Domingo, 15 Mayo 2016 14:12

Lo que no tenemos

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Cada período histórico tiene su relato, y a su vez un revisionismo a la luz de los acontecimientos que los miembros de esa sociedad han vivido. El kirchnerismo al igual que otros regímenes tuvo la particularidad de rodear sus actos de una cosmovisión política.

No inventaron la pólvora, cada época y cada país tuvo el suyo, sin ir más lejos la historia que nosotros estudiamos en los 60/70, era la versión mitrista del pasado del país desde la perspectiva de un grupo de liberales y masones.


Ellos relataron los hechos y muchos autores aumentaron con textos, poesías laudatorias, iconografías engañosas y exaltaciones lindantes con el panegírico. Como nos acercamos a los tiempos del bicentenario, todos recuerdan las imágenes de la jura el 9 de julio.


Primera aclaración, no fue la del 9 de Julio la definitiva, ese día se firmó el acta, pero la definitiva donde se declara la independencia de España y “cualquier otra potencia extranjera” (recordemos que en esos días el imperio lusitano invadía la Banda Oriental) esa fue “la declaración” y el que la presidió la sesión fue Sánchez de Loria.


Pero no me quiero detener en este detalle. Recuerdan ustedes las láminas que ilustraban nuestras aulas y sacábamos de Billiken o Anteojito.

En ellas se veía profusión de caballeros con chaquetas, varios militares y dos curas ¿recuerdan?


Bueno, eso es construcción histórica.


Ante todo, no hubo militares: Pueyrredón fue Director Supremo. A Moldes le rechazaron el diploma, y Gorriti asistió como militar y abogado.

En la jura del 9 de Julio hubo doce sacerdotes y diecinueve abogados. Tres prelados también eran doctores en derecho, y dos de los abogados (Paso y Loria) terminarían sus días abrazando los hábitos.


Esta incongruencia iconográfica no fue inocente, la construcción liberal y masónica quiso sacar a la Iglesia del medio por el conflicto existente entre el Estado y el Clero que no se resignaba a ceder su poder terrenal.


Desde distintas partes se le reclama a este gobierno la construcción de un relato, aun desde sus mismas filas, sin recordar que Frondizi se tomó más de seis meses para hacer anuncios de su gestión. Primero quería saber dónde estaba parado.


Doce años de cadenas nacionales y encriptados mensajes de Carta Abierta, nos hicieron creer que “gobernar es versear”.


Cada cinta que se cortaba merecía un largo discurso en el que no se explicaba por qué la misma cinta había sido cortada un año atrás, sin que la obra a inaugurar estuviese lista. Palabras había de sobra.


El PRO es un partido nuevo, sin tradición política, más allá de las proclamas de honestidad, sinceridad y la muletilla de que “podemos”. ¿Qué podemos? Hacer un país más o menos normal y no uno lleno de quejas, corrupción, tongos, prebendas, coimas, maltratos, chicanas… Hacer un país más o menos lógico, donde los funcionarios no sean dioses, si no servidores públicos.


No es que no haya corrupción en otras partes del mundo, la característica nacional siempre ha sido la desmesura.


La conducción actual está más preocupada en resolver los problemas acuciantes, antes que confeccionar explicaciones verborrágicas.


¿Qué plan se puede construir si hasta la firma con los Holdouts nadie sabía cómo seguía la película? ¿Qué anuncio hacer con bombos y platillos si todo lo que se diga depende de cómo reaccionan los mercados?


Pero ¡ojo! Esa plata que seguramente habrá de ingresar es para invertir no para escolacear “ni hacer que hacen” obras públicas que terminan en medio del desierto o el bolsillo del contratista.


El relato se construirá de acá en más, a partir de los hechos, los logros y no de las expresiones de deseo.


Los relatos elaborados por muchos gobiernos han tenido como fin unificar a los habitantes de un país, y para unirlo generalmente recurren a un enemigo común.


La represión de los 70, el menemismo (que tanto alabaron en su momento), los grandes consorcios multinacionales, las pretensiones del imperio (el norteamericano, el imperialismo chino y ruso son buenísimos) los buitres, Clarín, el golpismo fantasma, todo era bueno para aglutinar a un pueblo desorientado, como lo hicieron los regímenes totalitarios en Europa después de la Primera Guerra Mundial.


La intención de este gobierno no es crear enemigos fantásticos, sino entender que el peor de los enemigos está entre nosotros.


Debemos cambiar la cultura del país y vuelva a imperar la meritocracia, la cultura del esfuerzo y del trabajo. Que vuelvan los aplazos y las amonestaciones.


¿Quieren los jóvenes una universidad gratuita? Perfecto, habrá una con fondos para que sea la mejor. Pero les pediremos, que estudien, que cuiden la casa de estudios y no las conviertan en pastiches partidarios, y que tampoco haya estudiantes crónicos, que las carreras no se llenen de alumnos a los que les lleva 20 años recibirse… si es que se reciben. En otras partes del mundo, no tener cierto promedio en la secundaria impide entrar a la universidad, y si te aplazan 3 o 4 o 5 veces en la carrera, no podes seguir gastando los dineros públicos. Porque a esta universidad la bancan también los collas analfabetos de Jujuy.


Como decía, los peores enemigos somos nosotros mismos si seguimos despilfarrando la plata que no es nuestra, pero que tarde o temprano deberemos pagar.


Omar López Mato 
Médico y escritor    
Su último libro es IATROS Historias de médicos, charlatanes y algunos tipos con ingenio
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