Domingo, 28 Agosto 2016 09:26

Después de Caseros

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Justo José de Urquiza, por razones personales, que incluían sus bastos intereses económicos, decidió que era tiempo de cortar con Juan Manuel de Rosas. La confederación, autoritaria, autocrática y falta de instituciones, debía dar paso a una República federal y constitucional (le faltaría medio siglo más para ser plenamente democrática).

 

 

Después de Caseros (y algunas retaliaciones personales), Urquiza se abocó a darle una Constitución al país, ley máxima a la que Rosas se había resistido por distintas razones. Urquiza puso fin al terrorismo de Estado (en el que él mismo había incurrido), prohibió los juicios sumarios, las confiscaciones y las persecuciones políticas.

 

Sin embargo, y a pesar del apoyo inicial de los disidentes unitarios que había rescatado del exilio, a Urquiza le fue muy difícil gobernar al país. Su respeto a las leyes fue interpretado cómo debilidad, en una nación dónde hasta hacía poco había imperado la mano dura. Cada grupo opositor hizo su juego aprovechando resquicios legales y discrepancias formales.

 

Buenos Aires, dirigida por una nueva alianza entre antiguos unitarios y rosistas atemperados, se separó de las demás provincias (las doce hermanitas pobres) porque no estaba dispuesta a coparticipar sus ingresos aduaneros y esta discrepancia llevó a un largo conflicto que mantuvo al entrerriano muy amargado, a punto de escribirle a Rosas, al que asistía económicamente para paliar las estrecheces del exilio (actitud que el Restaurador agradeció sinceramente a su “amigo”).

 

De poco le sirvieron a don Justo los patacones “que supo conseguir” ni la gloria “que no supo conservar”. “Hay un solo hombre para gobernar la Nación Argentina, y es Don Juan Manuel de Rosas. Yo estoy preparado para rogarle que vuelva aquí” (Mayo de 1852. Carta de Urquiza al representante ingles Gore, antes de partir para San Nicolás. J. M. Rosas. Tomo VI. P.34).

 

En este nuevo acercamiento, Urquiza se quejó ante Rosas de la ingratitud de la que era objeto y dio a entender su desencanto, como añorando la mano dura para gobernar éstos díscolos ciudadanos que le dieron la espalda en la construcción de una Argentina más justa y progresista. Urquiza debió hacer concesiones a la oposición para llegar a la pacificación del país… y todos sabemos cómo terminó.

 

No somos ángeles, y en política, a veces al opositor hay que hacerle probar algo de su propia medicina, sobre todo cuando se tiene enfrente un enemigo protoplasmático, cómo el peronismo, que golpea por izquierda y derecha sin mayores reparos, ni escrúpulos.

 

Al gobierno del presidente Macri se le reclama una corrección política, que a su antecesor no se le exigió. Cuando se intentó incluir a los nuevos miembros de la Corte en febrero (porque una corte no puede funcionar con tres miembros), se criticó la forma. Tardaron seis meses y se llegó a lo mismo.

 

Ahora se piden audiencias públicas para convalidar el aumento, cuando no fue necesario este recaudo en los aumentos que se hicieron en otras oportunidades.

 

A la larga, el incremento en las tarifas se deberá convalidar de una u otra forma, porque no se puede seguir subsidiando el gasto energético. No podemos vivir en la fantasía, alejados del mundo real que tiene sus costos. Mientras tanto, la caja no cierra y esto obligará a emitir. ¡Que después no se quejen que hay inflación, porque el déficit fiscal y emisión van tomados de la mano!

 

Todo atrasa, lo que se hubiese hecho en meses, ahora llevará años o más, si los reclamos se van a judicializar. Todos sabemos que la familia judicial se toma sus tiempos (¿La feria de verano? ¿La feria de invierno?) Un juicio toma años, y todo se complica, porque este es un país hecho por abogados para abogados, que se toman su tiempo para analizar sutilezas legales, prolongando así la conflictividad.

 

Esta es una discusión que ya existía entre el único ministro de Justicia que no fue abogado, Eduardo Wilde –médico- y los letrados en 1880. Uno pedía una justicia expeditiva (cómo la que establecía Napoleón en su código) y los jueces tiempo de elucubración. Obviamente, es mejor accionar cuando las cosas se meditan, pero ¡¿se necesitan años?! ¿Es justicia cuando ésta llega tarde? Ahora se precipitan con los aumentos, pero Jaime estuvo 10 años de proceso y la ruta del dinero K lleva 4 años y el proceso a De Vido por el gas lleva 5, y Hotesur y enriquecimiento ilícito, y… ¿debemos seguir?

 

Los jueces también deben hacerse responsables de sus actos u omisiones. Allí lo ven a Oyarbide, bailando con sus anillos.

 

También vale preguntarnos si prolongar la inflación –que es el impuesto más dispar que existe, y que pagan los pobres (en dinero y oportunidades laborales) ¿es justo? La Corte crea inflación con esta maniobra dilatoria. ¿Acaso es bueno para la sociedad?

 

Lo que pasa es que como nadie le pone la firma (una vieja chicana burocrática) nadie se siente responsable. Cuando López Murphy dijo que debían bajarse los sueldos un 10 %, se lo querían comer; en pocos meses los sueldos bajaron un 70 %, pero no era la culpa de nadie…

 

Todos tenemos cierta tendencia a llamarnos a sosiego diciendo “es lo que hay”, pero este camino solo prolonga la decadencia. Néstor, era lo que había… Cristina, era lo que había… De Vido, era lo que había… y al final no queda nada, se afanaron todo.

 

Es tiempo de cambiar.

 

Siento que se inicia una revolución que no necesita de armas, ni piquetes, ni pancartas. Asoma un cambio moral. Tenemos que reordenar a la Nación, debemos marchar hacia un sinceramiento de la sociedad, no podemos seguir con el eterno doble discurso argentino. Los intendentes no pueden ser eternos, se lucha para que las listas no sean sábanas. Nadie puede cortar las calles porque nuestro derecho a circular es más importante que el derecho a reclamar, para el que existen muchas otras vías.

 

Argentina no puede seguir funcionando con un sistema corporativo, donde se defienden los intereses de un grupo por sobre el bien común, tal como se hizo hasta ahora. Hay que cambiar.

 

Omar López Mato

Médico y escritor    

Su último libro es IATROS Historias de médicos, charlatanes y algunos tipos con ingenio

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