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Domingo, 04 Septiembre 2016 15:11

Del barro primigenio

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Afirmar que la corrupción es parte del barro primigenio del que nace la argentinidad, no está muy lejos de la verdad. El contrabando fue el origen y sustento de Buenos Aires, la única forma de sobrevivir ante las normativas ridículas de la metrópolis.

 

 

 Siempre que hay corrupción, existen leyes draconianas, normas burocráticas, trámites kafkianos, ausencia de leyes, o leyes cambiantes e inconsistentes, o lo que es peor, un pesado exceso de las mismas.

 

El contrabando virreinal creó una burguesía acaudalada que se encargó de prolongar sus prerrogativas. El padre de Manuel Belgrano sufrió un largo proceso por contrabando, Saavedra fue acusado de vender yerba mate sin pagar el impuesto correspondiente, Larrea (asesor financiero de la Primera Junta), fue acusado y juzgado por contrabando y la venta de armas al ejército, con enormes ganancias en la intermediación. Cuando las tropas patrias huyeron de Potosí, desaparecieron varias bolsas de plata, sin que nadie pudiese explicar qué pasó. Rivadavia cobró jugosas comisiones por la explotación comercial de las minas de Famatina, y gran parte de nuestras guerras civiles fueron el emergente del sordo conflicto entre la aduana porteña y las demás ciudades del interior, conflicto que de una u otra forma llega a nuestros días con una mafia enquistada en Ezeiza, y el puerto. Esta mafia multimillonaria no está dispuesta a ceder posiciones tan fácilmente. Cómo mafias amenazarán, intimidarán y no les temblará el pulso para matar, si lo creen necesario.

 

Como vemos, nihil nobus sub sole, pero con el sol de la “década afanada” se ha multiplicado la corrupción a niveles insólitos, aunque no asombre al que suscribe, porque por años desde estas páginas lo venimos diciendo: los K son el emergente de un país sitiado por un cooperativismo egoísta y perverso. Néstor, Cristina y sus adláteres son los mejores ejemplos de la mediocridad nacional, mezclada con proporciones desmedidas de ambición, codicia e inexcrupulosidad.

 

Lógicamente, para robar a su gusto coparon todos los sistemas de control, a fin de usufructuar hasta el último centavo. Al parecer, no les costó mucho, rápidamente encontraron socios para sus fechorías.

 

La Justicia, las auditorias, las comisiones de autocontrol y anticorrupción se convirtieron en barreras permeables y complacientes, órganos permisivos, obedientes y ciegos. ¡Alberto Fernández no sabía nada! ¡Sergio Massa ¿la vio pasar?! ¡Si era una estampida de elefantes! Pero ningún funcionario se percató del desmadre. La SIDE se había convertido en la librería de carpetas necesarias para disciplinar a obstinados opositores, hasta que el sistema, podrido hasta la médula, se volvió contra ellos. La corrupción es un monstruo que se come a sus hijos, cómo en el cuadro de Goya.

 

La ruta del dinero K es una vergüenza nacional, los retornos de Lázaro y López otro escándalo, pero éstos se convierten en cambio chico cuando pasamos al tema aduanero, una intrincada maraña de papeles, normas, leyes, disposiciones y reglamentos, barreras infranqueables que solo se levantan gracias a sobres pletóricos de dinero.

 

Hecha la ley, hecha la trampa, una vieja consigna que rige al ser nacional.

 

¿Cuánto tiempo más puede un país funcionar de esta forma? ¿Puede una nación vivir en la corrupción más aberrante? Siempre digo que nuestro sistema jurídico legal es heredero del imperio más corrupto de la historia, el español, que sobrevivió tres siglos gracias a la inmensidad de recursos que le otorgaba un continente inexplotado.

 

La corrupción argentina se correlaciona con sus riquezas. Todavía pensamos mágicamente como el general Perón, que nos pueden salvar dos, o diez cosechas… Los K pensaron que la bonanza sojera sería eterna y robaron a cuenta sin calcular que los precios podrían bajar, y que el monocultivo altera la fertilidad del suelo. Pensar en el poder eterno es pensamiento mágico, una simplificación ridícula.

 

Tenemos que cambiar, no podemos seguir en el barro, y hoy de ese barro primigenio debemos pasar a bailar “El lago de los cisnes”, con tutú blanco inmaculado. ¿Se puede saltar de la corrupción más abyecta a una corrección republicana cristalina, de un paso? Esto es lo que se está viviendo en este momento bajo la consigna de Cambiemos.

 

Yo no conozco santos, conocí a muchas personas virtuosas, bien intencionadas, pero no conocí santos. No creo que la santidad sea parte de la condición humana. La santidad es un mito construido por un regulador social como lo es la religión. Si sé de conversos y redimidos (cómo San Ignacio de Loyola y el mismo San Pablo), y es con ellos que se construyen las causas correctoras: un empresario argentino conocedor del sistema hoy nos dice que no podemos seguir así y nos propone una voluntad de enmienda y corrección bajo la mirada fiscal de la Dra. Carrió y Margarita Stolbizer.

 

Esta es una cruzada, ya no podemos sentarnos a criticar al kirchnerismo o al populismo anárquico o los comunistas utópicos, cómodamente desde nuestros hogares, mientras estos criminales (lo son) organizan actos dispuestos a todo, con tal de no ir presos.

 

Este es un esfuerzo cultural para detener la decadencia. Estamos al borde de un precipicio y se debe mantener el equilibrio para no caer. Todos los que estamos de acuerdo que así no puede seguir el país debemos sincerarnos, poner el hombro, y hacer nuestro mejor esfuerzo, porque de no ser así, caeremos al barro primigenio y de allí es difícil volver.

 

Omar López Mato 

Médico y escritor    

Su último libro es IATROS Historias de médicos, charlatanes y algunos tipos con ingenio

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