Domingo, 22 Julio 2018 00:00

Los males del gradualismo legal

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El problema sigue siendo una justicia sesgada, pusilánime y paquidérmica que está más atenta al devenir político que al cumplimiento de sus principios.

 

Hoy discutimos en Argentina si la culpa de esta crisis se debió al gradualismo en los cambios económicos que se debían obrar y los supuestos beneficios de una política de shock que hoy se deberá realizar de la mano del FMI.

La hiperreactividad de los mercados no nos debería sorprender en un país de “perros vapuleados” como somos los argentinos en materia económica. Tras sesenta años de golpes y barquinazos ante la mínima posibilidad de un coscorrón salimos corriendo, con la cola entre las patas, al único refugio que conocemos: el dólar, que (le guste creerlo o no) está recuperando su paridad con un peso devaluado por la inflación.

Los argentinos centramos todas nuestras expectativas en la parte económica, y esto es especialmente verdad en la atribulada clase media (la que con su voto consagró a Cambiemos) que se aferra a las pocas gratificaciones que aspira: el auto, la casa propia, las prepagas, las vacaciones, etc. Para mantener sus pocos privilegios se vuelca masivamente al dólar como una tabla salvadora a fin de sortear esta crisis, parecida a las que periódicamente nos hostigan desde hace sesenta años.

Atemperada la fiebre mundialista por los baldazos de agua fría que las inconsistencias de Sampaoli nos regaló (un típico kirchnerista, improvisado, inconsistente y de una ética ausente), el tema predominante vuelve a ser el dólar y la delicada situación que atravesamos.

Si algo debo confesar que me preocupa mucho más que los percances económicos que nos afectan (y sabíamos que iban a acontecer, de una forma u otra), es el gradualismo judicial que nos infesta. Nadie, sí. ¡Nadie! puede saber qué hubiese pasado si se aplicaban en los primeros meses de 2016 una política de shock como muchos propusieron entonces, y ahora recriminan como un pecado capital.

Entonces el oficialismo no tenía mayoría propia. ¿Cómo convencer a la oposición de un ajuste feroz? ¿Se lo hubiese tolerado? ¿Hoy estaríamos mejor?

¿Hubiésemos sufrido una conflictiva situación social? ¿Quién sabe? Esto es historia contra fáctica.

Hoy, además de la ansiedad creada por esta desprolijidad económica (llamémosla así a esta mezcla de retiro de 150.000 millones de dólares de la Fed, subestimación de los efectos de la devaluación, el incumplimiento de metas exigentes para paliar la inflación y obviamente los problemas heredados), nos hemos sumergido en un clima de desconfianza, porque el gobierno no supo, no quiso o no pudo (síntesis alfonsinista) comunicar la envergadura del pandemonio, secundario al desmanejo y la corrupción.

El actual gobierno no difundió con precisión y contundencia los horrores del latrocinio K. No los expuso con crudeza ni hizo que la sociedad exigiese a los jueces salir de su comodidad burocrática para generar un shock de confianza en la población, un mensaje claro de que habíamos llegado a la “Tolerancia Cero”.

Hoy, el argentino medio siente que en estos dos años poco se avanzó en beneficios económicos (no entiende ni quiere entender que hoy estaríamos como Venezuela) pero también (y mucho peor) siente que los corruptos quedan impunes, sus delitos minimizados o justificados por vericuetos políticos que ensalzan una gestión signada por el despilfarro, cuyas consecuencias habíamos anticipado desde años ha, cuando todo se gastaba en “minas y champagne”.

No sé si el gobierno falló en el gradualismo económico, pero seguramente al no crear la debida conciencia en la sociedad de los males heredados, ni reclamar por todos los medios que dichos delitos no queden impunes, terminó, a los ojos de muchos, avalando el desorden y perpetuando los vicios de un Poder Judicial, lento, torpe y venal.

Si bien se difundió “El Estado del Estado”, que a lo largo de 223 páginas desgrana lo acontecido, el texto solo fue leído por una minoría. ¿No hubiese correspondido hacer una cadena nacional, como la que hizo Frondizi el 1ero. de mayo de 1958, aclarando la situación heredada? De boca del presidente todo tiene más contundencia.

Si no querían mostrar al mundo la trama perversa de un país para no espantar a los inversores (o como dieron en llamarlos poéticamente “los brotes verdes”), terminamos en el peor de los mundos, sin el pan y sin la torta, es decir, sin las inversiones y con un grupo de impresentables desgarrándose las vestiduras como mártires de la democracia y el progreso.

Querer tener como opositor a Cristina para asegurarse resultados electorales reviste una falta de ética, ya que antepone la conveniencia política a la justicia –un mal arraigado en nuestra idiosincrasia–.

Tampoco se sancionaron las malas praxis, como corresponde a cualquier profesional: 5.000 millones de dólares de la expropiación de YPF, 9.000 millones del Club de París, 4.000 millones del dólar futuro, 16.000 millones de Holdouts, 3.000 millones del juicio por YPF; todas estas cifras, en dólares, por supuesto. No fue un “error”, estas barbaridades fueron hechas a sabiendas, con dolo, con mala leche. ¡Y todavía Kicillof quiere dar clases de economía!!!

Al final de cuentas, el mensaje no terminó siendo muy edificante: los males no se sancionan y las denuncias quedaron como cáscaras huecas, torpes anuncios sin consistencia, manotazos al aire que a poco llegaron. Así no se cambia nada...

Esta semana tomamos coincidencia que solo el 2 % de las denuncias de corrupción llegan a juicio oral. Causas como la famosa “ruta del dinero K”, que tantas horas de televisión y ríos de tinta generaron, pueden prescribir por el paso de quelonio de nuestros jueces.

¿Qué más hubiesen querido los inversores que saber que ponían la plata en un país que sanciona delitos y a los malos funcionarios, que tiene una Justicia que funciona en tiempo y forma, que ofrece algún tipo de seguridad a las personas que viven, trabajan y ponen su dinero en nuestro país? Gran parte de la desconfianza de los inversores en el país es la posibilidad latente que el kirchnerismo vuelva; si los funcionarios corruptos estuviesen presos, esa desconfianza se reduciría y habría más posibilidades de que algún inversor se aventure a apostar unos mangos en el país.

El caso Odebrecht en América Latina llevó a juicio a cinco presidentes y acá ¿recién empieza? En Brasil y Perú, sobre todo en Perú, las inversiones siguen llegando… y acá debimos armar una timba financiera para que vinieran, tomaran sus ganancias y se fueran cuando aparecía una opción mejor o más segura… pero de inversión productiva, nada.

Obviamente, debe respetarse una división de poderes como en todo sistema republicano, pero también existen mecanismos lícitos para mostrar a la población el mal funcionamiento, la desidia o la arbitrariedad de cada uno de dichos poderes. Y en el caso del Poder Judicial se usó con cuenta gotas: Oyarbide sigue bailando

¿Cuántos otros jueces merecían juicio político? ¿Y, qué pasó? Unos pocos pasaron a retiro y siguen gozando de sus jugosas jubilaciones.

¿Cuántos problemas económicos que atraviesa nuestro país se alivianarían si se sancionara la Ley de Extinción de dominio, y el dinero robado al Estado regresara al Tesoro? Pero esa ley sigue durmiendo, y el senador Pichetto vela su sueño.

La aceleración de las correcciones de la economía, deben acompañarse de una corrección de los vicios del sistema judicial porque sin la sanción y enmienda de los excesos cometidos no habrá cambios significativos en nuestras instituciones ni en el país.

Omar López Mato  
Médico y escritor  
Su último libro es FIERITA - Una historia de la marginalidad
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