Domingo, 11 Septiembre 2016 08:07

Los miserables

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La culpa es un organizador social.

La sociedad sin crimen no existe, fue una utopía ensayada en más de una oportunidad por distintos grupos de diversas ideologías.

 

 

Ningún proyecto tuvo larga vida. En el paraíso terrenal las únicas dos personas que existían en el Universo no se pusieron de acuerdo (era de esperar… eran marido y mujer). De sus tres hijos, dos se mataron. Caín y Abel. Metáfora premonitoria.

 

La novela de Víctor Hugo a la que hace alusión el título de este artículo trata, entre otros temas, del crimen y su castigo, la proporción entre la pena, la infracción cometida, y las posibilidades de rehabilitación del victimario.

 

La sociedad desde sus albores ha gastado fortunas para intentar prevenir el crimen y sancionar a los victimarios. ¿Nacemos malos o nos convertimos en malas personas? Hoy podemos decir que una enorme porción de la humanidad nace sin inclinaciones criminales, pero existe casi un 5 % de la población que es propensa al crimen y la violencia, son los llamados psicópatas, personas que sufren un trastorno antisocial, sin que medie alteración intelectual. (Nada que ver con el prototipo del criminal nato de Lombrosio, que proponía un patrón antropométrico para distinguirlos).

 

Los psicópatas suelen experimentar escaso arrepentimiento y exponen códigos propios de comportamiento que justifican sus crímenes. También tienen una enorme capacidad de adaptación que los hace pasar inadvertidos en la sociedad. Se camuflan con el medio que lo rodea para atacarlo.

 

Vale aclarar que no todos los psicópatas son violentos, la psicopatía es un déficit emocional que no requiere expresarse con brusquedad. Los psicópatas pueden volcar su falta de empatía en distintos aspectos de la vida que, muchas veces (aunque no siempre), rayan con la ilegalidad por su tendencia a cosificar a quienes lo rodean, y a manipular al medio en que se mueven.

 

Suelen ser ególatras, con gran capacidad verbal y encanto superficial que atraen a los incautos. Tienden a mentir en forma maliciosa y patológica sin necesidad y mostrar actitudes impulsivas. Lo más frecuente es que se complementen con individuos neuróticos, a quienes manipulan en una relación mal llamada simbiótica.

 

Los psicópatas encuentran eco en las apetencias de los demás, ya que tienen una tremenda habilidad para captar las necesidades ajenas, como la codicia, la envidia, los complejos de inferioridad, etc.

 

Todas las características enumeradas les sirven para abrirse paso en el campo político gracias a su falta de escrúpulos. Los psicópatas generan lo que el psiquiatra Andrzej Lobaczewski llama la Patocracia. Esta es la enfermedad de los grandes movimientos sociales que siguen a sus conductores hasta que las circunstancias a las que los llevan se vuelven intolerables. Cuando estos movimientos y sus líderes entran en crisis terminan convirtiéndose en caricaturas de sí mismos.

 

Las cárceles están llenas de psicópatas, especialmente entre los que reinciden. Obviamente, cabe hacer el diagnóstico diferencial entre psicópatas y sociópatas, es decir aquellas personas que delinquen por problemas sociales que los conducen a la delincuencia. (Falta de educación, pobreza, violencia familiar, etc.)

 

Removidos estos factores, suelen dejar de infligir la ley, mientras que los psicópatas continúan más allá de todo límite. Para mejorar la seguridad es necesario educar, dar trabajo y erradicar la pobreza, sin estas condiciones no hay futuro para una sociedad segura. Pero también hay que entender que ese 5 % de psicópatas continuarán haciendo estragos.

 

No todos los jueces cuando aplican penas tienen en cuenta si el victimario es o no un psicópata. Por otro lado, es difícil de comprobar la psicopatía objetivamente; no hay pruebas de laboratorio para distinguirlos y, como dijimos, los psicópatas son maestros en el engaño. Aún psicólogos y psiquiatras entrenados pueden caer en sus trampas. Sin embargo, diferenciarlos es de fundamental importancia porque es necesario mantener a un psicópata fuera de la sociedad para que no dañe a quienes lo rodean, al igual que es útil recuperar a los sociópatas para hacerlos ciudadanos probos.

 

Por último, una consideración que no pretende “medicalizar” a la sociedad, sino es un aporte para evitar que la dolorosa situación que se vive en el país se vuelva a repetir. En el “Nunca más” a la corrupción que se plantea, no puede faltar el diagnóstico psicológico de los candidatos. La descripción relatada ut supra a todos nos hace evocar al artífice intelectual de este latrocinio que padecimos.

 

Hoy día al contratar a un empleado se hacen un sin número de pruebas psicodiagnósticas, más cuando es para un cargo importante ¿no creen necesario que un candidato a un puesto ejecutivo, judicial o legislativo deba ser sometido a ese examen, para no sufrir lo que nos ha tocado vivir?

 

Caímos en manos de los Miserables, pero los nuestros no terminan rehabilitándose como los personajes de Víctor Hugo.

 

Debemos aprender de nuestros errores porque si no, volveremos a caer en ellos. A esto hemos llegado después de tantas equivocaciones…

 

Omar López Mato  

Médico y escritor    

Su último libro es IATROS Historias de médicos, charlatanes y algunos tipos con ingenio

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