Domingo, 26 Junio 2016 08:32

¿Qué hubiese sido, si…?

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Todos los días de nuestras vidas nos preguntamos ¿qué hubiese sido si… hubiese nacido en otra parte? ¿Si hubiese sido más alto? ¿Más bajo? ¿Más gordo? ¿Más…?

 

Nos encanta jugar con nuestra imaginación. ¿Qué hubiese sido de nuestra vida si hubiésemos tomado un camino distinto 10 años o 5 minutos atrás?

 

De poco sirve, porque hemos nacido acá y estamos así, pero cedemos a la tentación de ejercitar la imaginación.

 

En la historia se desarrolla este mismo fenómeno al que se llama contrafáctico, cuando un elemento azaroso muestra su otra cara.

 

En la historia, y en nuestra vida, hay elementos puramente fortuitos; el ejemplo más contundente en la historia nacional –para el que suscribe- fue la boleada del caballo del General Paz.

 

El “Manco” venía de ganarle prolijamente dos campañas al General Quiroga y en circunstancias fortuitas, cuando decide inspeccionar una avanzada de soldados de López y éstos alcanzan a bolear las patas del caballo del General, y Paz cae prisionero del Gobernador santafesino y la Revolución iniciada en diciembre del ’28 queda en la nada, porque ninguno de los oficiales de Paz, ni Lamadrid, ni Deheza estaban a la altura de las circunstancias y una serie de derrotas de las fuerzas llamadas Unitarias ponen fin a la intentona de unificar al país, prolongando la desorganización nacional por más de 30 años.

 

Nuestra política actual no carece de factores azarosos, porque nuestra economía obedece a factores externos que no siempre tienen una explicación causa y efecto (si usted analiza las variaciones bursátiles comprenderá lo que le estoy diciendo). Las grandes crisis políticas de los últimos años obedecen a variaciones del mercado internacional. Para aquellos que no lo recuerdan, en tiempos del Dr. De la Rúa como presidente, la provincia de Buenos Aires estaba bajo el agua y la tonelada de soja valía U$S 120.

 

Si uno toma el índice de precios de las exportaciones/importaciones de 2012 y se lo aplica a los volúmenes comerciados en 2001, ese año –a los precios actuales- habría habido un superávit comercial de 36.690 millones de dólares. De esta forma hubiesen sobrado dólares para pagar la deuda externa, y De la Rúa hubiese, por lo menos, finalizado su período presidencial. Si hacemos el ejercicio inverso y al comienzo del 2012 le aplicamos los precios del 2001, es decir una soja a U$S 120 en lugar de U$S 500, el déficit de la balanza comercial hubiese llegado a los 12.000 millones de dólares y el relato hubiesen colapsado en pocos meses.

 

El ejemplo de Venezuela es más claro. Chávez hizo la Revolución bolivariana gracias a que el petróleo aumentó 12 veces su valor, y Maduro ve colapsar la economía venezolana porque a U$S 50 el barril, Venezuela no puede extraer su petróleo.

 

Los ciclos populistas son posibles gracias al viento de cola que alimenta el distribucionismo demagógico y prebendario. Cuando se acaba la plata comienzan los lamentos y el capitalismo de amigos cruje bajo las presiones económicas, más cuando se derrochó y se afanó –perdonen el término, pero éstos tipos afanaron, el término es ilustrativo- de la forma en que lo hizo el kirchnerismo.

 

Hasta ahora esta banda de bandidos la venía piloteando hablando de persecuciones políticas, campañas mediáticas, bla bla bla, que los buitres y el neoliberalismo, y combatiendo al capital, y… un buen día (o una noche, mejor dicho) alguien lo ve a López tirar una bolsa y se acabaron las excusas. La trama quedó al desnudo, un tipo de tercera línea tenía en su haber 9 palitos verdes, armas, relojes  y la necesidad imperiosa de consumir cocaína. Si uno viese este argumento en una película de Fellini, con la anciana monja diciendo que esa era plata que le iban a donar, y la abogada cumbianchera, no lo hubiese podido creer.

 

Cristina, que ya no está tan verborrágica, se excusa diciendo que ella no le dio el dinero. (Parece que se olvidó que rompió todos los medios de control de Estado). Y De Vido lo acusa tímidamente de traidor… otros hacen silencio. Silencio que pienso habrá de prolongarse porque “azarosamente” esa noche estaban de guardia, manejando un patrullero de la bonaerense a las tres de la mañana, dos capitanes quienes en un loable acto de incorruptibilidad, rechazaron la dádiva de López. No sabíamos que estos émulos de Eliot Ness y sus intocables surcaban los procelosos barrios suburbanos, ni que la Iglesia tenía tan aceitados vínculos con el kirchnerismo, pero es lo que pasó.

 

Comienza la resquebrajación interna de un movimiento aglutinado alrededor del latrocinio. No se irán sin dar lucha. Serán los manotazos de ahogados: cortes, protestas, huelgas, chicanas, presiones... en fin, todo el folklore peronista que ya conocemos.

 

Ellos redoblaran la apuesta y es tiempo que el gobierno tome la delantera. No más cortes de calles, conciliación obligatoria en el día, que se normalicen los servicios, sumarios administrativos, descuentos de los días por ausentismo, que se haga libre circulación cómo dice la Constitución, y despertar a esta Justicia que por años se dejó presionar por el poder. ¡Que rinda cuentas la Corte y los jueces, y que no entorpezcan más las investigaciones!

 

A esto no hubiésemos llegado de actuar cómo debían.

 

La soja podrá subir o bajar. El petróleo podrá pasar la barrera de los U$S 50 el barril.

 

La carne volverá a exportarse, pero es tiempo de que jamás permitamos que un gobierno cómo éste vuelva a gobernar el país, mientras la Justicia duerme con los ojos vendados.

 

Omar López Mato 

Médico y escritor    

Su último libro es IATROS Historias de médicos, charlatanes y algunos tipos con ingenio

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