Domingo, 02 Junio 2019 00:00

La Loba

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Disfrazada de oveja, tras el bigote de Alberto Fernández, Cristina sabe que es menester ser sigilosa e impredecible como una loba al acecho.

 

Dejó atrás a sus seguidores más vehementes y eligió al más “crítico” de sus adláteres, porque la loba que ataca al rebaño se esconde tras el carnero más inocente. Con esta maniobra, Cristina pretende despistar a los adversarios y mostrar su lado más market friendly antes de dar el zarpazo. De elegir a un secuaz más extremista, denunciaría su juego antes de tiempo. A. F. pretende atraer a los irresolutos en una sociedad decepcionada por la recesión económica, aunque todos sepan (en sus fueros íntimos) que la actual coyuntura es la secuela de las bombas sembradas oportunamente para que estallasen en manos de Macri o Scioli.

Con Scioli, Cristina no hubiese tenido que transitar por el calvario judicial que mantiene a su hija en el limbo cubano. A esta altura Scioli seguramente hubiese cedido la banda presidencial al chino, para que este cumpliese su sueño maoísta.

En cambio, Macri le devuelve un país con cloacas y los haberes del blanqueo, perfecto para darse una panzada de distribucionismo. Quizás, y solo quizás, a esta altura de su vida, Cristina preferiría sentarse en “su lugar en el mundo” a tejer escarpines para sus nietos, pero la vida es cruel y las cuentas acumuladas y los juicios que se suceden, la obligan a continuar peleando por su existencia y la de su familia. A tal fin. Alberto continuará haciendo el trabajo sucio. Con tal de lucir la banda presidencial, se desdice, miente, se hace el sorprendido y mantiene su rigidez facial a prueba de archivos.

De hacerse del gobierno, Cristina logrará sacarse de encima la soga de la Justicia (mediante el indulto de A. F.) y después que el novel presidente intente algún tipo de arreglo con las finanzas mundiales –intento condenado al fracaso, tendrá la excusa perfecta para abrir el manual del “castrista-montonero setentista” a fin de generar un nuevo híbrido: el chavismo gauchezco de impredecibles consecuencias.

Primero cambiará la Constitución, anulando el Poder Judicial, cuyos integrantes, curiosamente, serán sus primeras víctimas a pesar de sus promesas de amor eterno y del fallido intento de los bufones de la corte de asistirla en su carrera hacia la impunidad, Cristina se encargará que no exista el menor atisbo de Justicia que pueda perseguirla por los desmanes realizados, y los que está dispuesta a realizar. Solo subsistirá la venganza de la mujer del látigo. Como Fidel, como Chávez y Maduro, construirá las bases de un cristinismo eterno para evitar su peregrinación por Comodoro Py y adyacencias. Ya lo hizo con el Ejército; con nuestro alicaído sistema judicial quizás es más fácil por su proverbial inoperancia.

Con los F. y F. solo nos espera default, aislamiento, confiscaciones y el apoyo de Rusia y China, ansiosos por recibir nuestros commodities. Van a jibarizar la industria nacional y la capacidad productiva del país, proceso que ya habían comenzado a realizar en el 2008, siguiendo el sueño del guevarismo trasnochado que inspiró a los muchachos de los ’70. ¿Cómo puede un ministro que firmó la bazofia de Aerolíneas, YPF y el Club de París abrir siquiera la boca o postularse a gobernador de la provincia más importante de la Argentina?

¿Qué ambiciones oscuras, qué ansias de poder enfermizo empuja a estos personajes a desdecirse en forma tan vergonzosa? ¡Ayer chorra, hoy, estadista! Que falta de pudor, ¿cómo pueden mirarse la cara al espejo sin sentir asco?

Aún nos asiste la esperanza que a último momento pueda un rayo de inteligencia, alumbrar al pueblo argentino y que no repitamos errores ni volvamos al camporismo ni al gelbarismo (que se ha puesto de moda entre algunos pánfilos que no sufrieron las ridículas medidas de este mercachifle devenido en Ministro de Economía). De vencer, Macri debería dejar de lado el gradualismo para encaminar la economía. ¿Tendrá el poder para domar a los sindicatos, hacer las correcciones en el sistema jubilatorio y desarmar la hipertrofia estatal a fin de corregir las variables económicas? ¿O seguiremos navegando entre aguas tormentosas esperando la soja de 600 dólares o un milagro que facilite dichos cambios?

De cualquier forma, el futuro de la Argentina es muy lejano al Argentina Potencia que algunos soñaron en cierto momento de nuestra historia. Todos deberemos entender que Dios ha dejado de ser argentino.

Omar López Mato
Médico y escritor  
Su último libro es El general y el almirante - Historia de la conflictiva relación entre José de San Martín y Thomas Cochrane
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