fenómeno. Si uno dice que caerá lluvia o nieve no influye esta predicción en el resultado. La multiplicidad de factores a tomar en cuenta nos permiten construir modelos matemáticos que nos acercan a la predicción, pero aún seguimos saliendo de casa con el paraguas los días de sol.

 

El caos nivel 2, en cambio, puede reaccionar a las predicciones. El mercado de capitales es un ejemplo. Decir que el oro o el petróleo van a llegar a tal valor puede modificar la previsión. Si los compradores aceptan la predicción y compran oro y petróleo a tal precio, se puede anticipar el pronóstico pero nadie está seguro de lo que pueda acontecer después.

 

La política es un sistema caótico de segundo orden. Mucha gente acusa a los especialistas de no haber predicho la elección de Trump. Tan seguros estaban, que el presidente Macri, la ministra Malcorra y hasta el embajador Lousteau mostraron un acercamiento a la Sra. Clinton. Bastaba que hubiesen considerado la propia elección de Macri un año antes para darse cuenta de la impredictibilidad de las voluntades colectivas, sensibles a cambios de humor. Quizás esa misma experiencia los hubiese invitado a ser más cautos y evitar exteriorizaciones que pueden poner en peligro las relaciones con la mayor potencia del mundo.

 

No estudiamos historia para conocer el futuro (aunque la idea nos tienta), estudiamos historia para comprender que nuestra situación actual no se natural ni inevitable y que tenemos más posibilidades de elección de lo que imaginamos. La historia nunca se repite exactamente igual y no todos sus cambios se hacen en beneficio de la humanidad.

 

No existe prueba alguna que el desarrollo de la historia mejore el bienestar humano. No hay prueba de que la historia actúe en beneficio del homo sapiens porque no tenemos una escala objetiva para medir dicho beneficio. Los cristianos creen que el triunfo del cristianismo fue beneficioso para la humanidad pero esta idea no es compartida por los musulmanes, ni los hinduistas ni los budistas. Los vencedores escriben el relato histórico en función que de las que creen que son sus virtudes, pero estas virtudes no nos garantizan que tal cultura haya sido mejor para el hombre como grupo, o en la escala evolutiva. ¿En qué ayudan las religiones a la diseminación de los genes necesarios para la sobrevivencia del homo sapiens? La evolución hace caso omiso de la felicidad de los organismos individuales, le importa la especie en sí y los individuos raramente  trabajen para su evolución y cuando lo hacen, como los eugenistas, incurren en groseros errores como en los que cayó el  nazismo porque no pueden tener en cuenta todos los factores, por ignorancia, estupidez y soberbia

 

Omar López Mato 

Médico y escritor    

Su último libro es IATROS Historias de médicos, charlatanes y algunos tipos con ingenio

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