Lunes, 13 Marzo 2017 00:00

El huevo de la serpiente

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Los argentinos nos quejamos de la inseguridad.

Los argentinos nos quejamos de la pobreza.

Los argentinos nos quejamos del costo de vida.

Los argentinos nos quejamos del tráfico.

Los argentinos nos quejamos de la educación y la salud que ofrece el Estado. 

Los argentinos nos quejamos a pesar de tener la solución al alcance de la mano, pero hay fuertes intereses que conspiran contra la resolución de estos problemas, cuya raíz es la falta de trabajo legítimo.

 

Cuando hay trabajo disminuye la pobreza.

 

Cuando hay trabajo digno, las enfermedades disminuyen y la gente busca educarse para poder prosperar en su actividad.

 

El empleo es la clave del crecimiento económico, de mejores servicios, de mejor salud, de mejor educación.

 

Es simple, es lógico, es así, pero en la Argentina es muy difícil.

 

Crear trabajo legítimo (y no el invento de los subsidios, ni los ñoquis, ni llenar al Estado de burócratas que aumentan el gasto público, como lo hizo el kirchnerismo) es caro, requiere esfuerzo, estudios e inversiones. Y nadie, nadie va a poner un mango mientras los sindicalistas no terminen con su lista de reclamos y su beligerancia.

 

¿Por qué Argentina llegó a este nivel de empobrecimiento? Por la conflictividad sindical. No es esta la única razón, seguro, pero todas están hermanadas: corrupción, ineficiencia, vagancia, etc., ponga usted lo que quiera, en el fondo el problema es el corporativismo sindical, que de la mano de un peronismo prebendario, ha espantado la inversión en la Argentina. Ya lo decía la marchita, “combatiendo al capital”, y lo han hecho con éxito. Por esta razón se fueron del país empresas de todo el espectro económico mundial y la mayor multinacional de capital argentino.

 

¿Por qué los argentinos no invierten en el país? El último blanqueo demuestra que había 100.000 millones de dólares en el exterior. Y eso es solo es la punta del iceberg. Hay más plata de argentinos afuera que aún no ha vuelto, justamente por la conflictividad sindical. ¿Para qué invertir en Argentina? Si después del esfuerzo y la inversión, un grupo frena la actividad laboral por cuestiones que a veces son muy difíciles de dilucidar y en última instancia podría no ser el problema de la empresa sino fruto de conflictos macroeconómicos entre los que se destaca la inflación.

 

Tenemos un sindicalismo retrógrado que conduce el país, bajo intereses mezquinos, cuidando su quintita, a expensas de la salud de sus afiliados. ¿A quién se le ocurre darles el control de la salud de los trabajadores a los sindicalistas? En ningún país del mundo pasa esto. Y el gran negocio de la salud les ha permitido a los sindicalistas tener los medios para eternizarse en el poder. ¿En qué otro país hay líderes sindicales que mantienen la conducción por 20/30/40 años? NO EXISTEN, solo acá. ¿Dónde en este mundo se heredan los títulos sindicales, como si tratase de una rancia aristocracia? Solo acá, en los reinos de Perón.

 

¿Quién mierda va a poner plata en un  país dónde te paran los subtes por “prevención”? ¿Por qué poner plata cuando de un minuto a otro paralizan el transporte sin aviso? Esto afecta a los trabajadores, que deben viajar hacinados, sin saber si van a poder volver a su casa. Todo ayuda a desestabilizar y crear mal humor.

 

¿Quién va a poner un mango dónde nunca pueden comenzar las clases en fecha y forma? ¿Y a quien afecta esto? A los hijos de los trabajadores. Creamos pobres y creamos burros. Un resultado genial.

 

¿Por qué poner plata en un país donde la cúpula sindical que fue funcional al latrocinio más vergonzoso de nuestra historia, espera que solo en un año se arregle el desbole infinito que ellos asistieron a crear?

