Lunes, 10 Abril 2017 00:00

Del #1ª al #6A

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En cada oportunidad que participé de una marcha (el #8N, la de Nisman) me emocioné por tanto fervor patriótico y desinteresado. Sin “sanguches ni Coca”, sin micros (un señor mostraba la tarjeta Sube, Yo vine solo). Con banderas, vinchas, enseñas patrias envolviendo los cuerpos. Y la gente coreando el himno y el “No vuelven nunca más”.

 

Antes de asistir a cada una de esas marchas me asaltaba un pensamiento lúgubre… ¿y si somos cuatro gatos locos?

A poco de andar mis dudas se disipaban. Allí comprendí que por años nos mintieron que la Plaza donde Perón instaba a la violencia y después echó a los mocosos imberbes era de los peronistas, de las madres de Plaza de Mayo, de las Malvinas, que era la plaza de Néstor y Cristina…

Sin embargo, ninguno de ellos logró lo que el #8N y el pasado primero de abril en número, en corrección y en fervor contagioso que aumentaba a cada momento que nos reconocíamos como que somos más.

Para los K esta fue la plaza de los “garcas” (aunque nunca se explayaron sobre el tema de como estos “garcas” tienen tanto poder de convocatoria, prefirieron negarlo, callar y despreciar).

Para Scioli es la plaza de la grieta.

Para Fernández, una vergüenza.

Para los zurdos es una plaza (que ellos nunca han podido llenar) llena de burgueses.

Pero a mi entender, esta fue la plaza de los argentinos que queremos trabajar en paz, en un país “normal”, que queremos educar a nuestros hijos, que no nos gusta que nos roben ni que nos traten como a carneros o que nos patoteen y que unos pocos malogren lo que la mayoría eligió. No fue a favor de una persona o de un partido, fue la plaza de una forma de entender al país, de una forma de gobierno, de mantener el espíritu pluralista dentro del orden y el trabajo.

El #1A fue la plaza del respeto a las instituciones, y a los conciudadanos, una plaza republicana y demócrata que pide justicia y el respeto a los valores y no golpes mediáticos ni imposiciones forzadas con palos y máscaras o prebendas electorales.

El gobierno se desligó del asunto, quizás por miedo a la convocatoria, por el mismo miedo que teníamos los concurrentes después de tantos años de exitismo peronista, pero el presidente tampoco hizo un aprovechamiento político de ese evento, solo se limitó a un mesurado agradecimiento, y el lunes que “volvamos a trabajar”. ¡Esto sí es revolucionario!  No salió al balcón, ni hizo cadena nacional, solo dijo gracias. ¿No aprovechó la circunstancia o nos dio una lección de civismo? Raro para un país caudillezco como Argentina.

El presidente dice sentirse feliz por este respaldo, feliz y a su vez más comprometido con su causa, la de hacer crecer al país a pesar de los palos en la rueda de la oposición. Hoy puede mostrarles que a pesar de los malos momentos y de los errores (que los hubo) hay una enorme mayorías que le responde y entiende que en 15 meses no se pueden revertir años de decadencia, de bombas sembradas en el camino, de oposición feroz que no tiene tapujos en decir que está trabajando para voltear al gobierno, porque si eso no pasa, ellos terminarán en la cárcel.

Esta vez hay mucho más que una elección en juego. Como lo han aclarado desde hace tiempo, los K van por todo, cueste lo que cueste. Cualquier enemigo de un enemigo pasa a ser un amigo, de allí la alianza con los grupos más radicalizados de izquierda para asistirlos a desestabilizar el sistema. Es una lucha fundamentalista, donde poco importa la educación, o el bienestar nacional, los K lucharán para salvar su pellejo, la izquierda para ganar espacios en los lugares que le sirvan para su posicionamiento.

