Sábado, 30 Julio 2016 10:31

La construcción de la Independencia

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La historia se reescribe a la luz de los nuevos acontecimientos que se viven en cada tiempo. La historia no es estática, se la analiza desde distintas perspectivas que la alumbran según las experiencias que nos influyen. Obviamente, la historia tiene verdades inamovibles, pero también enormes escalas de grises que otorgan los matices con los que se reinterpreta el pasado.

 

 

Cada período de la humanidad incurrió en imprecisiones, ocultamientos y simplificaciones del relato histórico que a veces pretenden ser didácticos, mientras que otros ocultan necesidades de justificación política o inconfesables fines proselitistas.

 

En el Centenario se pretendía construir una historia nacional simplificada, con la intención de que los hijos de los inmigrantes pudiesen trasmitir a sus progenitores (generalmente gente humilde, desconocedoras de los orígenes de la Argentina) un cuento de fácil comprensión para conocer al país que habían adoptado cómo propio.

 

Por ejemplo, la familia Alvear erige a su ancestro como figura fundacional de la argentinidad, aunque algunas inconsistencias de Carlos María (la carta a Lord Strangford, su asociación con Miguel Carrera, la conflictiva toma de Montevideo, la problemática campaña que culmina con la victoria de Ituzaingó y la pérdida de la provincia Cisplatina) no le permitieron acceder al puesto de padre de la patria. El general Perón se dedicó a afianzar la figura del general San Martín como tal. En 1950 obligó a todos los periódicos a poner la consigna del “Año del Libertador”, so pena de sanciones. El gobierno aprovechó la oportunidad para clausurar medios opositores que no se sintieron obligados a respetar una medida tan arbitraria.

 

En el reciente desquició kirchnerista se construyó un relato que consagra a la vertiente nacionalista y revisionista, desplazando el monumento de Colón por una escultura que honra a Juana Azurduy, enalteció figuras populares como Dorrego y Rosas, consagró la celebración de Vuelta de Obligado cómo Día de la Soberanía Nacional (cuando los correntinos fueron afectados en su capacidad de libre comercio en la dichosa Vuelta), la deificación de los subversivos en la década del `70 y la demonización del régimen militar. Este relato culminó con la unción de Néstor Kirchner como líder fundacional de un nuevo país, cuando cada día se hace más evidente su autoría intelectual en la asociación ilícita que condujo a la cleptocracia generalizada en todas las esferas del gobierno.

 

Estos tiranuelas sureros y su triste gesta para favorecer sus ansias de poder, nos obligan a mirar el pasado con la intención de explicar el origen de semejante dislate. Naturalmente se evoca el origen mítico peronista del kirchnerismo, y surgen coincidencias populistas con el gobierno del general Perón: el distribucionismo prebendario, el despilfarro inflacionario y la manipulación de los medios en la mejor escuela de Goebbels.

 

Solo se han destapado las primeras ollas y un olor hediondo sacude al país, que asiste asombrado cómo antaño lo hizo al visitar la suntuosa casa presidencial del Palacio Unzué, y la exhibición de los vestidos y joyas que luciera la Sra. Eva Duarte, en vida. De poco sirvió ¿no?

 

Las desventuras económicas sembradas con premeditación y alevosía, conspiran contra la concreción de una fuerza enaltecedora que necesita el país. La inmediatez de los medios sólo permite aflorar la epidermis de los problemas, sin profundizar en los temas medulares. Cuando la discrepancia se presenta desde el sano juego de las ideas, es válida y enaltecedora, pero cuando solo se busca la burla chabacana y malintencionada, que prolonga la bullanguera algarabía estudiantil, despreocupada y dañina, ingresamos “bailando” al séptimo círculo del infierno.

 

La trampa populista ¿nos obliga a resignarnos a un destino inexorable de caos y marginalidad? Es menester comprender que los Kirchner no bajaron de un plato volador y la corrupción, aún en los niveles más elementales de la sociedad, obliga a preguntarnos si esta no es parte del ADN de un país nacido del contrabando.

 

Como parte de una nueva construcción histórica, cada uno debe sincerarse y reconocer su parte de culpa en nuestra decadencia: la evasión fiscal, las trampas empresariales, la connivencia de los políticos y las fuerzas policiales, la viveza criolla, el culto del “pobrecito”, la consigna de vivir sin trabajar mantenido por un Estado paternalista y permisivo, son solo algunos vicios que han caracterizado a la argentinidad, haciéndonos proclive a caer en la veneración de caudillos propensos a incurrir en inconsistencias e irrealidades.

 

Esta es la oportunidad histórica para dejar atrás estas instancias, cuando se celebran los doscientos años en que un grupo de criollos pretendió separarse de la corruptela generalizada del Imperio español. ¿Hemos logrado ser realmente libres y soberanos? Creo que lo único de lo que estamos seguros es que todos los días debemos luchar para independizarnos de los males que aquejan a la Argentina.

 

Omar López Mato

Médico y escritor    

Su último libro es IATROS Historias de médicos, charlatanes y algunos tipos con ingenio

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