Martes, 01 Octubre 2019 00:00

Trump pidió ayuda a Australia para su contrainvestigación del Rusiagate

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La Casa Blanca y el fiscal general pretenden demostrar que todo fue una trampa de los demócratas.

Lo mejor está probablemente todavía por llegar en el pulso abierto entre la Casa Blanca y el Congreso de Estados Unidos a raíz de la apertura de una investigación para el impeachment del presidente, Donald Trump, motivada por las revelaciones sobre sus presiones a Ucrania para que la justicia de este país le ayudara a buscar basura política sobre sus rivales políticos.

El Departamento de Justicia, en estrecha colaboración con la Casa Blanca, ha intensificado sus pesquisas sobre los orígenes de la investigación de contraespionaje abierta en el 2016, los últimos meses de la administración de Obama, en plena campaña electoral, con el fin de demostrar que todo fue una trampa de los demócratas.

Hoy se ha sabido que el presidente también pidió ayuda al primer ministro de Australia, Scott Morrison, aunque en este caso no para pedirle que indagara sobre rumores varios nunca sustanciados sobre al ex vicepresidente Joe Biden, y las elecciones del 2016, como hizo con Kíev en julio, sino para pedirle que su gobierno colabore con la investigación ya abierta por el Departamento de Justicia sobre el Rusiagate.

El detalle es relevante porque la demanda del presidente es justificable en el marco de la normal cooperación judicial entre los dos países pero deja en un lugar comprometido al fiscal general, William Barr, por la porosidad de las barreras institucionales que debería haber entre el Ministerio de Justicia y la Casa Blanca y su estrecha implicación en las pesquisas.

Trump habría pedido ayuda a Australia para desacreditar las conclusiones sobre la injerencia rusa en las elecciones

De acuerdo con The New York Times, que reveló las conversaciones, el presidente estadounidense ha pedido a Morrison que ayude a Barr a obtener informaciones que sirvan a su investigación, que pretende desacreditar las conclusiones sobre la injerencia rusa en las elecciones del 2016. La Casa Blanca --al igual que hizo con la transcripción de la llamada entre Trump y su homólogo ucraniano, Volodymyr Zelenski— restringió el acceso a los registros de la conversación a un grupo de personas más reducido del habitual.

El interés de Washington en Australia estriba en que fue el representante de este país en Londres quien, tras charlar en un bar con un asesor de la campaña de Trump, George Papadopoulos, avisó a la justicia estadounidense de que el joven decía tener basura política sobre Hillary Clinton. Su fuente habría sido un misterioso profesor de origen maltés con lazos con Rusia, Joseph Mifsud, que está en paradero desconocido desde hace unos dos años.

Aquel chivatazo, sumado al asalto informático al servidor del Comité Nacional Demócrata, llevaron al FBI a abrir una operación sobre los intentos de Rusia de injerir en las elecciones y sus contactos con la campaña de Trump, pesquisas que luego fueron continuadas por el fiscal especial Robert Mueller. El presidente sostiene que todo fue una operación ideada por las cloacas del estado con fines partidistas para perjudicarle. De acuerdo con esta teoría, Misuf sería un agente de alguna agencia de Inteligencia occidental colocado para tender una trampa a Papadopoulos.

El Departamento de Justicia ha confirmado que en las últimas semanas Barr ha pedido al presidente que le ponga en contacto con funcionarios extranjeros de “varios países” que puedan facilitar sus pesquisas. Su reciente viaje a Italia estaba relacionado con esta contrainvestigación.

Las revelaciones se han producido esta madrugada, prácticamente al mismo tiempo que el secretario de Estado, Mike Pompeo, emprendía un viaje de una semana a Europa con un sorprendente invitado a bordo de su avión: Sebastian Gorka, un controvertido asesor de política antiterrorista cercano a los círculos de la extrema derecha estadounidense que fue despedido a los siete meses de comenzar la presidencia Trump por su exjefe de gabinete, el general John Kelly. Gorka, cercano a Steve Bannon, también caído en desgracia por las mismas fechas, es un defensor de la línea más dura del trumpismo y conocido aficionado a las teorías conspirativas.

El diario The Wall Street Journal ha revelado hoy que Pompeo estaba entre las personas que escucharon la conversación entre Trump y Zelenski. La noticia aumentará el escrutinio del Congreso sobre el papel del Departamento de Estado en las maniobras ucranianas de Trump, que también citó en repetidas ocasiones a Barr entre las personas que se pedía a Kíev contactar para responder a las peticiones de la Casa Blanca. Rudy Giuliani, el abogado personal de Trump, asegura que todas las gestiones que hizo sobre el tema fue en coordinación con la diplomacia estadounidense.

Beatriz Navarro

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