Domingo, 23 Septiembre 2018 00:00

Sobre la tumba de Adam Smith

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Soy de los que cuando llega a una ciudad que no conoce, lo primero que hace es visitar el cementerio. Edimburgo tiene varios cementerios con historias tétricas, como las de Burke y Hare (Socios con nombre de multinacional, que pegaron el salto empresarial de desenterrar cadáveres al de asesinos seriales con poca fortuna), y otras más tiernas, como las del perrito que por años cuidó la tumba de su amo (aunque los más escépticos digan que lo hizo para comerse sus restos mortales).

 

En el cementerio de Canongate está enterrado Adam Smith, y me vi obligado visitarlo con mucha culpa porque antes había visto la tumba de Marx y su familia en Highgate, Londres, aunque mi afinidad ideológica se acerque más a la del escocés.

 



 

País difícil, de clima hostil, colinas escarpadas, pocas tierras fértiles y habitado por individuos de espíritu belicoso (carne de cañón para los ingleses), no resulta extraño que, de esta Atenas del norte, que brilló en ciencias, arte y medicina surgiese la filosofía política que dio lugar al capitalismo occidental y a la mayor creación de riquezas de en la historia de la humanidad.

Smith se consideraba un filósofo moral y como tal, valoraba al mundo desde un empirismo que había aprendido de su amigo David Hume (enterrado a pocas cuadras de distancia, también en Edimburgo).

Sobre la tumba de Adam Smith es inevitable pensar sobre el liberalismo y la mala prensa que ha tenido en nuestro país.

En realidad, las políticas liberales como tales, nunca se han aplicado en Argentina a lo largo de los últimos 80 años. La política del ministro Cavallo atada al uno a uno, no era liberal justamente por este nexo. Que a la larga la intención era liberar la economía, quedó en el tintero porque el cambio requería tiempo y dinero, y en el país no existía el consenso para modificar una estructura perniciosa, estrafalaria y corrupta que se acentuó después de la crisis del 2001.

Charles de Gaulle, decía que era muy difícil gobernar un país donde había 3.000 tipos de quesos diferentes. En nuestro caso tenemos más de 3.000 sindicatos. ¿Puede gobernarse con éxito un país con esta estructura?

En “La riqueza de las Naciones”, Smith formula sus teorías sobre el comercio internacional y los costos de producción, que obviamente en un país con nuestra larga tradición estatista, es muy difícil de destrabar. El ministro Cavallo empezó atando nuestra moneda al dólar con la intención de liberarla paulatinamente, como esto no se pudo hacer y tampoco se logró la eliminación de esta estructura perversa que no quería perder sus prerrogativas, estaba destinado al fracaso, más cuando el gobierno de De la Rúa no contó con el apoyo del Fondo en su momento más dramático.

En este gobierno del presidente Mauricio Macri se optó por liberar el dólar de entrada, aunque se dejaron de lado políticas de shock por el supuesto costo social… Tampoco ahora se logró desarmar el nudo gordiano de estructuras hipertrofiadas de asistencialismo que caracterizaron nuestra política estatista y prebendarias del país.

Las opciones que se abren ante la presente crisis no son muchas.

Si se vuelve atrás, a políticas populistas, estamos condenados al fracaso venezolano/cubano (en última instancia, la aspiración de la patria montonera). Treinta y cinco por ciento de pobres será poco en comparación a lo que podrá venir.

Si continuamos con un modelo de kirchnerismo atenuado, sin plan concreto y endeudados cada vez más, nadie (y especialmente “los mercados”, la conocida mano invisible) confía que sea el mejor camino para salir de esta crisis y hasta con posibilidades de complicar la gestión política.

Si avanzamos por la política pro mercado de Adam Smith, la deuda contraída podrá diluirse gracias al crecimiento económico que tiene años de estancamiento.

En caso de dolarizar la economía sin mejorar nuestra idiosincrasia estatista es el camino directo a convertirnos en defaulteadores crónicos, por nuestro altísimo costo interno y escasa competitividad.

El presidente Macri desde el inicio eligió la opción de endeudarse.

Era la única opción que él veía. Lo hizo buscando fondos en el mercado internacional, pero no pudo cambiar la pesada estructura, dejó que el dólar se estancara y cambió las leyes del juego aplicando impuestos distorsivos (como el de los activos financieros), rompiendo así el vínculo de confianza. Su idea era que el crecimiento del país diluiría la deuda. Se olvidó de estimular la inversión con políticas acordes.

Nadie invierte para pagar más impuestos.

El FMI salió al rescate, pero obviamente a un alcohólico crónico le ha pedido que se aleje de la botella. ¿Lograremos hacerlo? ¿Podremos convertirnos en exportadores y productores para que nuestro PBI crezca y así afrontar los gastos de esta deuda? Pues espantando la inversión con impuestos no parece ser la mejor forma, aunque hasta ahora no hay un plan… y si lo hubiera ¿se cumpliría?

Sobre la tumba de Adam Smith, lo único que me viene a la cabeza es esa canción de Lloyd Weber que dice: “No llores por mí, Argentina”.

Omar López Mato  
Médico y escritor  
Su último libro es El general y el almirante - Historia de la conflictiva relación entre José de San Martín y Thomas Cochrane
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