 

Necesitamos empleo para sacar a la gente de la pobreza, de la inseguridad y mejorar la salud de los argentinos, pero estos gordos impresentables espantan a los inversores, argentinos o del exterior.

 

La causa del deterioro como país en los últimos 70 años de la Argentina se debe, sin lugar a dudas, al poder que Perón le otorgó a los sindicatos, siguiendo las enseñanzas de su maestro Mussolini (después Onganía, que soñaba con ser otro Perón, le dio la salud a los sindicatos –cosa que Perón nunca hubiese hecho). Ese fue el huevo de la serpiente, el principio del fin, la muerte de la república, la estampida de los empresarios que prefirieron sacar sus ahorros del país para ponerlos a salvo de la voracidad fiscal (que también es secundaria a la ineficiencia productiva por el reclamo sindical inconducente). Se produce menos, se invierte menos, se recauda menos, por lo que el Estado debe endeudarse más, este es el espiral poco virtuoso que caracteriza un país acostumbrado a las llamadas “conquistas sociales”, que solo condujeron a la pobreza de casi la mitad de la población.

 

Obviamente no estamos en contra de los reclamos por situaciones concretas, pero la legislación argentina es muy receptiva en cuanto a conflictos entre patronal y obrera. No necesitan paros, cortes, huelgas y manifestaciones para ser escuchados.

 

Este ejercicio de la fuerza política del paro es la forma en que los sindicalistas llevan agua (y plata) a su molino. Les conviene el disenso y la confrontación para hacerle creer a las bases que ellos son imprescindibles. Y nosotros somos sus rehenes.

 

En su cortedad de miras los gordos (que no ven más allá de su ombligo), no se percatan que si crece el país, el trabajo y la inversión, habría más afiliados a sus sindicatos y redundaría en beneficios para todos… pero no, prefieren ese status quo peronista que les ha sumado hasta el momento muchos millones a sus cuentas.

 

Tampoco tienen la astucia de dejar que otros (que no sean peronistas) saquen al país de este marasmo.

 

Si este gobierno no arregla las cosas ¿quién hará el ajuste? ¿Scioli? ¿Massa? ¿Quién va a sacar este país del barro en que ellos mismos lo hundieron? ¿Quién tiene las llaves del cielo? ¿Y por qué nos llevaron al infierno?

 

La eternización en el poder les ocasiona problemas a los gordos, la presión de los de abajo les está pasando la cuenta. Otra vez más vemos como el enfrentamiento entre el peronismo de “derecha” y de “izquierda” desemboca en violencia… (Como en los ’70, en los ’80 y en el 2001). ¿Es el ataúd de Ubaldini? ¿Es el conmigo o sinmigo de Herminio? ¿Es la plaza de los mocosos imberbes? Hay que tener cuidado porque se matarán entre ellos y después son capaces de tirar el cadáver y decir que es culpa de la represión estatal y así aumentar el descontento social. Ya lo han hecho.

 

Lo que pasó en la marcha del martes es el sindicalismo que se viene, un grupo de fundamentalistas filo-trotskistas, dispuestos a todo, aún a la violencia extrema para mantener “la lucha permanente”. Este es el sindicalismo más refractario. Que de acá en más duplicará la apuesta. Hay que evitar el adoctrinamiento que está impartiendo, o crear un nuevo sindicalismo que lo enfrente en su ideología perimida.

 

También el gobierno debería ser menos inocente. Si los gordos se ponen en “machos”, ataquen sus bases: Manden una inspección  de la AFIP o de la Superintendencia de Salud a las Obras Sociales, revisen los medicamentos truchos, los manejos de las drogas oncológicas, los gastos administrativos y estarán abriendo otra cloaca hedionda… A ver cómo pueden justificar esa plata… y después de revisar todos los papeles siéntense a dialogar en Comodoro Py.

 

Algún día ¿podremos trabajar en paz?

 


Omar López Mato

Médico y escritor   

Su último libro es Ciencias y mitos en la Alemania de Hitler

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