Martes, 22 Octubre 2019 00:00

Cómo se movieron los salarios y los precios desde que se lanzaron los créditos UVA - Por Daniel Sticco

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La Unidad de Valor Adquisitivo de la vivienda nació con base en marzo de 2016, cuando el Gobierno estaba convencido de que bajar la inflación iba a resultar fácil. El riesgo de cambiar de factor de indexación en medio de una etapa recesiva

 

Los mecanismos de actualización del valor de bonos públicos, deudas hipotecarias o depósitos por un índice de precios, o salarios, siempre han fracasado en la Argentina, como recurrentemente ha ocurrido con los frustrados programas económicos que se pensaba que venían para quedarse, pero, en el mejor de los casos, al tercer o cuarto año de vida, no lograron su objetivo y fueron reemplazados por medidas aisladas que lejos estuvieron de corregir los desvíos.

De ahí que no sorprende que después de un período inicial de “desinflación de la economía” como le gustaba decir al ex presidente del Banco Central Federico Sturzenegger, que creía ciegamente en las metas de inflación para estabilizar el sendero de los precios en un rango ideal de un dígito anual bajo, cambió el ciclo, y con el ingreso a una etapa recesiva las remuneraciones empezaron a perder el terreno ganado.

Los créditos hipotecarios actualizados por UVA (Unidad Valor Adquisitivo, que replica la variación del Índice de Precios al Consumidor con 45 días de desfase) fueron lanzados por el gobierno de Mauricio Macri en marzo de 2016 como una opción que permitió a más familias acceder a su vivienda propia porque requería de ingresos más bajos que un crédito tradicional. Pero como el ajuste se realizaba por el índice de inflación (IPC), a partir de 2018 el impacto de las cuotas sobre los salarios de los deudores fue cada vez más alto y obligó a realizar varias modificaciones.

La última fue el congelamiento de los valores de las cuotas, vigente hasta diciembre de 2019, tuvo lugar después de la estampida del tipo de cambio tras el resultado de las PASO, porque aceleró la marcha de la inflación y generaba la expectativa de nuevo aumento de la morosidad en el pago de las cuotas de los créditos hipotecarios, por la severa pérdida de la capacidad de pago de los salarios.

Sin embargo, en el último debate de los candidatos para las elecciones del domingo 27, el presidente Mauricio Macri propuso directamente anular la fórmula de ajuste de estos créditos -que refleja el índice de precios al consumidor y que está expresado en UVA- y reemplazarla por una actualización igual al coeficiente de variación salarial (CVS) del Indec.

En marzo de 2016, la UVA arrancó con un valor de $14,05, que equivalía al costo promedio de construcción de una milésima de un metro cuadrado. Actualmente, el valor de la UVA es $42,48, un 200% más.

Y tras 32 meses de haber corrido detrás de la suba promedio de los salarios que releva mensualmente el Indec, desde septiembre de 2018, con la escalada inflacionaria a 6,5%, tras la corrida cambiaria de agosto que llevó a revisar el acuerdo stand-by con el FMI, el factor de ajuste del UVA que se actualiza con rezago de 45 días, comenzó a tomar la delantera, hasta alcanzar una brecha de más de 10% en junio último, y se atenuó levemente el mes siguiente.

Cambio de índice, pero no necesariamente de ciclo

A partir del congelamiento de cuotas que dispuso el Gobierno para atenuar el impacto de la mayor tasa de inflación sobre los debilitados presupuestos de unos 100 mil titulares de créditos hipotecarios a plazos de 20 y 30 años, ajustables por UVA, se evitó detener la brecha positiva entre la variación de los precios y salarios, y se compensa con un cargo que asume el Estado a favor de las entidades financieras.

Mientras que, de lograr renovar mandato, el presidente Mauricio Macri se comprometió a impulsar un cambio en el factor de actualización de esos créditos por el índice de salarios.

Si bien un cambio de esa naturaleza puede resultar beneficioso para los deudores hipotecarios que tomaron cláusula UVA, porque se lo reemplazará por el CVS, se trataría de una ventaja de corto plazo, excepto que el nuevo Gobierno no logre reanimar la actividad económica, y por tanto la suba de los salarios se mantenga rezagada respecto de la inflación.

De ahí que de sostenerse un régimen de indexación, lo más recomendable en estos casos es optar por una fórmula que promedie al menos esas dos variables, precios y salarios, para que la mayor suba de uno se atenúe con la el menor ritmo del otro, o incluso con una tercera, la suma de la variación del Estimador Mensual de Actividad, de modo de no afectar al deudor hipotecario, ni tampoco a quién lo financia, ni a quien contribuye con la construcción a sostener la oferta de vivienda.

Daniel Sticco  
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