Viernes, 23 Junio 2017 00:00

Inversores corren el arco, el bono de “Toto” y la campaña como nueva excusa - Por Leandro Gabin

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Macri y los suyos no lo admiten. Y no lo harán nunca. Pero el hecho de que el MSCI haya rechazado el ascenso de Argentina hacia el mundo emergente fue un duro golpe para el Gobierno.

 

El Gobierno no lo admite. Ni lo hará nunca. Pero el hecho de que el MSCI (que ya nada tiene que ver con Morgan Stanley, el banco de Wall Street), haya rechazado el ascenso de Argentina hacia el mundo emergente desde el poco envidiable estatus de frontera (pasar de la C a la Primera B, futbolísticamente hablando) fue un duro golpe para el ego de esta administración. Acostumbrados a meter goles desde el primer minuto en la arena financiera, esta vez, los inversores le corrieron el arco a Mauricio Macri.

El discurso oficial fue compacto: la culpa la tiene el proceso electoral que determinará si las políticas aplicadas por el macrismo vinieron para quedarse, o simplemente fue un veranito hasta el próximo Gobierno peronista. No hablan de uno de los baches más evidentes del plan como es el déficit fiscal, que -a diferencia del kirchnerismo, que lo financió con inflación- es solventado con la emisión de bonos en el mercado.

“Dirán lo que quieran, pero lo cierto es que al mercado el gradualismo no le cierra del todo. No lo critican abiertamente, pero el sabor que se llevan cuando vienen a Buenos Aires es que los cambios son muy lentos. Se entiende la realidad social y, por ende, la gobernabilidad, pero no le escapa a nadie que bajar el gasto es una tarea pendiente de este Gobierno”, reflexionaba un conocido ejecutivo de la city que “acerca” a varios bancos y fondos de inversión con funcionarios de Hacienda, Finanzas y el BCRA.

“De las reuniones que tienen con la gente que maneja la economía del país se quedan con que el tema fiscal es el menos dinámico de la gestión. Quizás aceleren en algún momento pero no pareciera que suceda en el corto o mediano plazo”, agrega.

Precisamente ayer el Gobierno informó el dato fiscal de mayo que grafica como viene la película. El déficit primario fue de $ 27.200 millones, 2,3 veces más que un año atrás. Según LCG -la consultora que fundara Martín Lousteau- la escalada se debió a un aumento del gasto primario del 24% en paralelo con una suba de sólo 15% en los ingresos.

Y si bien pasados cinco meses del año el déficit primario suma $87.200 millones (0,9% PIB), “no hay dudas que el Gobierno podrá volver a mostrar el cumplimiento de la meta fiscal impuesta para el primer semestre” que está pautado en un déficit primario de 2% del PIB. “El problema se traslada a 2018, cuando la meta de déficit primario de 3,2% PIB se vuelve mucho más exigente. Corrigiendo el déficit primario de 2017, el punto de partida para 2018 es de un rojo primario de 5,2%, lo que demandaría un ajuste de 2% del PIB para cumplir el compromiso”, alertó LCG.

Se pinchan los negocios

Más allá de las razones, explícitas y no tanto, del baldazo de agua fría que recibió el país al no haber vuelto al mundo emergente, los grandes perdedores son el mismo mercado de capitales local y, dato no menor, quienes estaban apostando por un aluvión de dólares que incrementara sus negocios. Más allá de la depuración que tendrá que realizar el mercado después de no lograr el ascenso, en la lista de damnificados están las sociedades de Bolsa de la city porteña que más trading tienen con los papeles locales. Allaria Ledesma & Cía., Rosario Valores S.A., Balanz Capital Valores, Capital Markets Argentina, Banco Santander Río, Raymond James Argentina, S.B.S Trading, Invertir en Bolsa S.A. y Alchemy Valores son los principales players de las acciones argentinas según el ranking de agentes del Mercado de Valores.

Estos grandes jugadores esperaban el ingreso de mucho dinero a la plaza. Se llegó a hablar de un flujo de US$ 1.400 millones. De hecho, la burbuja que se generó con la acción de BYMA respondía en particular al crecimiento exponencial que iba a tener el mercado local por el regreso al mercado emergente. Todo eso se pinchó. Y ahora, a recalcular y esperar hasta el 2018.

