Domingo, 05 Junio 2016 04:12

El ojo de la aguja

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 “Porque es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el Reino de Dios”, dicen los Santos Evangelios (Lucas 18:21) que son una serie de textos donde se intenta explicar la vida y obra de un carpintero de Galilea, cuya prédica dio lugar a una nueva religión.

No sabemos si Cristo, observador pero crítico de algunas prácticas judías (como la circuncisión), pensaba que su prédica podía convertirse en una nueva doctrina, pero sus seguidores, encabezados por el fanatismo de San Pablo, fueron separándose de la ortodoxia hebrea hacia un nuevo movimiento que se convirtió en religión del Imperio Romano al ser adoptada por Constantino.

Muchos judíos veían en Cristo a un caudillo que conduciría al pueblo de Israel en su lucha contra el yugo romano, pero el mensaje de Jesús claramente expresaba que había que dar a Dios lo que era de Dios y al César lo del César, e instaba a pagar los impuestos que requería el gobierno de Roma. Nada de rebelión ni subversión.

Esta afirmación, más la expulsión de los mercaderes del templo (que era el gran negocio del Sanhedrin) terminaron por condenarlo a la cruz: Cristo no era el Mesías guerrero que algunos esperaban.

Desde entonces muchos exégetas de las escrituras han pretendido convertir la cruz en espada y de esta forma canalizar sus intereses a la luz de los Evangelios con citas sacadas de contexto, como ésta de los ricos y el Reino de los Cielos, porque el “ojo de la aguja” era una puerta en las murallas de Israel que permanecía abierta cuando se cerraba la principal. Si algún rezagado llegaba tarde a la ciudad, podía entrar por el ojo de la aguja por donde entraba un camello, con cierta dificultad, pero entraba.

Por lo dicho, sospechamos que también la señora Bonafini tendrá dificultades para entrar por el ojo de la aguja, porque dispone de medios en abundancia gracias a los oficios del Sr. Schoklender y la dadivosa mano del gobierno K, que puso a su disposición cientos de millones de pesos en las empresas de las Madres de Plaza de Mayo. Que las casas prometidas no se hayan construido es un detalle menor, lo importante era canalizar el odio de la Sra. Bonafini y mantener su lengua bífida sedada.

Predicadora del resentimiento, Pontífice del rencor, desde cada micrófono que le han puesto delante, ha promovido la destrucción y escarnio de aquellos que se le opusieron, justificando la violencia de muchos jóvenes instigados por la errónea concepción “cristiana” de algunos curas, que instaron a estos incautos a tomar las armas para hacer una revolución marxista en América. Este ejercicio subversivo de la violencia sembró el país de muertos y desencadenó una respuesta represiva por parte del Estado que cayó en excesos y maniobras aviesas, como la compra de las cabezas de la dirigencia montonera. Estos, confabulados con una fracción de los mandos militares, trataron de imponer una conducción mafiosa al país.

La señora de Bonafini, desesperada porque se agota la “caja” que le permite mantener con holgura su protagonismo, ve peligrar su impunidad y con el desparpajo con el que se vendió al oro K, hoy pretende salvar su pellejo de la Justicia y adquirir algo de su “antiguo esplendor” entrevistándose con quien, hasta ahora, había vilipendiado. Monseñor Bergoglio, es hoy su tabla de salvación y en un acto que no carece de inocencia política, el Papa recurre a la ubicua misericordia cristiana (que por siglos no se ejerció sobre infieles o herejes ejecutados por la Inquisición) para abrirle las puertas del Vaticano y otorgarle ese protagonismo tan deseado por esta serpiente voluminosa, que hoy se muestra arrepentida. ¿Algún día también se arrepentirá de la plata malgastada, o del activismo subversivo de sus hijos? Nadie lo puede afirmar, pero este veletismo puede tener consecuencias insospechadas.

La señora de Bonafini afirmó que este gobierno ha destruido la obra de los últimos doce años, y tiene razón. ¡Se acabó el curro de los derechos humanos que nos salió por lo menos 2.000 millones de dólares, más el despilfarro de los “sueños” que solo Bonafini compartió! La señora dice que este gobierno es como la revolución del ’55, olvidándose que este gobierno no subió al poder por un golpe militar sino por el sano ejercicio de la democracia que los “jóvenes idealistas de los ‘70” no querían respetar.

No sé qué parte del dad a Dios o dad al César no está clara, no sé qué parte de la prescindencia política el Papa no comprendió, pero a muchos nos da la impresión que desde hace tiempo tiene una visión sesgada de la realidad nacional, inclinándose por un partido que cuando pudo no dudó en quemar las Iglesias, despilfarrar los fondos de la Nación, o apoyar la formación de  la AAA de López Rega.

La parcialidad del Papa para muchos resulta desconcertante; la repetición de estos “actos misericordiosos” solo denuncia su intencionalidad política. ¿Acaso el Reino de los Cielos solo puede ser peronista? ¿El Paraíso es Justicialista? ¿La puerta de los Cielos es la Puerta de Hierro?

¿Acaso no entiende que íbamos camino a ser como Venezuela de la mano de los esbirros que compraron los fueros de la corrección política, amparados primero en Bonafini y después en la misma figura del Papa para intentar ocultar el enorme latrocinio y la abierta intención de convertir a la Argentina en un narcoestado?

Ya es tiempo que la Iglesia deje de mostrar las llagas de la pobreza y asista a generar los medios para terminar con ella. Es tiempo de enseñar a pescar, porque no está Jesús para multiplicar los panes.

¡Qué difícil es dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que le corresponde!   

Omar López Mato 

Médico y escritor    

Su último libro es IATROS Historias de médicos, charlatanes y algunos tipos con ingenio

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