Domingo, 21 Enero 2018 00:00

Todos unidos ¿triunfaremos? - La herencia peronista

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En cualquier país con dos dedos de frente (que no es este) el peronismo tal como lo conocemos, no subsistiría dos minutos.

 

La mezcla ideológica que alberga los convierte en inviables. En su seno coexisten el agua y el aceite, los perros y los gatos, las palomas y los gavilanes como si tal cosa.

El peronismo, gracias a su laxitud ideológica (el Pocho dijo de todo en su larga existencia) y el amplio paraguas que ofrecía para la cohabitación indecorosa de troskistas trasnochados (que soñaban con tomar el Palacio de Invierno), conservadores metamorfoseados (que como gatopardistas querían que todo cambiara para seguir igual), sindicalistas enriquecidos y algún que otro nacionalista despistado, le dio largas a esta muerte anunciada.

La imagen de San Perón y Santa Evita los protegía desde el cielo descamisado. Mientras ganaran elecciones (esa era la argamasa del partido) todo estaba bien, todo se podía negociar, todo se podía debatir… siempre que triunfara la opinión del que había sido exitoso en las urnas. Pero cuando aparece la peor pesadilla, el drama inconmensurable, la bestia impensada: la derrota. Entonces todos se echan la culpa y la coexistencia se hace más difícil cuando no imposible. El factor aglutinante se diluye al perder una elección. Ya no todos entran bajo el mismo paraguas… pero todos quieren quedarse con el paraguas, y la mística y la imaginería. Las distintas facciones se pelean por recibir la herencia donde brilla la joya de la abuela: el folklore pirucho.

Es muy curioso como el peronismo ha sabido valerse de esa mística para su construcción histórica, si bien cada movimiento político construye un relato épico que no siempre coincidió con los hechos reales. Los conservadores son los custodios de las tradiciones nacionales, los radicales se doblan pero no se rompen, los socialistas son impolutos, los comunistas sostienen que Lenin era un santo de la Revolución y no el Robespiere ruso. El Duce y Hitler fueron los maestros del discurso político ambivalente para alimentar a las masas y justificar atrocidades. Curiosamente el peronismo es el único supérstite exitoso del fascismo europeo, de allí que hay estudiosos de todo el mundo (Loris Zanatta, Raanan Rein, Louise Doyon, Lucien Duquene, Mark Falcoff, Gino Germani, Richard Gillespie) que analizan este fenómeno.

Perón reprodujo el modelo de prensa fascista de mano de Apold (discípulo de la mecánica Goebbeliana) y multiplicó el modelo de difusión masiva, callando a su vez la oposición y repartiendo el dinero que se había atesorado durante la guerra: ¡La plata es para gastar… y él la gastó!

El fanatismo, gracias a la desmemoria que acarrea, cura las afrentas. Perón reprimió al Partido Comunista y hoy la Izquierda se pega al peronismo. Perón reprimió a la Iglesia y ahora muchos curas enarbolan su dialéctica (¿Tiene dialéctica el peronismo?).

En los tiempos de Perón se asesinaron a sacerdotes (Carlos Mujica, el más notorio) y sin embargo hay curas que aseguran que la doctrina social de la Iglesia y el peronismo son afines. ¿Acaso Cristo predicó el odio?

Es muy curioso que si uno pasa las grabaciones del general enumerando sus odios e instigando a la represión (el 5 x 1, el alambre para enfardar y otros preciosismos democráticos) los jóvenes se asombran de la agresividad desplegada. (¡Pero yo pensé que el general era bueno! dicen compungidos. Ninguno se acuerda que Perón avaló el funcionamiento de la Triple A con su adlátere, el inefable Lopecito a la cabeza).

A pesar de todas sus contradicciones (o quizás por las mismas contradicciones) el peronismo había logrado sobrevivir y hasta multiplicarse (las victorias electorales crean amistades). Ahora se debate en terapia intensiva.

La encargada de la eutanasia tiene nombre y apellido: Cristina Elizabet Fernández de Kirchner. Ella fue, con su fundamentalismo, la que rompió los débiles vínculos del Justicialismo al polarizar su discurso. Lo que no había podido hacer Evita, lo hizo Cristina. Ella fue la responsable de radicalizar el discurso y llevar al país al caos económico que nos dejó, valiéndose de un descerebrado marxista que no puede llevar las cuentas de un kiosko.

Ella fue la arquitecta egipcia de la corrupción.

Ella fue la artífice de la derrota, enceguecida por la soberbia “del eterno retorno”. Hasta fustigó la memoria del general enarbolando a Cámpora como líder del movimiento, cuando el Tío solo era un pobre sacamuelas sin otro mérito más destacado que la obsecuencia.

Ahora, acorralada sigue yendo por todo, o lo poco que está a su alcance. Se valdrá de su discurso de izquierda que los troskos reciben con brazos abiertos, fieles a su consigna: cuanto peor, mejor. Ellos serán su ariete.

Cristina agitará los fantasmas de la violencia política, tratará de ganar la calle valiéndose de sus fanáticos rentados y si hace falta, se tomará un chofitol, se desinfectará prolijamente con alcohol en gel y estará pronta a abrazarse a su, hasta ayer, archienemigo, Hugo Moyano.

“Todos unidos triunfaremos” dice la marchita. ¿A quién le quedará el altar de Santa Evita? ¿Quién conservará el “Viva Perón” como símbolo de resistencia? ¿Quién será el dueño de la marcha después del desguace del peronismo? A unos le tocará “el grito de corazón…” Y a otros “combatir al capital”.  

   

Omar López Mato 
Médico y escritor  
Su último libro es FIERITA - Una historia de la marginalidad  
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