Domingo, 14 Octubre 2018 00:00

Basta la salud: Mitos y leyendas de la clase media

Escrito por 
Valora este artículo
(4 votos)

 

La clase media es la hija dilecta de la Revolución Industrial. Antes de este fenómeno solo existía el campesinado y los terratenientes, apenas una pequeña burguesía comercial se esbozaba en las grandes ciudades. La distribución de las riquezas por el auge industrial permitió que profesionales, artesanos, comerciantes y prestadores de servicios se elevaran sobre el proletariado, constituyendo un grupo con una idiosincrasia propia que varía de país en país.

 

En Argentina, esta clase media fue hija de la inmigración que trajo sus costumbres e ideales de sus países de origen. Aquí se mezclaron, dando origen al “crisol de razas”, una extraña mezcla de tanos y gallegos con rusos, criollos y franceses, “los descendientes de los barcos”, que no siempre quemaron sus naves y mantuvieron vínculos con sus países de origen a punto tal que sus nietos se valieron de dichos documentos para mantener una doble nacionalidad o volver a emigrar cuando las cosas se complicaban o ante la imposibilidad de “fare l’América”.

En el caso de Argentina, la inmigración fue desproporcionada. Al principio del siglo XX, la tercera parte de los habitantes del país eran extranjeros. En Buenos Aires más de la mitad de la población no era nativa. Este fenómeno creó ventajas e inconvenientes, con un nacionalismo a veces acendrado y por otro lado, una desaprensión y tendencia a la falta de compromiso hacia este país, que les había concedido su posibilidad de progreso.

En Argentina las tradiciones se fusionaron y las milanesas se mezclaron con las tortillas, y la crema beauchamel con los chorizos.

El hambre de nuestros ancestros se convirtió en la obsesión de los inmigrantes, el “magia qui fa bene”. Los asados y los ravioles (en exceso) nos han convertido en un país con tendencia a la obesidad, a los accidentes cerebrovasculares y a la diabetes.

Las madres tenían la costumbre de atiborrar a sus hijos para tiempos de escases como habían vivido por los últimos mil años en sus países de origen, siempre amenazados por las guerras, pestes o hambrunas. Dada esta perspectiva, lucir algunos rollitos de más, no estaba mal visto, ya que otorgaba ciertos aires de bonanza burguesa.

Un gran atractivo para la incipiente clase media de origen trabajador fue que en este país regalaba educación y con algo de perseverancia (y algún coscorrón, porque eso de que “la letra con sangre entra”) se podía aspirar a “m’hijo, el dotor”, (como dicta la obra de Florencio Sánchez). Siglos de abuelos analfabetos concluían en estos jóvenes, que gracias a la generosidad de un país adoptivo podían acceder al ansiado título, orgullo de padres que se habían deslomado para llevar a su descendencia al podio académico.

Si bien la palabra “dotor” tiene varias aceptaciones, la preferencia, el sumun de las aspiraciones paternales era que sus hijos se dedicasen a la medicina. Esta aspiración dio lugar a una sobreabundancia de profesionales, y creó un país de paradojas, donde tenemos uno de los índices de médicos per cápita más alta del mundo, con una proporción desmedida con respecto a enfermeros (uno por cada cinco médicos), y un porcentaje inusitado de analfabetos (que harían poner los pocos pelos de punta que le quedaban a Sarmiento). Tenemos 100.000 médicos en actividad y un millón de analfabetos, sin incluir a los semianalfabetos.

A pesar de estas cifras, la clase media tiene una medicina cara, ya que la paga cuatro veces: la pública, que sostiene con sus impuestos; la obra social que le descuentan obligatoriamente para mantener a los sindicatos (otro gran invento argentino ¿en qué otro país un sindicalista maneja la salud?); la prepaga, que irrumpió por las falencias de la medicina pública y sindical, y finalmente, la medicina privada, a la que recurren cuando se agotan las demás instancias.

El progresivo deterioro económico del país atenta contra nuestra sufrida clase media, la primera en formarse en América Latina.

El plano inclinado de la economía la va desplazando, aunque ésta luche denodadamente para mantener sus prerrogativas: automóvil, casa en el country o en la costa, la educación universitaria de sus hijos y la posibilidad de viajar (ya que recorrer el mundo o volver a sus lugares de origen, es un constante tema de conversación en las reuniones sociales… parece que solo vivieran cuando viajan).

Entre las ambiciones de este grupo está la opción a una cobertura médica que se va convirtiendo en inaccesible, por los costos que no solo se disparan por la progresiva complejidad del arte de curar, sino por una hipertrofia del sistema, el desorden burocrático, la superposición de funciones y la falta de políticas realistas que regulen las prácticas de la medicina en nuestro país.

La clase media es el elemento activo de la sociedad, su motor, la que lucha para estar mejor, con sus fallas y errores, con sus vicios y virtudes, con costumbres e ideales que trasmite de generación en generación, aunque cada tanto se replantee los cambios necesarios para sobrevivir.

  

Omar López Mato
Médico y escritor  
Su último libro es El general y el almirante - Historia de la conflictiva relación entre José de San Martín y Thomas Cochrane
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
www.facebook.com/olmoediciones  

Gentileza de www.olmoediciones.com para 

Visto 569 veces

Fundado el 4 de agosto de 2003

Top
We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…