Los especialistas no creen se haya terminado la “calecita de la felicidad” con las acciones. Después de acumular subas superiores al 30% y en dólares en los primeros meses del año, el Merval podría estar más selectivo ante la obvia y necesaria “depuración” tras la desilusión. Pero dicen los que saben que en el mediano plazo no cambian los fundamentals de las empresas y que, por eso, hay todavía margen para seguir apostando. “Más que al MSCI le temo a la campaña. Eso puede amplificar el miedo a una vuelta al pasado, algo que todavía no se pricea en los activos”, indicaba un experimentado trader.

Polémica “Toto”

En el discurso ante la adversidad, el Ejecutivo tira para el mismo lado. Luis “Toto” Caputo recientemente salió a decir algo incomprobable: que los inversores apoyan el gradualismo oficial y por eso le compran bonos. Se sumó así a explicar el fiasco con el MSCI y Argentina. Lo cierto es que el dinero va donde haya alta renta y Argentina, en el mercado, es un pagador de tasas altas en comparación con pares de la región. La emisión a cien años que realizó en forma relámpago y tentado por los bancos colocadores (Citi y HSBC) trajo polémica, algo que no pueden creen en el entorno de Caputo. No sólo la oposición -algo entendible en campaña- salió a pegarle al funcionario más productivo de Macri sino que varios economistas -incluso afines políticamente a Cambiemos- mostraron dudas.

Por lo bajo, este grupo de profesionales no se sumó mediáticamente al show de los economistas K que chicaneaban con la “hipoteca” de la deuda. Pero sí, en conversaciones privadas, dicen que el costo de la operación no está muy justificado. “No se entiende la necesidad de pagar 8% y lanzar un bono a cien años. Podrían haber esperado a que la economía anduviera mejor en los próximos años para hacer esa colocación testigo. Por el monto que recaudaron podrían haberlo hecho a 10 años y hubieran pagado bastante menos”, explicaba el gerente de un banco privado, claramente encolumnado con este Gobierno, pero que esta vez reprochó el timing de Caputo.

¿Habrá tenido algo que ver la cercanía de la campaña? Algunos creen que sí. Y dicen que el ministro pensó que iba a ser un hito que Argentina colocara ese bono, algo que podría haber capitalizado el oficialismo. Pero no salió así. De todas formas, el Ejecutivo dejó en claro que el tema electoral es algo a tener en cuenta no sólo para ellos, sino para los inversores. En el prospecto de emisión del “century bond”, el Gobierno dejó por escrito algunos riesgos que perciben hacia adelante. “El aumento de la incertidumbre producto de las próximas elecciones podría afectar negativamente a la economía argentina”, dice -en forma directa- el documento oficial. “Si la agenda de la administración (Mauricio) Macri no puede ser implementada con éxito -incluso como resultado de la falta de apoyo político de los partidos de oposición en el Congreso-, el resultado puede debilitar la confianza y afectar negativamente a la economía y la situación financiera de Argentina”, alertan en el paper de 290 páginas que circula en el mercado.

¿Golpe a la campaña K?

No pasó desapercibido para los hombres de negocios la guerra que desató el Gobierno contra el zar de La Salada. Más allá de haberle secuestrado $ 11 millones y haberle encontrado nueve cajas fuertes ocultas, para algunos esta movida tiene un significado más político que simplemente la detención de un personaje controvertido y un tanto oscuro. “Le pegaron a una caja que podía utilizar el kirchnersimo para la campaña”, decía en voz alta un empresario que conoció a Jorge Castillo, el administrador de La Salada.

Según lo que se interpreta en algunos ámbitos empresariales, el timing del arrinconamiento tiene que ver con el desvío de fondos -siempre no claros- de “esta clase de personajes” hacia la política. “Es un hombre (Castillo) amparado por Guillermo Moreno. Son amigos y tienen vínculos muy claros”, sumó el empresario. Tanto es así que Moreno llevó a gente de Castillo en la comitiva de empresarios que viajó con Cristina Kirchner a una gira de negocios por Angola en 2012. “Yo creo que el Gobierno sabía o intuía que desde La Salada podía salir guita para la campaña del kirchnerismo y quisieron cortar esa canal”, aventuró el empresario.

Leandro Gabin

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