La táctica es tan vieja como la de los bolches en la Rusia imperial. Estos difícilmente llegaban a los 70.000 afiliados en un país de 120.000.000 de habitantes, pero se valieron del desconcierto, aprovecharon los titubeos de un régimen débil como el de Alexander Kerensky (los zares habían abdicado un año antes) y se impusieron ante una mayoría que no entendía el curso de los acontecimientos. Los soviets se hicieron del poder y desde entonces, en cada oportunidad que se les presenta, la izquierda (en sus distintas versiones trotkista, maoísta, o foquista guevarista) perseveran en azuzar al gobierno de turno golpeando aquí y allá, y espera sacar de sus casillas al oponente para escalar posiciones y ganar poder.

Hasta el #1ª este gobierno actuó con demasiada moderación, que algunos interpretaron como debilidad. Los peronistas son como los tiburones esperando que una gota de sangre caiga al mar para vapulear a su víctima (digan que aún se pelean para ver quién será el conductor de la oposición, pero siguen al acecho) y muchos de ellos despreciaron esta forma de hacer política.

Los sindicalistas y los grupos piqueteros están dispuestos a mostrar que siguen siendo los dueños de la calle, más cuando el presidente habló de mafias. Entonces estalló Viviani, que prometió palos a los taxistas que salgan a trabajar. ¿Por qué no hacen una huelga garantizando la libre circulación, a ver cuántos realmente adhieren y no se pliegan coaccionados por el miedo? ¿Acaso esa no es una actitud mafiosa?

Debemos comprender que en esta movida hay muchas cosas en juego, no solo la gobernabilidad: el fracaso de Macri llevará a una nueva crisis económica apocalíptica, que se va a comer el poco resto que existe de capacidad de inversión de los argentinos.

En caso de fracaso nos esperan los Kicillof (cuantas pavadas ha dicho el pequeño bolche), los Moreno, los Fernández y los muchachos camporistas, una caterva de mediocres elevados a la enésima potencia. Adiós a la meritocracia, adiós a los profesionales formados en universidades europeas o americanas, adiós a la moderación o la inteligencia.

El fracaso de Macri sería el fracaso de una generación y de un grupo social, una elite socioeconómica que en esta supuesta derrota reconoce su incapacidad para dirigir un país con una fuerte impronta corporativista, donde cada grupo actúa como antagónico, con el fanatismo de un River/Boca.

Tampoco van a dejar en paz a Mauricio Macri. Si este claudica (con o sin helicóptero) irán por Macri en persona, al que hostigarán como un cabeza de turco responsable de los males desde el gobierno militar hasta nuestros días. Si el presidente piensa que va a poder volver a su casa a gozar de una jubilación de privilegio, se equivoca. Probablemente pase meses o años circulando en los tribunales de Comodoro Py. Ya le inventaron causas en el ápice de su poder. ¿Cómo lo tratarán si cae?

En definitiva el #1ª es un grito de esperanza y una invitación a asumir el poder para cumplir lo prometido y aplicar la justicia con todo su rigor. Si hay que reprimir, se reprime. Si los funcionarios delinquen deben ir presos. Si se cortan las calles, debe restablecerse el derecho a circular y el Estado está obligado a garantizar ese derecho por la razón o por la fuerza.

Ese es el claro mensaje del primero de abril: hay mucho en juego, por eso hay que gobernar. Y hay que trabajar. Haciendo paros no se crea laburo. Haciendo paros no se exporta. Haciendo paros no se consiguen inversiones. Haciendo paros no nos liberaremos de la miseria.

La CGT hizo una huelga porque los corrieron por izquierda. A “los gordos” nadie les cree y menos les van a creer cuando una inspección de la AFIP muestre el enriquecimiento fabuloso de estos personajes que se creen dueños del país

Y un pequeño detalle más, la presidenta de Corea del Sur después de tres meses ya está presa…

¿Hasta cuándo?

Omar López Mato Médico y escritor   

Su último libro es Ciencias y mitos en la Alemania de Hitler

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